TUXTLA GUTIÉRREZ.— Lo más perturbador del video no es la bolsa de plástico. Es la risa. Mientras un hombre lucha por respirar en la colonia Terán, en Tuxtla Gutiérrez, el comandante Pablo Enrique Reyes Custodio comenta: «Se quejaron». Y ríe. A su lado, otros elementos observan. Nadie detiene nada. Nadie voltea. La escena transcurre con la naturalidad de una rutina. Eso es lo que el video desnuda: no un exceso, sino una costumbre.
El error de llamarle “caso aislado”
Cuando las instituciones reaccionan ante este tipo de grabaciones, el primer reflejo es el mismo en casi todo el país: hablar de «elementos que no representan a la corporación», abrir una carpeta de investigación y formar un grupo especial. El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar siguió ese protocolo con puntualidad. El fiscal Jorge Luis Llaven Abarca también.
Lo que ese protocolo no responde es la pregunta incómoda: ¿cómo sabía el comandante que podía hacerlo?
La tortura no se aplica en soledad ni en secreto absoluto. En el video hay varios agentes presentes. Hay un uniforme de la nueva policía de élite Pakal en el encuadre. Hay una cadena de mando visible. Nadie interviene. Nadie registra una queja. Nadie sale de la habitación.
Eso no es un policía descontrolado. Es un ambiente institucional que lo permite.
ANATOMÍA DEL VIDEO
Cada detalle de las grabaciones apunta a una práctica tolerada, no a un acto espontáneo.
| Elemento observable | Lo que revela institucionalmente |
|---|---|
| Comandante aplica la bolsa personalmente | No es un subalterno sin supervisión: es la cadena de mando ejecutando |
| Otros agentes presentes y sin intervenir | Ambiente institucional de tolerancia activa |
| Uniforme Pakal visible en el encuadre | Participación de corporaciones de reciente creación |
| Risas y comentarios durante la tortura | Ausencia total de inhibición: práctica normalizada |
| Dos víctimas, dos momentos distintos | No es un episodio: es una sesión de trabajo |
| Pregunta del comandante al detenido | Objetivo extractivo: confesión, no castigo |
Una institución donde el comandante tortura con testigos y sin inhibición es una institución donde el método ya fue validado internamente, con o sin instrucción explícita.
Lo que la asfixia dice sobre el sistema
La bolsa de plástico sobre la cabeza tiene historia. No es una improvisación de campo: es una técnica. Organismos de derechos humanos —desde la Comisión Nacional de Derechos Humanos hasta Human Rights Watch— llevan años documentando su uso en corporaciones de seguridad mexicanas, precisamente porque deja pocas marcas visibles y produce terror inmediato.
Su objetivo no es castigar. Es extraer. Confesiones, nombres, ubicaciones. Lo que el sistema judicial no puede obtener con garantías, el cuarto sin cámaras lo resuelve en minutos.
Por ello, el perfil de las víctimas en estos casos rara vez importa institucionalmente: lo que importa es que estén detenidas, que no haya testigos externos y que la cadena de mando tolere el método. En Tuxtla Gutiérrez, las tres condiciones se cumplieron. Y alguien grabó.
DENUNCIAN ABUSO POLICIAL EN CHIAPAS, MÉXICO
— News On Demand (@OnDemand_News) May 21, 2026
🚨🇲🇽| Un video que circula en redes sociales muestra a elementos de la Policía Ministerial de la Fiscalía de Chiapas presuntamente cometiendo actos de tortura contra dos personas en Tuxtla Gutiérrez. Tras la difusión del material, la… pic.twitter.com/jgyCJi47WU
La víctima sin nombre
Hasta el cierre de esta edición, ninguna autoridad ha revelado la identidad, la edad ni el estado de salud de los dos hombres que aparecen en las grabaciones. Se sabe que fueron detenidos por presunto robo de vehículos. Nada más.
