El gobernador Javier May Rodríguez camina junto a una vecina durante la supervisión de obras de equipamiento urbano en Cunduacán, mientras personal técnico y habitantes acompañan el recorrido en zona intervenida.
El gobernador Javier May Rodríguez recorre una obra de equipamiento urbano en Cunduacán acompañado por habitantes de la zona, como parte de las jornadas de atención en territorio con las que el Gobierno del Pueblo supervisa avances, escucha demandas directas y acelera acciones de infraestructura básica en comunidades con rezagos históricos.

“Vamos a 120 kilómetros por hora; para mayo iremos a 180”: May en territorio

El arranque de 2026 en Tabasco dejó una señal política clara: el Gobierno del Pueblo decidió comenzar el año en territorio, con obras visibles y mensajes de ritmo. No fue una gira protocolaria.

Fue una secuencia de acciones concretas, medicibles y con impacto directo en comunidades que acumularon rezagos durante años. Ese es el enfoque que explica la narrativa de estos primeros quince días: gobernar desde la obra, no desde el escritorio.

Durante recorridos por Cunduacán, Jalpa de Méndez y Tacotalpa, el gobernador Javier May Rodríguez colocó el acento en dos variables que suelen definir el éxito político temprano: servicios básicos y presencia permanente.

“Vamos a 120 kilómetros por hora; para mayo iremos a 180”, dijo en Cunduacán. La frase no fue solo retórica: estuvo respaldada por inauguraciones, supervisiones y compromisos cumplidos frente a comunidades que esperaron más de una década.

OBRAS DE AGUA POTABLE

Uno de los puntos más sensibles fue el agua potable, un derecho humano que en regiones rurales de Tabasco suele traducirse en infraestructura precaria o sistemas abandonados.

En el ejido Lázaro Cárdenas, Tacotalpa, el Gobierno estatal entregó la rehabilitación integral de un sistema de agua potable con una inversión superior a 2.5 millones de pesos, beneficiando a 1,289 habitantes.

El pozo llevaba más de un año prácticamente sin funcionar. Hoy opera con una bomba de hasta 18 litros por segundo y una profundidad de 69 metros, de acuerdo con la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento (CEAS).

“Estamos alegres porque ya tenemos agua en nuestras casas”, resumió la delegada municipal Lucía Cristel López Hernández. El gobernador fue directo: los recursos “son del pueblo” y deben manejarse con responsabilidad.

LLAMA A CUIDA EL AGUA

El mensaje incluyó una advertencia técnica y política: aunque Tabasco concentra alrededor del 35% del agua dulce del país, llevarla a los hogares cuesta y exige cuidado de mantos acuíferos y ríos.

En el Centro Integrador Tierra y Libertad, en Cunduacán, la escena se repitió con mayor escala. Tras 15 años de rezago, 2,500 habitantes accedieron por primera vez a agua limpia mediante un Sistema de Agua Potable con pozo profundo, con inversión de 4.9 millones de pesos.

La obra incluyó un pozo gemelo de 200 metros, bomba sumergible de 20 litros por segundo, rehabilitación de tanque elevado de 100 m³, caseta de operación, subestación eléctrica y cerca perimetral.

Testimonios como el de Katia Saldaña o Natividad León Guzmán coincidieron en un punto: antes el agua “salía sucia y sin presión”; hoy es limpia y constante. La diferencia no es menor: impacta salud, economía doméstica y calidad de vida.

El componente político está en el cumplimiento. May recordó que el compromiso se hizo un año atrás y se ejecutó. Ese detalle importa en comunidades donde la memoria de promesas incumplidas pesa más que cualquier discurso.

La agenda se amplió al campo. Con Sembrando Vida Tabasco, el gobierno estatal impulsa el único programa agrícola financiado con recursos locales en el país, con más de 50 mil sembradoras y sembradores.

El programa no solo reforesta; inyecta ingreso mensual —cinco mil pesos— y, en muchos casos, devuelve arraigo. Historias como la de doña Miriam Magaña, de 76 años, o don David Izquierdo, quien migró a Estados Unidos por falta de apoyos y hoy ya no contempla irse, colocan al programa en una dimensión social que va más allá de la estadística.

En términos de lectura política, el mensaje es consistente: arranque acelerado, foco en rezagos históricos y construcción de legitimidad desde abajo. No hay promesas grandilocuentes; hay obras entregadas, cifras claras y beneficiarios identificables. Para un gobierno que apenas cruza sus primeras semanas de 2026, ese es un capital que suele marcar el tono del resto del año.

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