Ilustración editorial de Hernán Bermúdez atrapado dentro del número 154, que representa la condena solicitada por la Fiscalía.
La Fiscalía de Tabasco solicitó una condena acumulada de 154 años de prisión contra Hernán Bermúdez Requena.

Hernán: 154 razones para hablar

Ciento cincuenta y cuatro años de cárcel cambian cualquier lealtad: ¿aceptará Hernán cargar solo o romperá el pacto de silencio?

Héctor I. Tapia

Ahora que 154 años de prisión sobrevuelan la cabeza de Hernán Bermúdez Requena, toda lealtad sobra. Todo silencio estorba. Porque una condena de ese tamaño no se mide en años. Se mide en vidas. Se mide en la certeza de envejecer y morir tras los muros del Cefereso del Altiplano.

Hernán apostó su destino al poder de otros. Adán Augusto López Hernández le entregó la seguridad de Tabasco. Carlos Manuel Merino lo mantuvo en el cargo. Jaime Lastra formó parte del engranaje político que acompañó aquellos años. Mientras ellos siguen en el Senado, en el Congreso o en ASA, en cargos federales o en la vida pública, el ex secretario enfrenta procesos por asociación delictuosa, secuestro, extorsión, desaparición forzada y peculado.

La Fiscalía sostiene que el hombre encargado de combatir al crimen encabezó La Barredora desde la propia estructura de seguridad del estado. Las fichas militares reveladas por Guacamaya Leaks alertaron sobre presuntos vínculos entre mandos policiacos y el grupo criminal. Las advertencias existían. Hernán permaneció en el cargo.

La pregunta ya no es qué hizo Hernán. La Fiscalía cree tener esa respuesta. La pregunta es otra: ¿cuánto tiempo resistirá un hombre que enfrenta la posibilidad de pasar el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad sin explicar quién lo nombró, quién lo sostuvo y quién sabía lo que ocurría dentro de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de Tabasco?

Porque llega un momento en que el silencio deja de ser lealtad. Se convierte en sacrificio.

Adán Augusto López Hernández y Hernán Bermúdez Requena durante un acto oficial relacionado con seguridad pública en Tabasco.
Adán Augusto López Hernández nombró a Hernán Bermúdez como secretario de Seguridad en diciembre de 2019.

El sacrificado

Ciento cincuenta y cuatro años de prisión no dejan espacio para la esperanza. Dejan espacio para las preguntas. La primera es brutal: ¿qué hombre aceptaría cargar en solitario con una condena que equivale a morir en una celda? La segunda incomoda todavía más: ¿qué recibió a cambio de su silencio?

La Fiscalía General del Estado de Tabasco sostiene que el hombre encargado de garantizar la seguridad utilizó esa misma estructura para cometer los delitos que debía perseguir. Según las investigaciones, las víctimas no fueron únicamente integrantes de grupos criminales rivales. También hubo ciudadanos, empresarios y comerciantes. La acusación es demoledora: quien debía combatir el miedo habría convertido el miedo en su principal herramienta de control.

La semana pasada, durante la audiencia intermedia de la causa penal 213/2025, el Ministerio Público presentó 40 carpetas de investigación y solicitó una condena acumulada de 154 años de prisión por los delitos de asociación delictuosa, secuestro agravado y extorsión agravada. El juez deberá resolver la admisión de pruebas y definir el camino hacia el juicio oral. A la par, Bermúdez ya enfrenta procesos por desaparición forzada y peculado, mientras una orden de aprehensión federal por delincuencia organizada permanece suspendida por un amparo.

Hoy, Hernán Bermúdez Requena vive aislado en el Altiplano. Tiene las cuentas congeladas, perdió el control político que acumuló durante años y enfrenta la posibilidad real de no volver a caminar en libertad. El hombre que concentró la información más sensible sobre la seguridad de Tabasco pasó de dirigir operativos a depender de custodios. Del poder absoluto al encierro permanente.

Al otro lado de los muros, quienes compartieron el poder con él siguen adelante. Adán Augusto López Hernández ocupa un escaño en el Senado. Carlos Manuel Merino permanece en la administración federal. Jaime Lastra conserva influencia política en el Congreso federal. El responsable de la seguridad pública durante cinco años es el único que enfrenta la perspectiva de envejecer y morir en prisión.

