SAN DIEGO.— “Todavía no he empezado siquiera a procesar todo lo que hemos vivido… y atravesar la atmósfera montados en una bola de fuego también es algo profundamente impactante.”
Victor Glover lo dijo horas antes de tocar el agua. Cuando lo dijo, la cápsula Orión todavía no había iniciado su descenso final. Cuando amerizó, a las 17:07 horas frente a las costas de San Diego, sus palabras ya eran la mejor descripción de lo que acababa de ocurrir: cuatro seres humanos cayeron del espacio envueltos en plasma, a 40 mil 234 kilómetros por hora, y vivieron para contarlo.
La misión Artemis II de la NASA concluyó este viernes con el regreso exitoso de su tripulación al océano Pacífico, poniendo fin a 10 días de vuelo y más de un millón 117 mil 659 kilómetros recorridos. Fue el primer viaje tripulado alrededor de la Luna en más de 50 años. Y el punto más lejano al que un ser humano ha llegado desde el Apolo XIII.

Seis minutos de silencio
El regreso empezó cuando el módulo de tripulación de Orión se separó del módulo de servicio, exponiendo el escudo térmico al roce con la atmósfera. A 122 mil 440 metros de altitud, viajando a casi 35 veces la velocidad del sonido, la cápsula inició la fase más peligrosa de toda la misión.
Durante 13 minutos, Orión descendió sometiendo a sus cuatro ocupantes a fuerzas de hasta 3.9 G —casi cuatro veces el peso corporal normal. El plasma se acumuló alrededor del casco. Las comunicaciones se cortaron. Seis minutos de silencio absoluto desde el Centro Espacial Johnson en Houston.
Luego volvió la voz. “Houston, aquí Integrity. Los recibimos fuerte y claro”, anunció el comandante Reid Wiseman. “Qué viaje. Estamos estables.” Código verde para los cuatro tripulantes.
A 22 mil pies de altitud se desplegaron los paracaídas de frenado. A 1 mil 830 metros, los tres principales redujeron la velocidad de Orión a menos de 219 kilómetros por hora. El responsable de asuntos públicos del Centro Espacial Johnson, Rob Navias, lo describió sin margen para la duda: “Un amerizaje perfecto en el punto exacto para Integrity”.
Lo que nadie había visto antes
Artemis II no alunizó. Ni siquiera orbitó la Luna. Pero el lunes anterior, durante el sobrevuelo récord, la tripulación documentó imágenes de la cara oculta de la Luna nunca antes captadas por el ojo humano, y presenció un eclipse solar total desde una perspectiva que ningún ser humano había tenido jamás.
“Simplemente nos dejó a todos boquiabiertos”, dijo Glover sobre el eclipse.
Fue también en ese momento cuando los astronautas pidieron permiso para nombrar dos cráteres lunares: uno por su nave —Integrity— y otro por Carroll, la esposa fallecida del comandante Wiseman. Las cámaras captaron lágrimas. Nadie las explicó. No hacía falta.
Al salir de la cápsula, pasadas las 19:30 horas, uno por uno, fueron trasladados en botes de rescate hacia dos helicópteros de la Marina estadounidense que los llevaron al USS John P. Murtha. Allí recibieron evaluaciones médicas antes de abordar un avión con destino al Centro Espacial Johnson en Houston.
El escudo que no podía fallar
No era un detalle técnico menor. El escudo térmico de Orión había mostrado comportamientos inesperados en pruebas previas. Artemis II era, entre otras cosas, su primera validación real con tripulación a bordo. Las temperaturas durante la reentrada rozaron los 3 mil grados centígrados. El escudo aguantó.
Eso despeja el camino para Artemis III, la misión que planea poner sobre la superficie lunar a una mujer y a un astronauta no blanco por primera vez en la historia. La base técnica ahora existe. La prueba quedó registrada frente a San Diego, a las 17:07 del viernes.
El presidente Donald Trump felicitó a la tripulación desde sus redes: “Todo el viaje fue espectacular, el aterrizaje fue perfecto. Como Presidente de Estados Unidos no podría estar más orgulloso”. Y luego añadió la frase que nadie en la NASA se habría atrevido a poner por escrito todavía: “Lo volveremos a hacer, y el siguiente paso será Marte”.
Rob Navias lo había dicho a su modo, con menos ambición marciana pero con más peso histórico: “Desde las páginas de Julio Verne hasta una misión moderna a la Luna, se ha completado un nuevo capítulo en la exploración de nuestro vecino celeste”. Glover lo dijo mejor. Una bola de fuego. Cuatro humanos adentro. Todos vivos.
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