El dinero de la mojarra ya no se va… y eso cambia Tabasco

La mojarra se acabó en la Central de Abasto. No hubo remate ni sobrantes. En días, el producto desapareció de las hieleras. Pero el dato importante no está en la velocidad de venta, sino en el destino del dinero. Por primera vez en años, lo que se paga por ese consumo ya no sale del estado.

Durante décadas, Tabasco consumió pescado que venía de fuera. Cada compra implicaba una fuga silenciosa de recursos. El consumidor no lo veía, pero el efecto era constante: dinero que se iba y no regresaba. Ese patrón empieza a romperse, no por discurso, sino por volumen.

El gobernador Javier May Rodríguez lo planteó en cifras: el estado consume 12,000 toneladas de mojarra al año, pero producía apenas 2,000. Con Pescando Vida, la meta inmediata es llegar a 10,000 toneladas, un salto que reduce de golpe la dependencia externa.

No es solo un aumento de producción. Es un intento por cerrar una brecha estructural que durante años definió el mercado local. Cuando lo que se consume empieza a producirse dentro, el impacto no se queda en el campo: se traslada a toda la economía.

Presentación del punto de venta de mojarra en la Central de Abasto de Villahermosa
El punto de venta en Villahermosa permitió comercializar mojarra y ostión sin intermediarios. El modelo modifica quién captura el ingreso dentro del mercado local.

Cerrar la fuga

El cambio se entiende mejor si se mira como un flujo. Antes, el dinero salía con cada kilo comprado. Hoy, empieza a circular dentro de las comunidades. El subsecretario Guillermo Priego León lo resumió con una frase directa: “Cada peso que se compra en Tabasco es un peso que ya no se queda en otro lugar”.

Ese giro se reflejó en la Cuaresma. La cosecha generó una derrama superior a 130 millones de pesos, pero lo relevante no es la cifra aislada, sino su destino. Ese dinero ya no se dispersa en otras regiones; se queda en zonas ribereñas y costeras.

El punto de venta en Villahermosa confirmó el cambio. En diez días se colocaron 10 mil kilos de mojarra y 15 mil ostiones, sin intermediarios. El producto salió directo del productor al consumidor, reduciendo una cadena que históricamente absorbía buena parte del ingreso.

Ahí aparece el primer cambio de fondo. No solo se produce más, también se modifica la forma en que se vende. Y cuando la forma de vender cambia, cambia quién gana en el proceso.

El control del circuito

El movimiento más relevante no está en la producción, sino en la cadena completa. El gobierno no se limitó a impulsar el cultivo; también abrió canales de venta directa. Es decir, intervino en todo el circuito: producción, organización y comercialización.

Ese paso altera una estructura que durante años funcionó con intermediarios dominando precios y márgenes. Hoy, ese control empieza a desplazarse. No desaparece, pero pierde centralidad frente a un modelo más directo.

Pescadores y familias beneficiarias de Pescando Vida mostrando producción de mojarra y ostión
Familias ribereñas muestran parte de la producción obtenida con Pescando Vida en Tabasco. El programa no solo aumenta volumen: impacta directamente en ingresos comunitarios.
Javier May Rodríguez con funcionarios de SEDAP durante presentación de programas del campo en Tabasco
El gobernador Javier May y su equipo presentan avances de programas productivos en Tabasco. La estrategia no solo impulsa producción: busca intervenir toda la cadena económica.

En términos económicos, esto implica una redistribución del ingreso. En términos políticos, implica algo más delicado: quién tiene capacidad de ordenar el mercado local. No es un cambio menor, aunque aún esté en fase inicial.

Por eso, el dato clave no es cuántas toneladas se producen, sino quién controla el recorrido del producto desde el agua hasta la mesa. Ahí es donde se define el verdadero alcance del programa.

El impacto en las familias

El efecto más visible aparece en el ingreso. Según el gobernador, 2,500 familias vinculadas al programa ya están por encima de la línea de pobreza. No se trata de una promesa, sino de una medición que, de sostenerse, redefine el alcance social del proyecto.

El matiz es importante. El ingreso no proviene únicamente de apoyo directo, sino de una actividad productiva que encuentra salida en el mercado. Eso cambia la lógica: no es asistencia, es incorporación económica con flujo constante.

Además, el programa tiene un rasgo que modifica la dinámica comunitaria. La mayoría de beneficiarias son mujeres, lo que reconfigura la distribución del ingreso en hogares ribereños y fortalece economías familiares que antes dependían de ingresos externos.

Ese movimiento reduce presión migratoria y genera arraigo. Cuando el ingreso se produce en la comunidad, la necesidad de salir disminuye. Es un efecto silencioso, pero profundo, que suele aparecer antes en la vida cotidiana que en las estadísticas.

La prueba que viene

El modelo ya mostró capacidad para mover producción, activar consumo y retener recursos. Sin embargo, la prueba real está adelante. Alcanzar las 10 mil toneladas acercaría al estado a cubrir su propio consumo, pero eso abre un reto distinto: sostener el sistema sin impulso permanente.

Mantener precios, calidad y mercado será el siguiente filtro. No basta con producir más si no se garantiza salida constante del producto. Ahí es donde muchos esquemas similares han perdido fuerza con el tiempo.

La pregunta de fondo no es si el programa funciona hoy. Es si puede mantenerse cuando deje de empujar desde el gobierno. Esa diferencia separa un ciclo exitoso de un cambio estructural.

Por ahora, el dato más contundente es este: el dinero de la mojarra ya no se está yendo. Y en una economía como la de Tabasco, eso por sí solo ya mueve la balanza.

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