Las condenas de vida rompen pactos. Destruyen lealtades. Obligan a revisar el pasado. Porque llega un momento en que un hombre deja de preguntarse cuánto tiempo resistirá encerrado. Empieza a preguntarse quién lo nombró, quién lo sostuvo y quién decidió dejarlo solo frente a una condena que equivale a morir en prisión.

Ahí comienza la verdadera historia.

Ruta judicial

El cerco judicial

El expediente dejó de ser ruido político: ya camina hacia juicio oral.

Septiembre 2025
Detención en Paraguay
Abril 2026
Vinculación por desaparición forzada
Abril 2026
Vinculación por peculado
Junio 2026
Fiscalía solicita 154 años
Siguiente fase
Admisión de pruebas y juicio oral
Además enfrenta una orden federal por delincuencia organizada, suspendida por un amparo.

Los jefes

Hernán Bermúdez Requena no apareció por accidente en la Secretaría de Seguridad. No llegó por méritos técnicos ni por una trayectoria policial ejemplar. Llegó porque era un hombre de confianza. Un operador útil. Un empleado del poder.

Hernán atravesó gobiernos, grupos políticos y sexenios porque sabía moverse en las zonas más oscuras del poder. Apareció en el gurrismo, trabajó con el madracismo, sobrevivió al andradismo y terminó instalado en el círculo más cercano de Adán Augusto López Hernández. Durante años operó en tareas de inteligencia, control político y seguridad. Nunca fue un actor autónomo. Siempre respondió a alguien.

Por eso el asunto de fondo no es quién era Hernán. En Tabasco, esa respuesta se conocía desde hace tiempo. El verdadero interrogante es otro: ¿por qué un operador con ese perfil terminó al frente de la seguridad pública del estado? Adán lo nombró. Carlos Manuel Merino lo mantuvo. Durante esos años, la seguridad fue presentada como un bloque sin fisuras. Adán presumía un tridente de la justicia: Seguridad, Fiscalía y Tribunal Superior de Justicia. La coordinación, aseguró una y otra vez, era total.

Las filtraciones de Guacamaya Leaks demolieron ese discurso. Los documentos militares difundidos por distintos medios, entre ellos Proceso, no retrataban a Hernán como un funcionario rebasado por el crimen. Lo identificaban como el “Comandante H” y lo ubicaban como presunto líder de La Barredora, una célula ligada al CJNG. Los reportes de inteligencia advertían que desde 2021 aparecía dando instrucciones a grupos criminales. Aun así, siguió al frente de la Secretaría.

Las alertas existían. Eran precisas. Y nadie puede sostener seriamente que un secretario de Seguridad operaba en el vacío. Las mesas de seguridad eran permanentes. Los informes eran periódicos. Las decisiones se concentraban en un círculo reducido. Si la Fiscalía sostiene hoy que una organización criminal se incrustó en la estructura encargada de combatirla, la discusión deja de ser policial. Se vuelve política.

Porque si Hernán era el empleado, alguien ocupaba la oficina del jefe.

Autoridades trasladan a Hernán Bermúdez Requena tras su detención en Paraguay en septiembre de 2025.
Hernán Bermúdez fue detenido en Paraguay tras una ficha roja internacional y trasladado a México.

El precedente

Antes de convertirse en secretario de Seguridad, Hernán Bermúdez Requena ya era un personaje conocido en los sótanos del poder tabasqueño. No llegó con la llamada Cuarta Transformación. Llevaba décadas ahí.

Apareció en el gurrismo, trabajó con el madracismo, sobrevivió al andradismo y terminó instalado en el círculo más cercano de Adán Augusto López Hernández. Mientras otros políticos iban y venían, Hernán seguía en posiciones ligadas a la inteligencia, la seguridad y la operación política. Siempre cerca del poder. Siempre lejos de los reflectores.

A principios de los años dos mil fue señalado públicamente por presuntas tareas de espionaje y por la contratación de tecnología israelí para labores de inteligencia durante el gobierno de Roberto Madrazo. Entre quienes lo acusaron estuvo Andrés Manuel López Obrador, quien lo vinculó con acciones de vigilancia y con la operación de grupos de choque contra su movimiento.

En junio de 2006, Hernán Bermúdez Requena fue detenido por la entonces SIEDO mientras cenaba con Cirilo Vázquez Lagunes, hermano del ganadero Ponciano Vázquez, asesinado días antes en Huimanguillo. En aquellos días circuló la versión de que Cirilo lo señalaba por el homicidio de su hermano. La investigación no derivó en una acusación formal.

