CDMX.— El empleo formal en Tabasco registró una caída anual de 6.5% en octubre, una de las bajas más pronunciadas del país, al mismo tiempo que la producción industrial retrocedió 15.16% en el periodo enero-julio.
Estos indicadores no describen un problema pasajero, sino el final de un ciclo económico que sostuvo a Tabasco entre 2019 y 2024. El modelo basado en obra pública, infraestructura energética y gasto federal directo está entrando en fase de enfriamiento, y la economía estatal todavía no consolida un nuevo motor productivo capaz de absorber la disminución de empleo y actividad.
Durante cinco años, Tabasco experimentó una reactivación impulsada por proyectos estratégicos: refinería, logística, urbanización industrial y cadenas de suministro asociadas.
Este ciclo generó miles de empleos formales y dinamizó comercio, restaurantes, transporte y servicios empresariales. Pero ese impulso tuvo un origen claro: el gasto público. Hoy, ese motor reduce velocidad y lo que queda visible es la dependencia estructural que no se sustituyó a tiempo con inversión productiva privada y cadenas de valor de largo plazo.
CAMBIO DE CICLO
La transición hacia una economía diversificada avanza, pero lo hace de forma más lenta de lo que la realidad laboral exige. El empleo formal en Tabasco sigue vinculado en gran proporción a proyectos y contratos, no a estructuras permanentes de producción.
A diferencia de entidades como Nuevo León, Jalisco o Ciudad de México —donde el sector privado sostiene el ciclo— Tabasco se encuentra a medio puente: ya no cuenta con el impulso pleno de grandes obras, pero aún no consolida el tejido empresarial y agroindustrial que debería reemplazarlo.
El mercado laboral lo está reflejando. La industria cayó más que el empleo, lo que indica que el ajuste no ha terminado. En la secuencia económica, la industria ajusta primero, el empleo después, el comercio luego y, finalmente, la recaudación.
Tabasco está recorriendo esa curva. Por eso, la discusión de fondo no debe centrarse en el número de empleos perdidos, sino en la pregunta estructural: ¿qué va a sustituir al ciclo de infraestructura energética?
NUEVO MOTOR
Las alternativas están identificadas: agroindustria escalable, acuacultura de valor agregado, logística de distribución regional, servicios corporativos y manufactura de transformación pequeña y mediana.
Pero esas industrias necesitan tres cosas que aún no se mueven con la velocidad requerida: crédito, volumen de inversión privada y conexión con mercados externos. La ventana para acelerar ese proceso es limitada; si el relevo productivo tarda demasiado, Tabasco podría entrar en una fase prolongada de crecimiento bajo, justo en el momento en que otros estados del Sureste comienzan a posicionarse con ventaja logística.
La lectura no es catastrófica, pero sí urgente. El empleo formal en Tabasco no está colapsando; está reajustándose a la ausencia de un motor que ya terminó su ciclo. La clave es evitar que ese ajuste se prolongue hasta convertirse en estancamiento.
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