Composición fotográfica de Delcy Rodríguez y Donald Trump que ilustra la escalada de presión política y amenazas de Estados Unidos sobre Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro.
Delcy Rodríguez y Donald Trump, enfrentados en una pulseada de poder que define la nueva fase de presión estadounidense sobre Venezuela, entre amenazas directas, control político y una transición marcada por la coerción internacional.

Venezuela en conmoción: Trump amenaza a Delcy y eleva presión máxima

WASHINGTON.— La crisis venezolana entró este domingo en una fase más peligrosa y explícita, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una amenaza directa contra la vicepresidenta Delcy Rodríguez, designada por el Tribunal Supremo de Justicia para asumir el Ejecutivo tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro.

“Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, tal vez mayor al de Maduro”, dijo Trump en una entrevista con The Atlantic, confirmando que la presión de Washington ya no es solo estructural o doctrinaria, sino personal y coercitiva.

La advertencia marcó un giro respecto del tono del sábado, cuando Trump había hablado de “ver qué pasaba” con el liderazgo venezolano tras la operación militar que culminó con la captura de Maduro fuera del país.

Según relató el periodista Michael Scherer, el contraste fue deliberado: de una retórica pragmática y ambigua a una intimidación directa contra la figura que hoy articula la continuidad del poder en Caracas.

Mientras el presidente estadounidense multiplicaba entrevistas para explicar —y a menudo complicar— su posición, en Venezuela el poder duro se movía con rapidez para cerrar filas y exhibir control interno.

El alto mando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana respaldó en pleno la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que declaró la ausencia temporal de Maduro y designó a Rodríguez como presidenta encargada, al tiempo que avaló el decreto de conmoción exterior.

El ministro de Defensa, el general Vladimir Padrino López, leyó en cadena nacional un documento oficial que garantizó la gobernabilidad del país y confirmó el despliegue total de las fuerzas en el territorio.

Denunció el “cobarde secuestro” del presidente y de su esposa Cilia Flores, y acusó a militares estadounidenses de haber asesinado “a sangre fría” a integrantes del equipo de seguridad y a civiles durante la incursión’.

Delcy Rodríguez pronuncia un mensaje público tras ser designada presidenta encargada de Venezuela, con una imagen de Hugo Chávez al fondo.
Delcy Rodríguez habla al país luego de ser designada presidenta encargada por el Tribunal Supremo de Justicia, en un contexto de conmoción interna, respaldo militar y fuertes presiones de Estados Unidos tras el secuestro de Nicolás Maduro.


DECISIONES EN CARACAS

  • TSJ declara ausencia temporal y nombra a Delcy Rodríguez presidenta encargada.
  • Activación del decreto de conmoción exterior.
  • Respaldo público del alto mando militar.
  • Llamado a la unidad cívico-militar y a la calma social.

EL PODER DURO

La escena institucional fue cuidadosamente construida. El Consejo de Defensa de la Nación sesionó con la presencia del presidente de la Asamblea Nacional, ministros clave, jefes militares y la presidenta del TSJ, dejando claro que los poderes del Estado seguían operando.

Rodríguez, en cadena nacional, reiteró que el único presidente de Venezuela es Maduro y exigió su liberación inmediata, pero al mismo tiempo llamó a la calma y a la unidad cívico-militar-policial para enfrentar la agresión.

El decreto de conmoción exterior, ya firmado por Maduro antes de su captura, entró en vigor de inmediato. Se trata de una de las figuras más extremas previstas en la Constitución venezolana y habilita al gobierno a activar plenamente a la Fuerza Armada frente a amenazas externas.

Fotografía de Rosa González, mujer venezolana de 80 años, víctima civil fallecida durante el ataque militar de Estados Unidos en Caracas.
Rosa González, de 80 años, murió en su apartamento durante el ataque estadounidense en Venezuela. Su muerte, como la de otros civiles, ha pasado casi inadvertida en la cobertura internacional, especialmente en medios europeos.


FOCO ROJO | El mensaje de Washington

  • Amenaza directa de Trump a Delcy Rodríguez.
  • Condicionamiento: cooperación solo si hay “decisiones adecuadas”.
  • Presión múltiple para proteger intereses estratégicos.
  • Despliegue militar: opción no descartada.

