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Brett Ratner vuelve del exilio: del #MeToo al documental de Melania y el poder de Trump

WASHINGTON.— En Hollywood la memoria es corta, pero el poder es largo. Y Brett Ratner lo acaba de demostrar como esos magos que desaparecen entre humo y reaparecen en la alfombra roja como si nada hubiera pasado.

Una década después de ser expulsado del paraíso por acusaciones de violación y conducta sexual inapropiada, el director de Rush Hour volvió a encender las luces. No regresó con una comedia ni con superhéroes. Volvió con política. Con apellido presidencial. Con Melania.

El jueves por la noche, en el Kennedy Center de Washington, el cineasta de 56 años estrenó su nuevo proyecto: un documental sobre Melania Trump. Traje oscuro, sonrisa ensayada y esa seguridad de quien sabe que el escándalo, con los años, también se maquilla. Ratner no entró por la puerta lateral. Cruzó por la principal, como si Hollywood nunca le hubiera dado la espalda.

Hace apenas unos años parecía imposible. En 2017, cuando el #MeToo ardía como incendio forestal, varias mujeres lo señalaron por agresiones sexuales. Warner Bros rompió contratos, estudios cancelaron películas y su nombre desapareció de los créditos. Fue un apagón profesional. El ex rey de la taquilla quedó en silencio.

Pero Ratner hizo lo que mejor saben hacer algunos hombres poderosos: esperar. Cambió de escenario, se mudó a Israel, cultivó amistades políticas, se acercó a Benjamin Netanyahu, y luego, discretamente, volvió al círculo de Donald Trump. Donde otros veían ostracismo, él vio estrategia.

DE CANCELADO A CONSENTIDO PRESIDENCIAL

La conexión con los Trump no es nueva. Ratner filmó escenas de Tower Heist en la Torre Trump en 2011. Desde entonces orbitó ese universo de millonarios, galas y cenas privadas. Hoy esa cercanía se convirtió en salvavidas.

Cuando Melania Trump decidió producir un documental sobre su vida, Ratner respondió la llamada. “Aporta calidad cinematográfica y estilizada”, dijeron sus asesores. Traducción hollywoodense: sabe vender glamour, incluso cuando el guion es político.

Y el dinero habló fuerte. Amazon MGM habría pagado cerca de 40 millones de dólares por el proyecto. Una cifra que en la industria levantó cejas. Un agente veterano me lo resumió como si contara un chisme en coctel: “Eso no es un contrato, es un rescate”.

La pregunta flota como perfume caro: ¿es talento o influencia? Porque el regreso no ocurre por una ovación artística. Ocurre por contactos. Por amistades en el poder. Por fotos en Mar-a-Lago. Ratner no volvió solo. Volvió apadrinado.

Cartel monumental de la película documental Melania con retrato en blanco y negro de Melania Trump instalado en una avenida, mientras peatones caminan frente al anuncio.
Un cartel gigante del documental Melania domina la calle durante su estreno en Washington. La película, dirigida por Brett Ratner, marca el regreso del cineasta tras años de exilio en Hollywood y subraya la alianza entre espectáculo, política y figuras cercanas a Donald Trump.

EL REGRESO DE RATNER

ELEMENTODATO CLAVE
ExilioCancelado tras acusaciones #MeToo en 2017
Nuevo proyectoDocumental Melania
EstrenoKennedy Center, Washington
DistribuciónAmazon MGM
Presupuesto estimado40 millones de dólares
RespaldoCercanía con Donald Trump

UN DIRECTOR CON SOMBRA LARGA

Ratner siempre fue un personaje de excesos. Mansiones en Beverly Hills, fiestas interminables, romances con celebridades, jets privados. Un playboy con cámara al hombro. Mientras filmaba éxitos de taquilla, también acumulaba historias incómodas.

Antes incluso del #MeToo, ya cargaba polémicas: comentarios homófobos, comportamientos arrogantes, amistades peligrosas. En fotos antiguas aparece con Sean “Diddy” Combs, con productores caídos en desgracia, con magnates que hoy son expediente judicial. Ratner caminó durante años por el filo.

Y sin embargo, ahí está otra vez. Planea Rush Hour 4. Tiene en carpeta un documental sobre los Acuerdos de Abraham. Se mueve entre diplomáticos y empresarios como si fuera productor de la ONU. Su agenda ya no es de Hollywood: es de poder.

Lo que cambió no es el talento. Es el tablero. Ratner entendió que el nuevo Hollywood no está sólo en Los Ángeles. También está en Washington, en Tel Aviv, en las oficinas de streaming. El cine ahora se cocina con geopolítica.

LA FARÁNDULA TAMBIÉN VOTA

Ver este regreso es como mirar una vieja película de redención, pero sin moraleja. No hay disculpas públicas ni juicios resueltos. Sólo silencio, dinero y amigos influyentes. El espectáculo, otra vez, gana por nocaut.

Porque en el fondo Melania no es sólo un documental. Es una declaración de intenciones. Es la prueba de que la industria puede cancelar, pero el poder puede perdonar. Y cuando la política abraza a la farándula, todo vuelve a empezar.

Ratner lo sabe. Camina por el estreno como quien regresa a casa después de una tormenta. Saluda, posa, sonríe. Afuera, los flashes. Adentro, la película. Y detrás, una lección vieja como Hollywood: en esta ciudad, más que talento, vale tener amigos en la cima.

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