TEHERÁN.— La confirmación pública de que Rusia y China mantienen cooperación militar con Irán durante su confrontación con Estados Unidos e Israel no es sólo una declaración diplomática más en medio de una crisis regional. Es una señal clara de cómo el equilibrio de poder global se está reconfigurando en torno a bloques estratégicos cada vez más definidos.
El canciller iraní Abbas Araghchi afirmó que Moscú y Pekín continúan apoyando a Teherán en múltiples frentes —político, económico y militar— mientras el conflicto en el Golfo Pérsico escala con Washington. La declaración, hecha durante una entrevista televisiva, describió a ambas potencias como “socios estratégicos” de Irán en el actual escenario de confrontación.
La frase tiene implicaciones que trascienden el conflicto inmediato. Si Irán logra sostener su posición regional con respaldo político y militar de dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, el conflicto deja de ser una disputa localizada en Medio Oriente y se inserta en la lógica de competencia entre grandes potencias.
Durante la última década, Irán ha estrechado vínculos con Moscú y Pekín en respuesta a la presión estadounidense. El país ha suministrado a Rusia drones Shahed, utilizados en la guerra en Ucrania, mientras China consolidó su presencia económica con un acuerdo de cooperación energética de 25 años, que garantiza el suministro de petróleo iraní para alimentar su demanda energética.

El Golfo Pérsico vuelve a ser el epicentro estratégico mundial
La revelación de Araghchi coincide con una nueva fase de escalada militar en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más críticos del planeta. Aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas que se consume en el mundo transita por ese paso marítimo entre Irán y Omán.
En ese contexto, Estados Unidos lanzó ataques aéreos contra la isla iraní de Kharg, el principal nodo petrolero de Irán, donde se procesa cerca del 90 % del crudo del país. Washington aseguró que la operación estuvo dirigida exclusivamente contra objetivos militares, incluyendo depósitos de minas navales, búnkeres de misiles y bases logísticas.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) afirmó que la operación destruyó más de 90 objetivos militares, evitando dañar instalaciones petroleras clave.
El objetivo estratégico de Washington es limitar la capacidad iraní para bloquear el estrecho de Ormuz o amenazar el tráfico marítimo internacional. Sin embargo, la operación también envía un mensaje geopolítico más amplio: Estados Unidos intenta preservar su influencia en un corredor energético que resulta vital para la economía mundial.
ALIANZA ESTRATÉGICA
Irán confirma cooperación política, económica y militar con Rusia y China.
| Actor | Tipo de relación |
|---|---|
| Irán – Rusia |
Vínculo militar Cooperación militar y uso de drones Shahed. |
| Irán – China |
Vínculo energético Acuerdo energético de 25 años. |
| Rusia – China |
Coordinación diplomática Coordinación diplomática contra presión occidental. |
| Irán |
Posición regional Socio estratégico en Medio Oriente. |
Amenazas energéticas y guerra híbrida en el Golfo
La respuesta iraní fue inmediata y agresiva. Teherán advirtió que atacará cualquier infraestructura energética vinculada a intereses estadounidenses en Medio Oriente si sus propias instalaciones petroleras son dañadas.
Un portavoz del cuartel general militar Khatam al-Anbiya declaró que las instalaciones petroleras y energéticas de la región que colaboren con Estados Unidos “serán destruidas y convertidas en cenizas” en caso de un ataque contra Irán.
Las advertencias no tardaron en traducirse en hechos. Un ataque con drones contra el puerto de Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos —uno de los principales centros de abastecimiento de combustible marítimo del Golfo— obligó a suspender temporalmente operaciones de carga de petróleo.
El episodio revela cómo la confrontación se está moviendo hacia una guerra híbrida en la que instalaciones energéticas, puertos y rutas marítimas se convierten en instrumentos de presión estratégica.
Mientras tanto, Irán anunció restricciones en el tránsito por el estrecho de Ormuz para buques estadounidenses e israelíes, aunque aclaró que la vía sigue abierta para otros países.

La disputa energética que amenaza la economía global
La crisis ya está teniendo impacto en los mercados internacionales. Las tensiones en el estrecho han impulsado el precio del petróleo por encima de 100 dólares por barril, despertando temores de una nueva crisis energética global.
Ante este escenario, el presidente estadounidense Donald Trump pidió a varios países enviar buques de guerra para proteger el paso marítimo. El llamado incluyó a China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido, todos grandes consumidores de energía que dependen del flujo estable de hidrocarburos desde el Golfo.
El Pentágono, por su parte, está desplegando miles de infantes de marina, buques de guerra y cazas F-35 adicionales en la región para reforzar la seguridad del estrecho.
Pero más allá de la militarización inmediata, el episodio refleja una transformación más profunda del sistema internacional. El conflicto ya no es únicamente entre Washington y Teherán. Se está convirtiendo en un escenario donde las grandes potencias —Estados Unidos, Rusia y China— miden influencia en torno a uno de los recursos estratégicos más importantes del planeta.
Y eso significa que la crisis del Golfo no es sólo un episodio regional. Es un capítulo más en la competencia por el poder en el orden mundial del siglo XXI.
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