DE PRIMERA MANO / POR RODULFO REYES / 23/04/2026
Han cambiado los partidos en el poder en Tabasco, pero el patrón de linchamiento mediático en la política tabasqueña sigue intacto. En los últimos tres sexenios se repite un mismo libreto: un personaje permanece vigente, mueve los hilos desde las sombras y activa, cuando conviene, las metrallas políticas.
Aquí los datos duros, irrefutables:
En la sucesión de 2012, el favorito del gobernador priista Andrés Granier Melo era Luis Felipe Graham Zapata, entonces secretario de Salud. Sin embargo, el secretario de Gobierno, Humberto Mayans Canabal, también aspiraba a la candidatura.
Graham era la carta más sólida del PRI en Tabasco, pero desde el interior del propio gabinete se desplegó una estrategia de desgaste político en su contra. Según versiones ampliamente difundidas, Mayans se apoyó en su cuñado, Adán Augusto López Hernández, para filtrar información confidencial.
Ese material fue utilizado en la Cámara de Diputados y amplificado mediáticamente, incluyendo una nota en el diario Excélsior, con un objetivo claro: descarrilar a Graham.
Lo relevante no es el episodio, sino el método: filtración, amplificación mediática y ataque coordinado.
Hacia el final del gobierno de Arturo Núñez Jiménez, el patrón se repitió. Ya con Adán López como gobernador electo, se activó una campaña contra Gustavo Rosario Torres, entonces secretario de Gobierno.
En ese caso, el ataque se articuló mediante operadores políticos y mediáticos vinculados a esquemas de guerra sucia en Tabasco, con acusaciones sobre presuntas irregularidades en adquisiciones públicas.
El esquema volvió a operar: voceros indirectos, filtraciones y presión mediática desde espacios radiofónicos.
Hoy, en el gobierno de Javier May Rodríguez, el patrón reaparece. Figuras que participaron en campañas anteriores resurgen en medios para lanzar cuestionamientos, confirmando la continuidad de una estrategia de desgaste político recurrente.
El caso del contrabando de ganado desde Guatemala ilustra el punto. Se trata de un tema real y delicado, pero al ser utilizado como herramienta de confrontación política, pierde impacto público y se convierte en parte del mismo guion.
En resumen, la guerra sucia en Tabasco ha seguido un mismo diseño:
filtración → amplificación → ataque mediático.
Y detrás de ese esquema, los mismos actores.
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