EL BAÚL DEL DJ / JAIME R. DEL VALLE / 26 / 02 / 26
Hablar de Willie Colón no es solo hablar de salsa; es hablar de la crónica social del Caribe urbano, de la reinvención de la identidad latina en Nueva York y de una audacia musical que cambió las reglas del juego.
El llamado “Malo” del Bronx William Anthony Colón Román nació en el Bronx en 1950, en medio de la efervescencia cultural de la migración puertorriqueña. A diferencia de otros músicos de la época que buscaban un sonido pulcro, Willie Colón emergió con un estilo crudo, rebelde y agresivo.
A los 17 años firmó con Fania Records. Su primer álbum, El Malo (1967), ya mostraba su sello: un trombón protagonista y una estética callejera que conectaba con el barrio latino de Nueva York.
Su alianza con Héctor Lavoe es, posiblemente, la más importante en la historia de la salsa. Juntos grabaron himnos como Che Che Colé, Aguanilé y La Murga, que definieron el sonido de la salsa neoyorquina.
Tras separarse de Lavoe, se unió a Rubén Blades para crear Siembra (1978), considerado el disco más vendido del género y una obra que elevó la salsa a la categoría de narrativa social latinoamericana.
Willie Colón no fue el trombonista más virtuoso técnicamente, pero sí un visionario de la producción. Impuso el sonido de los trombones como eje central, dándole a la salsa ese tono pesado y urbano que la diferenció del mambo refinado de los años cincuenta.
Además, fue pionero en mezclar ritmos tradicionales puertorriqueños —bomba y plena— con jazz, rock, bossa nova y música africana.
Más que música bailable, Willie Colón convirtió la salsa en herramienta de denuncia. Sus canciones hablaron de inmigración, barrio, identidad y exclusión, dándole profundidad intelectual a un género que hasta entonces era visto solo como fiesta.
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