CDMX.— El partido entró a su último tramo con el marcador intacto: Inglaterra 3-2 México. Al cumplirse los 90 minutos, el árbitro agregó 6 minutos de compensación y el Azteca volvió a levantarse como si todavía quedara una vida más. México juega contra el reloj, contra una defensa inglesa replegada y contra su propia ansiedad. La ventaja numérica sigue ahí, el empate también parece a un centro, un rebote o una pelota detenida de distancia. Ya no hay margen para administrar nada: es empujar o despedirse.
El partido empezó una hora tarde y, acaso por eso, empezó antes. México-Inglaterra ya se jugaba cuando la tormenta eléctrica cayó sobre Santa Úrsula, cuando la FIFA movió el arranque de las 18:00 a las 19:00 horas, cuando pidió a la gente permanecer en sus asientos y cuando el agua convirtió los alrededores del estadio en una frontera de charcos, nervios y camisetas verdes.
Ahora, con el segundo tiempo encendido, el Azteca volvió a respirar. Inglaterra gana 3-2, pero México está vivo. Al 69, Raúl Jiménez apareció para descontar y meter al Tri otra vez en el partido, en una noche que ya había parecido quebrarse dos veces: primero con el doblete de Jude Bellingham, después con el penal de Harry Kane.
El gol de Jiménez cambió el ruido. Ya no fue solo esperanza ni empuje ciego. Fue marcador abierto. Fue una tribuna que entendió que todavía había tiempo. México, que perdía 3-1 pese a jugar con un hombre más, encontró en su delantero una respuesta de área, de oficio, de insistencia. El partido dejó de parecer una cuesta imposible y volvió a ser una pelea.
Inglaterra había golpeado al 60 con un penal convertido por Kane, apenas seis minutos después de quedarse con 10 futbolistas por la expulsión de Jarell Quansah al 54, tras una patada sobre Jesús Gallardo. Fue el momento más cruel para México: tenía superioridad numérica, el estadio empujaba, pero el rival amplió la ventaja. El gol de Jiménez, nueve minutos después, volvió a mover todo.

MARCADOR VIVO
Jiménez volvió a descontar y México sigue vivo ante Inglaterra.
tiempo
Bellingham apagó el canto
La primera mitad ya había dejado una herida profunda. Inglaterra se fue al descanso arriba 2-1 gracias a un doblete de Jude Bellingham en menos de dos minutos. El astro del Real Madrid abrió la pizarra al 36 con un cabezazo en el área chica. Al 38, aprovechó una pérdida de balón mexicana y empujó el esférico a las redes para poner el segundo.
Fueron dos jugadas, dos golpes, dos silencios cortos en una tribuna que venía cantando como si el ruido pudiera protegerla de todo. Bellingham no necesitó demasiado espacio. Le alcanzó con aparecer donde México dudó. Hay jugadores que no corren el partido: lo doblan. El inglés lo dobló en dos minutos.
Hasta antes del doblete, México había tenido una de esas ocasiones que suelen volver como fantasma si el resultado se tuerce. Al 14, Raúl Jiménez se lanzó de palomita tras un centro de Roberto Alvarado. El remate llevaba destino de grito, pero Jordan Pickford metió la mano y evitó la caída de su arco. Fue una señal. México podía lastimar. También podía perdonar.
Y el perdón se pagó caro. Inglaterra no necesitó dominar toda la noche para mandar en el marcador. Le bastó encontrar grietas y poner ahí a sus nombres pesados. Primero Bellingham. Luego Kane. Dos futbolistas que explican por qué las potencias pueden jugar mal por tramos y, aun así, hacer daño cuando aparece una pelota decisiva.
QUIÑONES HISTÓRICO
Su cuarto gol mundialista igualó marcas mexicanas de peso.
| Jugador | Goles | Contexto |
|---|---|---|
| Julián Quiñones | 4 | Anotó ante Sudáfrica, Chequia, Ecuador e Inglaterra. |
| Luis Hernández | 4 | Marcó sus cuatro goles en Francia 1998. |
| Javier Hernández | 4 | Anotó en Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018. |
Quiñones sostuvo la esperanza
México no se fue del partido en la primera mitad. Antes del descanso, cuando la noche amenazaba con inclinarse por completo, apareció Julián Quiñones. Al 42, el delantero soltó un derechazo potente dentro del área y venció a Pickford. El gol no empató el marcador, pero sí cambió el pulso. El Tri volvió al vestidor perdiendo, aunque con una certeza distinta: estaba herido, no vencido.
El tanto de Quiñones tuvo algo más que valor numérico. Fue su cuarto gol del Mundial, una marca que lo coloca junto a dos nombres pesados en la memoria mexicana: Luis Hernández y Javier Hernández. El Matador hizo cuatro en Francia 1998. Chicharito los repartió entre Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018. Quiñones los alcanzó en una sola carrera mundialista que todavía no termina.
Antes ya le había anotado a Sudáfrica, Chequia y Ecuador. Ahora lo hizo ante Inglaterra, en un octavo de final, en el Azteca y con México abajo por dos goles. No fue un gol decorativo. Fue un gol de respiración. De esos que levantan a un equipo de la lona y le recuerdan que todavía puede discutir el partido.
México incluso pudo empatar antes del descanso. Otra vez Raúl Jiménez apareció cerca del área inglesa, pero su remate salió desviado. La jugada dejó una mezcla de alivio y rabia. Alivio porque el Tri había reaccionado. Rabia porque Inglaterra seguía arriba. En el futbol de eliminación directa, cada centímetro guarda memoria.
