CARACAS.— Caracas volvió a sentir que el piso no era suelo sino amenaza. La tarde del 24 de junio, dos sismos casi seguidos, de 7.2 y 7.5 de magnitud, sacudieron el centro-norte de Venezuela, empujaron a miles de personas a la calle y abrieron una emergencia nacional que todavía no termina de medirse.
No fue un temblor aislado ni una sacudida breve. Según los primeros reportes técnicos, el segundo movimiento llegó apenas segundos después del primero y tuvo una profundidad superficial, una combinación que explica por qué el golpe se sintió con tanta fuerza en Caracas, La Guaira, Carabobo, Aragua, Miranda, Falcón, Yaracuy y otras entidades.
La presidenta encargada Delcy Rodríguez confirmó durante la noche un primer balance de 32 muertos y 700 heridos, pero aclaró que esa cifra no incluye todavía el reporte completo de La Guaira, el estado costero cercano a Caracas que aparece como el punto más golpeado por el desastre.
Ese dato cambia el tamaño político y humano de la emergencia: el país no está frente a un saldo cerrado, sino frente a una cuenta abierta. En terremotos así, las primeras cifras casi nunca cuentan toda la tragedia. La noche cuenta heridos; el amanecer suele revelar los escombros.
Presidenta (E) Delcy Rodríguez ofrece nuevo balance sobre labores de atención y respuesta ante eventos sísmicos pic.twitter.com/ut9G9eUGsv
— Miraflores Al Momento (@AlMomento_M) June 25, 2026
La Guaira, la herida abierta
La Guaira fue declarada zona de desastre. Rodríguez habló de decenas de edificios colapsados y de labores de rescate todavía activas para sacar personas con vida. Allí también se ubica el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, el principal del país, que quedó cerrado por daños graves en su infraestructura.
En Caracas, el golpe tuvo rostro urbano. Chacao, Altamira, Los Palos Grandes, San Bernardino, El Paraíso y Lídice aparecieron en los primeros reportes como zonas con daños estructurales, fachadas vencidas, edificios comprometidos y personas atrapadas bajo los escombros.
Los testimonios repiten una misma escena: techos que crujen, escaleras que se abren, paredes que se rajan, niños llorando, adultos corriendo sin saber si bajar o quedarse quietos. Venezuela no vivía una memoria sísmica comparable desde 1967, cuando Caracas sufrió uno de los golpes más duros de su historia moderna.
Pero la comparación con 1967 no sirve sólo para medir el miedo. Sirve para recordar que las ciudades no se derrumban únicamente por la fuerza de la tierra. También caen por la edad de sus edificios, por la falta de mantenimiento, por la informalidad constructiva, por los servicios frágiles y por años de administración pública a medias.

DOBLE SISMO
Dos movimientos casi simultáneos golpearon el norte venezolano y activaron emergencia nacional.
| Evento | Magnitud | Hora local | Profundidad | Lectura |
|---|---|---|---|---|
| Primer movimiento | 7.2 | 18:04 aprox. | Superficial | Sacudida inicial |
| Segundo movimiento | 7.5 | 18:05 aprox. | 10 km aprox. | Golpe principal |
| Réplicas reportadas | 20 | Noche del 24 de junio | Variable | Riesgo activo |
El Estado ante los escombros
La respuesta oficial fue rápida en el discurso y obligada en los hechos. Delcy Rodríguez decretó estado de emergencia en todo el país, suspendió clases, paralizó actividades laborales no esenciales y pidió al personal médico presentarse en hospitales públicos y privados.
El Ministerio de Educación informó que las escuelas serían habilitadas como centros de acopio y refugio para familias afectadas. Esa decisión no resuelve el daño, pero abre una red inmediata de atención: techo temporal, alimentos, registro de damnificados y un punto de encuentro para quienes perdieron casa o comunicación con familiares.
También se suspendió el sistema Metro de Caracas y el ferrocarril hacia Miranda. En varias zonas se cerró de forma preventiva el suministro de gas doméstico para evitar explosiones en edificios dañados. Hubo fallas de electricidad, agua y comunicaciones, aunque el gobierno sostuvo que los servicios públicos mantenían continuidad general.
El Ejecutivo activó un estado mayor de emergencia y designó como autoridad única al general Juan Ernesto Sulbarán, comandante de la Guardia Nacional. La decisión concentra mando, pero también concentra responsabilidad: en las próximas horas no bastará con administrar partes oficiales; habrá que coordinar rescate, salud, agua, refugios, transporte y seguridad.

