Gráfico con estadísticas de la disminución de homicidios uy alza de robo de autos

Seis criminales al día: Tabasco golpea estructuras y bajan homicidios

En 13 meses, los homicidios dolosos en Tabasco cayeron 43.33%. Detrás de ese número hay una operación sostenida: solo en marzo, las fuerzas de seguridad detuvieron a 178 generadores de violencia, entre ellos 20 objetivos prioritarios —los perfiles que la inteligencia institucional identifica como nodos dentro de las estructuras criminales, no ejecutores de a pie. Cuando bajan los muertos y caen los que mueven el tablero, la correlación deja de ser casualidad.

Lo que cambia no es solo el porcentaje: es la frecuencia. Pasar de 2.82 a 1.65 víctimas diarias modifica la presión cotidiana sobre el territorio, sobre las familias que viven cerca de los puntos calientes, sobre los municipios que cargaban semana tras semana con el peso de los partes policiales. La diferencia entre esos dos números se mide también en velatorios que no ocurrieron.

El comparativo trimestral lo confirma: de 254 a 149 homicidios. Municipios como Teapa, Tacotalpa, Paraíso, Jonuta, Jalapa, Emiliano Zapata y Balancán cerraron marzo sin un solo caso. El mapa no cambió completo —nunca cambia completo de golpe— pero cedió en zonas que antes aparecían con regularidad en los reportes de la fiscalía.

El gobernador Javier May Rodríguez lo atribuyó a la coordinación entre fuerzas estatales y federales. El reto que sigue es el mismo de siempre en estos procesos: que la violencia no encuentre otro municipio donde acomodarse, que la baja en un punto no sea simplemente el desplazamiento hacia otro. Eso es lo que distingue una tendencia real de un reacomodo temporal.

El sistema que empieza a responder

Durante años el punto débil fue el mismo: se detenía, se fichaba, se procesaba en papel, pero el caso no llegaba a ningún lado. El detenido de hoy era el sospechoso libre de la semana siguiente. Esa ecuación —que desgasta instituciones y alimenta la impunidad— empieza a moverse.

910 detenidos en flagrancia y 1,154 vinculaciones a proceso en el periodo son números que señalan algo más que volumen: indican que el sistema ya no suelta tan rápido lo que atrapa. El incremento de 516% en el ámbito federal es el dato más elocuente, porque es precisamente en la coordinación con instancias federales donde Tabasco había mostrado históricamente sus mayores fracturas.

A nivel federal, 129 autos de vinculación y 72 sentencias condenatorias en tres meses. Son cifras que, puestas en contexto, describen una capacidad distinta para sostener casos hasta el final, para convertir una detención en condena y no en trámite. Eso es lo que cierra el ciclo que antes quedaba abierto a la mitad.

Francisco Javier Zúñiga Hernández, titular del SESESP, lo planteó sin adornos: la coordinación entre instituciones, la presencia operativa y la continuidad en las acciones producen resultados, pero la tarea no está concluida. Avance con cautela y sin euforia: esa es la descripción más honesta del momento, y también la más difícil de sostener cuando los números empujan a la autocomplacencia.

Funcionarios estatales y mandos militares en reunión de seguridad en Tabasco 2026
Autoridades estatales, federales y mandos militares en la rueda de prensa semanal del lunes 6 de abril en Palacio de Gobierno, para informar los avances de la estrategia operativa para reducir la incidencia delictiva en la entidad durante 2026.

Presión sobre las estructuras

La reducción de homicidios no ocurre sola. Tiene detrás una presión operativa que dejó de ser dispersa para volverse dirigida: intervenciones que buscan afectar nodos concretos dentro de las redes delictivas, no solo reaccionar al evento cuando ya ocurrió. La FIRT Olmeca y los operativos focalizados son la expresión más visible de ese cambio de lógica.

En marzo se registraron 178 detenidos considerados generadores de violencia y 20 objetivos prioritarios. La diferencia frente a otros momentos no está en la cantidad sino en la selección: se trata de presionar estructuras, no de acumular detenidos para el boletín de prensa. Eso cambia el efecto sobre el terreno, aunque tarde más en hacerse visible en las estadísticas.

El decomiso de hidrocarburos es el indicador más revelador: de 300 litros a casi 160 mil en el periodo. Ese salto no es solo operativo —es financiero. Golpea una fuente de recursos que financia desde movilidad hasta armamento. A eso se suman 92 vehículos asegurados, 68 armas, más de 63 kilogramos de droga y 7,375 dosis, además de 19 inmuebles y 4.5 millones de pesos vinculados a actividades ilícitas.

El decomiso de hidrocarburos lo ilustra mejor que cualquier discurso: de 300 litros a casi 160 mil en el periodo. Ese salto no es solo operativo, es financiero. Golpea una fuente de recursos que financia desde movilidad hasta armamento. Se suman 92 vehículos asegurados, 68 armas, más de 63 kilogramos de droga y 7,375 dosis, además de 19 inmuebles y 4.5 millones de pesos vinculados a actividades ilícitas.

Cuando se afectan recursos, movilidad e infraestructura al mismo tiempo, la violencia no desaparece, pero pierde escala de operación. Se contrae. No es la solución, pero sí una forma de reducir el daño mientras se construyen las condiciones para algo más duradero. En Tabasco, donde las redes delictivas tienen años de arraigo territorial, eso ya es un avance medible.