Mientras Hernán era detenido, Adán Augusto López Hernández era fotografiado en Acayucan, Veracruz, durante el velorio de Ponciano Vázquez. Adán ejercía entonces como notario del ganadero y comenzaba su carrera política dentro del PRD. Años después, el hombre detenido por la SIEDO terminaría convertido en su secretario de Seguridad.

Pero el dato más inquietante está en otro lado.

Entre 2001 y 2005, durante el gobierno de Manuel Andrade Díaz, una organización integrada por mandos policiacos conocida como La Hermandad fue señalada por investigaciones periodísticas y judiciales por presuntos secuestros, extorsiones, protección criminal y control territorial.

Años después, la Fiscalía sostiene que La Barredora operó desde la Secretaría de Seguridad durante el gobierno de Adán Augusto López Hernández.

La comparación es inevitable. Manuel Andrade y Adán Augusto pertenecen al mismo grupo político. Construyeron juntos una parte de su carrera. Adán coordinó la primera campaña de Andrade al gobierno. Y, en ambos sexenios, las acusaciones apuntan hacia modelos de operación policiaca con rasgos inquietantemente parecidos.

Las organizaciones cambian de nombre. Los gobiernos cambian de partido. Lo que permanece es la pregunta. ¿Por qué dos políticos formados juntos terminaron gobernando con esquemas de seguridad señalados por operar de forma similar?

Patrón histórico

Dos modelos, una pregunta

Dos gobiernos del mismo grupo político. Dos estructuras policiacas señaladas. Un parecido incómodo.

La Hermandad

Periodo
Gobierno de Manuel Andrade
Base
Mandos dentro de Seguridad Pública
Señalamientos
Control territorial, extorsión y protección criminal
Ruptura
Granier no entregó la Secretaría

La Barredora

Periodo
Gobierno de Adán Augusto
Base
Secretaría de Seguridad estatal
Acusación
Operación criminal desde la corporación
Caída
Hernán detenido y procesado
La pregunta no es si se parecen. La pregunta es por qué se repitieron.

Hernán Bermúdez Requena participa en una reunión oficial durante el gobierno de Adán Augusto López Hernández.
Hernán Bermúdez formó parte del equipo de seguridad del gobierno encabezado por Adán Augusto López Hernández.

El precio de una época

Si la condena solicitada por la Fiscalía se confirma, Hernán Bermúdez Requena pasará el resto de su vida en prisión. Ese será su destino judicial. Pero el alcance político de su caída va mucho más allá de un expediente.

Porque Hernán no es un accidente. Es el producto de una forma de ejercer el poder que durante décadas confundió la lealtad personal con el servicio público, la operación política con el control institucional y la seguridad con la administración del miedo.

Su historia atraviesa gobiernos, partidos y generaciones. Comenzó en los años del gurrismo, sobrevivió al madracismo, al andradismo y encontró un nuevo espacio en el grupo político encabezado por Adán Augusto López Hernández. Cambiaron las siglas. Cambiaron los discursos. Los operadores permanecieron.

La acusación que hoy enfrenta obliga a mirar hacia atrás. A revisar una época en la que las fronteras entre el poder político, los intereses privados y las estructuras de seguridad se volvieron cada vez más difusas. Una época formada bajo la influencia de los viejos grupos del poder nacional que hicieron de la cercanía personal un mecanismo de gobierno.

Antes y ahora

Del poder al Altiplano

La caída de Hernán no es solo judicial. Es la pérdida total del poder que acumuló durante años.

Ayer

  • Secretario de Seguridad
  • Coordinaba operativos
  • Acceso directo al poder
  • Información sensible del estado

Hoy

  • Interno del Altiplano
  • Comparece por videoconferencia
  • Cuentas congeladas
  • Riesgo de morir en prisión
El poder siguió caminando. Hernán se quedó solo.

Hernán está solo en una celda del Altiplano. Quienes compartieron el poder con él siguen en la política, en el Congreso o en cargos públicos. Esa es la fotografía del momento.

La verdadera pregunta no es si Hernán hablará. La verdadera pregunta es si Tabasco está dispuesto a romper con el modelo que lo hizo posible. Porque una condena de 154 años puede encerrar a un hombre. Pero no basta para sepultar una forma de hacer política.

Hernán Bermúdez Requena permanece bajo custodia mientras enfrenta diversos procesos penales.
El exsecretario de Seguridad permanece recluido en el penal federal del Altiplano mientras enfrenta múltiples procesos judiciales.

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