La entrega de 115 molinos eléctricos por parte del Ayuntamiento de Centro no fue un simple acto protocolario. En el mensaje que dio la alcaldesa Yolanda Osuna Huerta, en Plaza La Ceiba, se reveló el enfoque que define a esta administración: programas de proximidad, dirigidos a mujeres de comunidades donde la inversión pública suele llegar tarde. “Centro tiene rostro de mujer”, afirmó.
Y detrás de la frase hay un dato que sostiene el mensaje: con los equipos distribuidos este martes, suman 1,200 molinos entregados en lo que va del año.
La acción forma parte de una inversión municipal de 4.3 millones de pesos, orientada —según la propia alcaldesa— a fortalecer la economía familiar y productiva. Osuna definió el programa de manera directa: “Es dinero del pueblo que regresa al pueblo”.
MICROECONOMÍA — CAMBIOS EN LOS HOGARES
| Efecto | Descripción |
|---|---|
| Ahorro en molienda | Evita gastos semanales en molinos externos |
| Reducción de carga doméstica | Menos tiempo en preparación de masa |
| Potencial productivo | Venta de masa, tortillas, tamales o frituras |
| Autonomía económica | Pequeños ingresos propios para mujeres |
| Liquidez anual | Ahorros acumulados por menor gasto y mayor tiempo útil |
Fuente: Elaboración propia con datos del Ayuntamiento.
En la lógica del Gobierno de Centro, estos apoyos funcionan como una política pública medible, visible y verificada en territorio. No son obras de gran escala, pero sí atienden necesidades que, para las beneficiarias, marcan una diferencia inmediata.
El énfasis en mujeres no es casual. En eventos anteriores, la presidenta municipal ha sostenido que su administración compite por credibilidad “con hechos”. En ese marco, los molinos aparecen como un recurso doble: alivian la carga doméstica y abren una puerta a pequeños ingresos.
Cada uno, apuntó Osuna, “representa una herramienta para generar oportunidades desde el hogar”. El argumento político es claro: un gobierno humanista que dirige recursos hacia quienes más lo necesitan.

ECONOMÍA EN CASA
En comunidades rurales, el impacto suele ser concreto. Un molino eléctrico reduce tiempos de preparación —hasta 40 minutos diarios menos, según cálculos técnicos del municipio— y evita el gasto de llevar el maíz a molienda externa. Para familias con ingresos limitados, ese ahorro pequeño pero constante se convierte, al final del año, en liquidez que antes no existía.
Pero el beneficio no se queda en lo doméstico: muchos de estos equipos terminan utilizados como activos productivos que permiten vender masa, tortillas, tamales o frituras. Para mujeres sin acceso a crédito formal, ese microemprendimiento es, frecuentemente, la única puerta viable a un ingreso propio.
Osuna Huerta insiste en otro punto: respeto a la palabra pública. “Honramos el compromiso de impulsar el bienestar y el progreso real de las familias”, dijo ante las beneficiarias.
Hoy beneficiamos a 115 mujeres de distintas comunidades con la entrega de molinos eléctricos, herramientas que les ayudarán a mejorar la economía familiar y generar nuevas oportunidades. Este apoyo reconoce su esfuerzo diario y su dedicación por salir adelante. Durante el año… pic.twitter.com/dwH6ajlPw5
— Yolanda Osuna Huerta (@YolandaOsunaH) December 2, 2025
Para la administración, el programa de molinos también funciona como un signo de gobernanza: pequeños apoyos que generan confianza política en zonas donde, durante años, la presencia institucional ha sido intermitente.
El reto está en lo que sigue. Mantener la continuidad del programa y evaluar su impacto real —ingresos generados, reducción de gasto doméstico, número de microemprendimientos creados— será clave para que la acción no se quede en una fotografía.
Por ahora, el Ayuntamiento apuesta a una línea de política social que, sin grandes anuncios, se cuela por las orillas y modifica rutinas enteras en los hogares de Centro. Y para las mujeres que este martes salieron con un molino bajo el brazo, el beneficio empieza mañana, cuando la molienda deje de ser un desgaste y se convierta en una herramienta para ganar tiempo… o dinero.