Este silencio no es descuido administrativo. Es funcional. El detenido sin nombre es también el más difícil de defender: sin familia que lo identifique públicamente, sin abogado visible en el expediente, sin rostro reconocible en las noticias, la violencia que sufrió tiene menos posibilidades de llegar a una sentencia.
La desaparición nominal del detenido es parte del mismo sistema que produce la bolsa negra.
IMPUNIDAD EN TIEMPO REAL
La distancia entre la reacción oficial y las consecuencias concretas define si hay voluntad real.
| Acción | Estado al cierre de edición |
|---|---|
| Carpeta de investigación abierta | Confirmada por fiscal Llaven Abarca |
| Grupo especial formado | Confirmado por la Fiscalía |
| Agentes identificados en video | Sí — incluye nombre del comandante |
| Detenidos o presentados ante MP | Ninguno |
| Suspensión de funciones | No informada oficialmente |
| Víctimas identificadas públicamente | Ninguna |
| Estado de salud de las víctimas | Sin información pública |
La brecha entre «carpeta abierta» y «ningún detenido» no es un detalle procesal: es el indicador más preciso de hacia dónde se moverá este caso.

El costo real de detener después
La Fiscalía General del Estado de Chiapas terminó deteniendo a ocho agentes. Los presentó en fila, con rostros pixelados, ante el logotipo institucional. El procedimiento fue correcto en la forma.
El problema es la secuencia.
Los videos circulaban. La indignación era nacional. El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ya había hablado. Solo entonces llegaron las detenciones. No antes del escándalo: después. No como resultado de un mecanismo de control interno, sino como respuesta a la presión pública.
Esa secuencia importa porque revela qué activa realmente al sistema: no la violación de derechos, sino la viralización.
La impunidad en corporaciones de seguridad no opera solo como ausencia de castigo. Opera también como castigo condicionado: se sanciona cuando el costo político de no hacerlo supera el costo de proteger al elemento. Ocho agentes detenidos bajo el letrero de «Cero Impunidad» no desmienten ese mecanismo. Lo confirman.
CONTEXTO NACIONAL
La asfixia con bolsa no es técnica nueva: organismos la documentan en múltiples corporaciones mexicanas.
| Organismo / Fuente | Hallazgo documentado |
|---|---|
| CNDH — informes periódicos | Tortura como práctica denunciada en corporaciones estatales y federales |
| Human Rights Watch | Uso de asfixia y golpes para obtener confesiones en detenciones previas a consignación |
| ONU — Relator Especial contra la Tortura | México figura en observaciones sobre tortura sistemática en procesos penales |
| INEGI — Encuesta a Población en Reclusión | Porcentaje significativo de internos reporta haber sido golpeado al momento de la detención |
El video de Chiapas no describe una anomalía regional. Describe una práctica que los organismos llevan años señalando sin que las instituciones hayan respondido con reformas estructurales.
Lo que el video no pudo grabar
Al final, la Fiscalía General del Estado de Chiapas presentó a ocho agentes detenidos. Los fotografió de frente, con los rostros pixelados, alineados contra la pared institucional.
Al fondo del encuadre, perfectamente legible, el letrero: «Cero Impunidad».
No es ironía menor. Es el resumen exacto de lo que este caso exhibe: un gobierno que construye la escenografía del Estado de derecho mientras sus corporaciones aplican bolsas de plástico en cuartos sin cámaras. Que detiene a ocho agentes cuando el video ya es nacional, no antes. Que necesita la viralización para activar el «Humanismo que transforma» que lleva impreso en la lona.
Los ocho están detenidos. Eso es real y es relevante. Pero la pregunta que la fotografía no responde es la misma que deja este caso: ¿cuántas veces ocurrió lo mismo antes de que alguien encendiera la cámara?
La risa del comandante sugiere que muchas.
¡Mantente informado en WhatsApp!
Recibe las noticias más importantes de Tabasco y México directamente en tu celular.