La apuesta de largo plazo tiene nombre: C-5 Escudo Olmeca. La construcción del centro de inteligencia estatal ya arrancó y representa el salto de la reacción a la anticipación —pasar de responder cuando ocurre el delito a detectarlo antes. En un estado donde la coordinación entre instituciones ha sido históricamente el eslabón más débil, tener una plataforma tecnológica compartida cambia las condiciones de operación para todos los cuerpos involucrados.

Los ajustes que vienen

No todo baja. El robo de vehículo creció 46.42%, de 321 a 470 carpetas en el último corte. Es el número que más incomoda en un balance que de otro modo sería casi impecable, porque afecta a una franja amplia de la población que no vive cerca de los focos de violencia letal pero sí estaciona su carro en la calle todas las noches en Centro, en Cárdenas, en Comalcalco.

Zúñiga Hernández lo dijo sin rodeos: ese incremento obliga a reforzar acciones específicas. La lectura implícita es conocida pero incómoda: cuando la presión operativa se concentra en reducir homicidios y desmantelar estructuras, otros delitos encuentran el espacio que se les cerró en otro lado. La violencia se reacomoda; no siempre desaparece, a veces solo cambia de forma.

El resto del balance apunta en dirección contraria: feminicidio bajó de 4 a 2, secuestro de 8 a 7, extorsión de 65 a 47, robo a casa habitación de 162 a 153, robo a transeúnte de 200 a 103. Son reducciones que, sumadas, describen un entorno menos agresivo para la mayoría de los tabasqueños en su vida cotidiana, aunque el robo de vehículo siga siendo la astilla en el dedo.

La pregunta que deja ese contraste es de gestión: si la estrategia puede ajustarse para contener el robo de autos sin aflojar la presión sobre los homicidios, o si el sistema tiene que elegir dónde concentrar sus recursos porque no alcanza para todo al mismo tiempo. Esa tensión, por ahora, no tiene respuesta pública.

Presencia en territorio

La estrategia de seguridad no se agota en lo operativo. Las Jornadas de Paz acumularon más de 32 mil servicios otorgados y atención directa a más de 11 mil personas en el periodo. No sustituyen la acción policial ni resuelven las causas estructurales de la violencia, pero generan presencia institucional en zonas donde el Estado históricamente llegaba tarde, mal o de uniforme.

El gobernador May Rodríguez lo encuadró en una idea que repite con regularidad: gobernar es moverse, llegar al municipio, pararse frente a la gente y escuchar lo que ningún informe recoge. Esta semana el recorrido incluye Jalapa, Cárdenas y el municipio Centro, con jornadas de atención directa que combinan servicios de salud, trámites y vinculación comunitaria.

La lógica detrás de esa presencia es evitar que los vacíos institucionales sean ocupados por otros actores. En municipios donde la baja de homicidios es reciente y frágil, la ausencia del gobierno no es neutral: genera condiciones para que lo ganado operativamente se pierda por la puerta de atrás. La presencia directa es, en ese sentido, parte de la misma estrategia aunque no tenga uniforme.

Que las jornadas lleguen precisamente a Jalapa —uno de los municipios que cerró marzo sin homicidios— no es un detalle menor. Es la apuesta por consolidar lo que se logró, por convertir una estadística favorable en algo que la gente pueda reconocer en su calle, en su colonia, en la forma en que el mes transcurrió sin que nadie llamara a dar una mala noticia.

El punto donde está Tabasco

Tabasco no salió del problema. Está en una fase distinta dentro de él. Menos homicidios, mayor presión operativa, un sistema judicial que sostiene más casos y una presencia territorial que intenta consolidar lo ganado antes de que se diluya. Ese es el inventario real, sin el optimismo fácil ni el pesimismo de quien no quiere reconocer que algo se movió.

La señal más importante no está en ningún número en particular sino en la combinación: cuando bajan los homicidios, aumentan las vinculaciones, se desmantelan fuentes de financiamiento y el gobierno llega a los municipios al mismo tiempo, eso describe una estrategia con más de una palanca activa. No garantiza nada, pero es distinto a apostar todo a un solo frente.

Hay un número que ninguna institución produce por sí sola: la percepción. El INEGI reportó que la sensación de inseguridad en Villahermosa bajó del 95% al 83.8% al cierre de 2025. Es el movimiento más difícil de lograr, porque la percepción ciudadana no responde a boletines sino a lo que la gente vive en su calle, en su colonia, en el camino al trabajo. Que haya bajado once puntos en un año indica que algo de lo que ocurre en las estadísticas ya se filtra a la experiencia cotidiana.

El robo de vehículo es la advertencia de que el equilibrio es frágil, de que la violencia no se erradica sino que se gestiona, y que gestionar mal un indicador puede deteriorar lo que se construyó en otro. Tabasco tiene ahora un margen que hace un año no tenía. La pregunta es si las instituciones saben qué hacer con él antes de que se cierre.

Ahí se juega lo que viene. No en la cifra de marzo, sino en lo que se haga con ella en abril, en mayo, en los meses donde los números dejan de ser noticia y la atención se va a otra parte. Eso es lo que distingue un avance real de un buen trimestre.

Pero 8 de cada 10 villahermosinos siguen sintiéndose inseguros. Ese número no permite celebración. Permite, en cambio, una lectura más honesta: el avance es real y la deuda también. Tabasco no salió del problema —encontró, por ahora, la dirección correcta.

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