BOGOTÁ.— A diez días de la primera vuelta presidencial, Colombia parece haber entrado en esa zona incómoda donde ganar no basta. Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, encabeza las encuestas, conserva una ventaja amplia y se presenta como heredero natural del ciclo político abierto por Gustavo Petro. Pero el dato central no está solo en el primer lugar: está en el límite. Ninguna medición lo muestra con fuerza suficiente para liquidar la elección el 31 de mayo.
La fotografía es doble y, por eso mismo, más política que aritmética. Una encuesta de Invamer coloca a Cepeda con 44.6%, seguido por Abelardo De La Espriella con 31.6% y Paloma Valencia con 14%. Otra medición, de Guarumo y EcoAnalítica, baja a Cepeda a 37.1%, ubica a De La Espriella en 27.5% y deja a Valencia en 21.7%. No son la misma película, pero sí cuentan el mismo conflicto: la izquierda va adelante; la derecha pelea quién la enfrentará.
El primer dato favorece a Cepeda. El segundo lo previene. En la encuesta de Invamer, el candidato del Pacto Histórico también ganaría una eventual segunda vuelta contra De La Espriella con 52.4% frente a 45.3%, y contra Valencia con 52.8% frente a 44.3%. En cambio, la medición de Guarumo muestra un desenlace opuesto: De La Espriella derrotaría a Cepeda por 3.6 puntos, y Valencia también se impondría en un balotaje con 44.8% frente a 39.9%.
El contraste no es menor. Es la elección entera puesta en duda. Colombia no solo votará entre candidatos. Votará entre continuidad y corrección, entre reformas sociales y orden duro, entre una izquierda que busca conservar el gobierno y una derecha que intenta convertir el rechazo al petrismo en mayoría nacional.

La derecha despierta
El ascenso más visible es el de Abelardo De La Espriella. En Invamer subió 10 puntos porcentuales frente a la medición anterior. En Guarumo, logró separarse de Paloma Valencia y quedó casi 6 puntos arriba de ella. Ese movimiento cambia el tablero. La derecha ya no aparece como un bloque disperso: empieza a mostrar un polo de atracción.
De La Espriella construye su candidatura desde un lenguaje frontal: fin de los diálogos de paz, ofensiva contra grupos armados ilegales, reducción de impuestos, reactivación de hidrocarburos y promesa de mejora en salud, educación y programas sociales. No busca seducir al centro. Busca ordenar a la derecha bajo una consigna simple: seguridad, inversión y ruptura con el ciclo de Petro.
Paloma Valencia, desde el Centro Democrático, comparte buena parte de esa agenda. La diferencia está en la energía de la recta final. La encuesta de Guarumo la muestra todavía con vida: 21.7% no es una cifra menor cuando faltan días, el voto útil empieza a operar y regiones como la Costa y Antioquia pueden mover el pase a segunda vuelta. Pero su problema es de velocidad. Ella resiste; De La Espriella avanza.
El centro, en cambio, se apagó. Sergio Fajardo aparece con 3.2%, Santiago Botero con 1.6% y Claudia López con 1.5%. La política colombiana, que durante años encontró salidas intermedias, llega a esta elección con el centro reducido a testigo. La polarización ya no es una amenaza: es el formato de competencia.
SEGUNDA VUELTA
La derecha aparece arriba en los dos escenarios centrales de balotaje.
Cepeda vs. De la Espriella
Cepeda vs. Valencia
Cepeda y el peso de petro
Iván Cepeda tiene la ventaja de encarnar continuidad, pero carga también con el desgaste del poder. Su oferta es clara: prolongar el llamado “Gobierno del cambio” y profundizar reformas sociales orientadas a reducir pobreza y desigualdad. Esa bandera conserva un piso fuerte. En la encuesta de Guarumo, 32.7% de los consultados dice sentir mayor afinidad con el Pacto Histórico. No es poco después de cuatro años de gobierno.
Pero la continuidad tiene un precio. No basta con defender lo hecho. Debe convencer a quienes no quieren retroceder, pero tampoco desean una segunda etapa sin correcciones. Ahí se juega el tramo final de Cepeda. Su desafío político no es ganar la primera vuelta; es ampliar su techo para la segunda. La izquierda colombiana puede tener base, identidad y relato, pero un balotaje exige algo más duro: conquistar electores prestados.
La encuesta de Guarumo muestra una sociedad ideológicamente inclinada hacia la derecha: 34.2% se declara de derecha, 27.8% de izquierda, 12.6% de centro y 20% sin preferencia política. Ese dato explica por qué Cepeda puede liderar la primera vuelta y, al mismo tiempo, aparecer vulnerable en la segunda. La elección ya no depende solo de quién va adelante, sino de quién genera menos rechazo cuando quedan dos nombres en la boleta.
El voto en blanco también habla. Según Guarumo, cayó de 13% en enero a 6.1% en mayo. Eso significa que los indecisos están tomando partido. En una elección cerrada, esa reducción puede beneficiar al candidato con mayor impulso emocional en la última semana. Y hoy ese impulso parece estar más disputado en la derecha que en la izquierda.
IMPULSO FINAL
De enero a mayo, la derecha crece mientras el voto en blanco se reduce.
Dos encuestas, una alerta
La diferencia entre Invamer y Guarumo no debe leerse como contradicción simple. Debe leerse como advertencia. Invamer retrata a un Cepeda fuerte, estable y competitivo en segunda vuelta. Guarumo retrata a un Cepeda líder, pero vulnerable ante una derecha que podría unificarse mejor en el balotaje. Ambas mediciones coinciden en lo esencial: no hay primera vuelta resuelta.
La metodología también importa. Invamer reportó 3,800 entrevistas personales y margen de error de más/menos 3%. Guarumo y EcoAnalítica aplicaron 3,787 encuestas presenciales entre el 11 y el 19 de mayo de 2026, en 85 municipios, con margen de error global de 2.2% y confianza de 95%. Son mediciones robustas, pero no oráculos. Miden estados de ánimo. No sustituyen urnas.
El dato social de fondo es más severo: 41.4 millones de colombianos están habilitados para votar. El próximo presidente no solo recibirá un país polarizado; recibirá un mandato condicionado por la segunda vuelta. Si gana la izquierda, tendrá que demostrar que la continuidad puede corregirse. Si gana la derecha, tendrá que probar que el orden no significa ruptura social ni revancha.
Colombia llega al 31 de mayo con una certeza y una pregunta. La certeza: Iván Cepeda lidera. La pregunta: si ese liderazgo alcanza para gobernar una segunda vuelta donde ya no se mide solo la intención de voto, sino el miedo, el rechazo, la esperanza y la fatiga de un país que vuelve a elegir bajo presión.
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