En términos políticos, es una señal de resistencia, pero también de disposición a ganar tiempo frente a un adversario mucho más poderoso.

Desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio dejó claro que Estados Unidos está dispuesto a “trabajar con los líderes actuales” de Venezuela si toman las decisiones adecuadas, y advirtió que su país mantiene “múltiples palancas de presión” para proteger sus intereses. Interrogado sobre Rodríguez, evitó comprometerse con su permanencia y repitió que Washington “verá qué va a pasar”.

Rubio insistió en que la misión estadounidense no es comparable con Libia, Irak o Afganistán, pero no descartó el despliegue de tropas y calificó esa posibilidad como una “obsesión de la opinión pública”. El núcleo de su discurso fue otro: frenar el narcotráfico y reorientar la industria petrolera para que no beneficie a “piratas” ni a adversarios de Estados Unidos.

AMENAZA ABIERTA

Las palabras de Trump en The Atlantic terminaron de despejar la ambigüedad. En la entrevista, el mandatario buscó además desanclar su decisión de la geografía. Dijo que el secuestro de Maduro no fue solo una actualización de la Doctrina Monroe ni una cuestión de control del hemisferio occidental. “No es el hemisferio. Es el país. Son los países individuales”, afirmó, ampliando el alcance conceptual de la intervención.

Para ilustrar esa lógica, Trump mencionó Groenlandia, territorio gobernado por Dinamarca, aliado de la OTAN. “Si necesitamos a Groenlandia, absolutamente”, dijo, aludiendo a la presencia rusa y china en la región. El mensaje fue inequívoco: la lógica de intervención ya no reconoce fronteras regionales ni alianzas tradicionales.


CLAVES | La transición en tres fases

  1. Control del caos: poder armado y continuidad administrativa.
  2. Reacomodo: entrada gradual de actores civiles y técnicos.
  3. Legitimación: elecciones y narrativa democrática.

En Caracas, las primeras horas tras el bombardeo y la captura de Maduro mostraron una población impactada y en alerta. Con el metro y el ferrocarril paralizados, largas filas en supermercados y farmacias y patrullajes de seguridad, la vida cotidiana se contrajo.

A media mañana emergieron dos escenas simultáneas: concentraciones chavistas en plazas Bolívar del país y ciudadanos que optaron por permanecer en sus casas.

Las zonas atacadas —Fuerte Tiuna, La Carlota, La Guaira, Maracay e Higuerote— están rodeadas de áreas residenciales. Aunque no hubo un balance oficial inmediato, circularon reportes de civiles muertos y heridos.

El fiscal general Tarek William Saab confirmó la existencia de víctimas inocentes. No hubo festejos masivos por la captura del presidente; predominó el temor a un segundo ataque, posibilidad que el propio Trump no descartó.

LA LÓGICA FRÍA

Desde una lectura geopolítica, la centralidad de Delcy Rodríguez no responde a afinidades ideológicas ni a legitimidades electorales, sino a utilidad estratégica.

Representa continuidad administrativa —ministerios, PDVSA, puertos, bancos—, un canal directo con el poder armado y capacidad de ejecutar decisiones inmediatas. En transiciones forzadas, se negocia con quien puede apagar o encender el incendio.

Esa misma lógica explica por qué la oposición civil no ocupa hoy el centro de la escena. Figuras como María Corina Machado carecen de control territorial y armado para garantizar estabilidad inmediata, mientras que Edmundo González funciona como símbolo electoral, no como operador de crisis. En el guion clásico de las transiciones duras, la legitimación llega después del control del caos.

La advertencia directa de Trump a Rodríguez confirma que Washington no busca solo continuidad administrativa, sino obediencia bajo amenaza.

El riesgo es evidente: una escalada que transforme la presión en ruptura abierta o que prolongue una transición tutelada, con costos sociales y políticos crecientes.

Venezuela, mientras tanto, intenta blindar su soberanía con legalidad interna, cohesión militar y diplomacia de urgencia. “No vamos a ser colonia de nadie”, dijo Rodríguez.

En esa frase se condensa la disputa central: control versus legitimidad, intereses estratégicos versus derecho internacional. La historia rara vez empieza donde los pueblos quisieran; casi siempre comienza donde el poder decide que puede hacerlo.

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