MINUTO A MINUTO
Bellingham, Quiñones, Kane y Jiménez sostienen una noche abierta.
La roja que no alcanzó
El segundo tiempo parecía ofrecerle a México una puerta inesperada. La expulsión de Quansah al 54 modificó el mapa. Inglaterra quedó con diez, el Azteca levantó la voz y el partido pareció ponerse en el lugar exacto donde el Tri podía empujar desde la emoción y la ventaja numérica. Pero una cosa es tener un hombre más. Otra, saber qué hacer con ese hombre de más.
Ahí apareció la verdad incómoda de la noche. México no alcanzó a convertir la expulsión en dominio inmediato. No alcanzó a meter a Inglaterra en su área con claridad. No alcanzó a transformar el ruido en ocasiones limpias. El equipo inglés, en cambio, encontró el penal que Kane convirtió al 60. Un golpe frío, casi quirúrgico, en medio de una noche caliente.
Pero el futbol cambió otra vez al 69. Raúl Jiménez, que ya había estado cerca al inicio del partido y antes del descanso, volvió a aparecer para descontar. Su gol puso el 3-2 y obligó a Inglaterra a mirar el reloj de otra manera. Ya no era solo un rival con ventaja. Era un rival con diez jugadores, una renta mínima y un estadio entero encima.
Javier Aguirre había mandado a la cancha a Raúl Tala Rangel en la portería; Jorge Sánchez, César Montes, Johan Vásquez y Jesús Gallardo atrás; Erik Lira, Luis Romo y Gilberto Mora en medio; Roberto Alvarado, Raúl Jiménez y Julián Quiñones adelante. No eligió una postal. Eligió piernas para correr una noche pesada, húmeda, inglesa y mexicana a la vez.
GIRO ABIERTO
Kane golpeó de penal, pero Jiménez volvió a acercar al Tri.
La ciudad también juega
Inglaterra respondió con Jordan Pickford; Nico O’Reilly, Marc Guehi, Ezri Konsa y Jarell Quansah; Declan Rice, Elliot Anderson, Anthony Gordon, Jude Bellingham y Bukayo Saka; y Harry Kane como referencia ofensiva. La roja dejó fuera a Quansah, pero no sacó a Inglaterra del partido. Esa fue, durante varios minutos, una de las claves.
Mientras la pelota corre, la ciudad vive su propio partido. En Ciudad Nezahualcóyotl, la presidenta Claudia Sheinbaum llegó al fan fest del palacio municipal junto con la gobernadora Delfina Gómez. Antes del arranque pidió apoyar a la Selección y disfrutar “con responsabilidad”. La frase no fue simple cortesía. Venía después de festejos con saldo doloroso y en una noche en la que la afición volvió a ocupar plazas, avenidas y monumentos.
El Gobierno de la Ciudad de México informó lleno total en el Fan Fest del Zócalo. También se reportó lleno en el Ángel de la Independencia. La Secretaría de Seguridad Ciudadana pidió a la gente moverse hacia pantallas alternas en Paseo de la Reforma, el Monumento a la Revolución y el cruce de Bucareli. La Glorieta de la Diana también cerró accesos por alta afluencia.
El llamado a distribuirse entre las 62 pantallas instaladas en el primer cuadro y Reforma no fue un dato logístico. Fue una medida de contención emocional. En México, la euforia suele correr más rápido que los protocolos. La autoridad intentó repartir a la multitud como quien abre válvulas para que no reviente una caldera. El futbol junta, pero también aprieta.
DOBLE RESPUESTA
Quiñones y Jiménez descontaron para mantener vivo al Tri.
Una respuesta pendiente
La noche, entonces, se juega en dos tableros. Uno está dentro del campo: Bellingham, Quiñones, Kane, Jiménez, Pickford, lluvia, roja, penal y errores que duelen. El otro está afuera: plazas llenas, monumentos cerrados, familias buscando una pantalla y una ciudad obligada a cuidar su propia alegría. Ganar importa. Volver a casa también.
El Azteca —aunque el torneo lo nombre estadio Ciudad de México— conserva su viejo modo de pesar. No es solo cemento. Es archivo. Allí México aprendió a soñar en grande y también a descubrir límites. Por eso este octavo de final no parece una ronda más. Es una pregunta nacional con forma de partido.
A esta hora, hablar de derrota cerrada sería adelantarse. Hablar de hazaña sencilla sería mentir. Lo serio es mirar lo que ya ocurrió: Inglaterra golpeó dos veces con Bellingham, México respondió con Quiñones, Quansah fue expulsado, Kane castigó de penal y Jiménez volvió a encender el partido. El Tri está abajo 3-2, con un hombre más y con el estadio empujando.
El riesgo de estas noches es creer que la historia juega por uno. No juega. La historia acompaña, presiona, asusta, empuja. México tendrá que correr mejor, pensar más rápido y equivocarse menos. Tendrá que usar el estadio sin dejarse devorar por él. Tendrá que convertir el “¿y si sí?” en plan, no en plegaria.
La lluvia retrasó el arranque. Bellingham adelantó a Inglaterra. Quiñones devolvió el pulso. Quansah abrió una puerta con su expulsión. Kane la volvió a cerrar desde el manchón penal. Pero Raúl Jiménez, al 69, la empujó otra vez. México-Inglaterra ya no es previa ni promesa. Es presente, mojado, tenso, multitudinario. La pelota sigue rodando y el país contiene el aliento, ahora con el 3-2 como una última invitación al milagro.
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