ASÍ LO DIJO EL TABASQUEÑO / HÉCTOR I. TAPIA / 26/04/29

Me detuve en la foto. Son cientos de mujeres, juntitas, como suele estar la gente cuando espera algo importante, levantando un papel blanco con la palabra «Vivienda». Algunas sonríen. Otras miran el documento como si todavía no acabaran de creer que es suyo. No voy a fingir que no me movió.
Son 485 familias de Centro y Huimanguillo que recibieron esta semana la constancia de que, muy pronto, tomarán posesión de sus nuevas casas. La mayoría son mujeres. Jefas de familia. Y las escrituras quedarán a su nombre. En Tabasco, donde históricamente la propiedad quedaba a nombre del hombre aunque la mujer fuera quien sostenía la familia, eso no es un detalle: es un cambio.
Más de 170,000 familias tabasqueñas no son dueñas del suelo que pisan. Pagan renta o viven arrimadas en casa ajena, calladas, porque el familiar que las recibió ya no cabe pero tampoco dice nada. Faltan 45,000 casas nuevas hoy mismo. Y el hoyo no para: cada año se casan o se independizan miles de jóvenes que necesitan dónde vivir. Llevan 35 años esperando. Nadie llegó.
No fue mala suerte. Fue decisión. Tres décadas de gobiernos que construyeron para el que tiene Infonavit y dejaron al otro 60%, el del mercado y el campo, posando o hacinado. Tres personas en un cuarto no es pobreza del destino. Es la factura que dejaron quienes gobernaron para cobrar.
Una casa no es solo un techo. Es el centro de gravedad de la familia. Es donde se decide si la quincena alcanza para la carne o nos quedamos con el frijol y el arroz.
Ahora le toca a Javier May. Prometió 80,000 casas en seis años. No es un programa: es una deuda histórica. Entre la teoría de darle a los que no tienen, como predicó AMLO toda su vida, y la práctica de gobernar con burocracias gordas y presupuestos enredados, hay una brecha que solo el tiempo cerrará o dejará abierta.
Ya sé que no faltarán los desconfiados, con justa razón, con tanto gobernante ladrón que hemos padecido. No es una pregunta tonta. Es una pregunta tabasqueña.
Pero esta vez, antes de la duda, me ganó la imagen. Muchas de esas mujeres ya están pensando en qué rincón irá el altarcito a la Virgen y dónde acomodarán la camita del bebé.
Al final, esos certificados son sueños impresos en papel.
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