EL TABASQUEÑO | BALANCE PRELIMINAR
BALANCE HUMANO
El conteo oficial sigue abierto porque La Guaira no reporta completo.
| Indicador | Dato preliminar |
|---|---|
| Fallecidos confirmados | 32 |
| Heridos reportados | 700 |
| Estado más afectado | La Guaira |
| Edificios colapsados | Decenas |
| Balance pendiente | Víctimas de La Guaira |
La capital que ya conocía el miedo
Caracas no es una ciudad ajena al riesgo sísmico. El corredor entre Altamira y Los Palos Grandes se encuentra bajo influencia de sistemas de fallas vinculados al borde norte de la depresión tectónica de la capital. Dicho sin tecnicismos: allí la tierra tiene memoria y la ciudad vive encima de ella.
Por eso el desastre no puede leerse sólo como un accidente natural. Un terremoto de esta magnitud sacude placas, pero también desnuda estructuras: las físicas, las institucionales y las sociales. Un edificio mal cuidado se vuelve trampa. Un hospital sin margen se vuelve cuello de botella. Una ciudad sin protocolos claros se vuelve pánico.
El gobierno informó que 20 réplicas siguieron a los dos grandes movimientos. Ese dato obliga a mantener fuera de edificios dañados a miles de personas, aun cuando quieran regresar por documentos, medicinas, ropa o mascotas. La urgencia humanitaria entra entonces en una zona difícil: rescatar sin provocar más víctimas.
La ayuda internacional empezó a ofrecerse desde Estados Unidos, México, Colombia, Brasil, El Salvador, Turquía, Qatar, Cuba, Reino Unido, organismos de Naciones Unidas y entidades financieras multilaterales. En medio de la polarización venezolana, el terremoto impuso una pausa brutal: primero hay que salvar vidas.

RESPUESTA PAÍS
El gobierno cerró servicios estratégicos y pidió apoyo internacional de rescate.
| Medida | Situación |
|---|---|
| Estado de emergencia | Nacional |
| Clases | Suspendidas |
| Escuelas | Refugios y centros de acopio |
| Metro de Caracas | Suspendido |
| Ferrocarril a Miranda | Suspendido |
| Aeropuerto de Maiquetía | Cerrado |
| Gas doméstico | Corte preventivo en zonas dañadas |
| Ayuda internacional | Solicitada y ofrecida |
La hora de rescatar
El dato más duro todavía no está escrito. El balance oficial de 32 muertos y 700 heridos es apenas la primera fotografía de una tragedia en movimiento. La falta de reporte completo de La Guaira puede modificar el tamaño real del desastre en las próximas horas.
El USGS elevó el nivel de alerta por víctimas y pérdidas económicas, con una advertencia clara: puede tratarse de un desastre de alcance amplio. Esa proyección no es una cifra oficial de fallecidos, pero sí una señal técnica para activar ayuda nacional e internacional sin esperar a que la tragedia termine de contarse.
Venezuela llega a esta emergencia con una sociedad golpeada por años de crisis, migración, servicios débiles y tensión política. Eso agrava todo. Un terremoto no pregunta por ideologías, pero sí castiga más donde el Estado llega tarde, donde la infraestructura envejeció y donde la gente ya vivía al límite.
La salida no estará en una frase de unidad ni en una cadena nacional. Estará en los rescates que se hagan a tiempo, en los hospitales que aguanten, en los refugios que funcionen, en la transparencia de las cifras y en la ayuda que entre sin cálculo político. La tierra ya habló. Ahora le toca responder al Estado.
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