En tiempos en que la palabra “meta cumplida” suele invocar simulación o maquillaje de cifras, Tabasco ofrece una excepción que vale la pena observar. Lo que está ocurriendo con el programa Sembrando Vida Tabasco es algo más que un recuento administrativo: es la consolidación de un modelo de desarrollo territorial que busca no solo sembrar árboles, sino reconstruir comunidades, activar economías locales y sanar un tejido social largamente deteriorado.
El encuentro de seguimiento realizado este miércoles entre el gobernador Javier May Rodríguez y el personal técnico del programa, en el Auditorio II del DIF Tabasco, fue menos una ceremonia de cumplimiento y más un acto de reafirmación política: Tabasco apuesta por una economía forestal con rostro campesino y por un modelo en el que el Estado no llega con discursos, sino con viveros, jornales y arraigo.
UNA META CON RAÍCES
20 mil sembradoras y sembradores, distribuidos en 14 municipios, han sido incorporados ya al programa estatal, lo que representa una inversión mensual de 100 millones de pesos en salarios rurales. En sólo unos días, según anunciaron los responsables operativos, se habrá completado el padrón de 2025.
Asistimos a nuestra reunión trimestral de seguimiento del programa “Sembrando Vida Tabasco”, junto a técnicos y facilitadores que trabajan en 14 municipios de nuestro estado. pic.twitter.com/i6KvBru4k0
— JAVIER MAY (@TabascoJavier) August 6, 2025
Pero la dimensión de este esfuerzo no se agota en los números. En palabras del gobernador: “Estamos trabajando para devolverle la grandeza al edén de México, reforestando nuestra tierra, fortaleciendo el campo y asegurando un futuro de bienestar para nuestro pueblo”.
El mensaje no es ingenuo: se reconoce que Tabasco ha sufrido no sólo deforestación ambiental, sino también abandono institucional y migración por desesperanza. Sembrando Vida aparece, entonces, como una herramienta para anclar el futuro.
VIVEROS, COMUNIDAD Y GOBERNABILIDAD
Detrás de cada jornal hay una Comunidad de Aprendizaje Campesino (CAC). Ya hay 333 CAC constituidas, con sus respectivos viveros. Cada comunidad está integrada por 25 sembradores que producen, en conjunto, más de 2 millones 400 mil plantas.
Para diciembre, el objetivo es alcanzar 800 CAC, lo que implica también una forma de reorganizar el territorio: producción, cooperación y control social del espacio rural.
No se trata de utopías. La estrategia está dirigida a zonas dañadas por quemas o deforestación de cuencas. Ya se han identificado 610 áreas de reforestación y el 8 de octubre, el gobierno estatal realizará una jornada para sembrar 10 millones de árboles, en lo que podría convertirse en una acción emblemática del sexenio tabasqueño.
MODELO SOCIAL, NO PALIATIVO ECOLÓGICO
En sus versiones iniciales, programas como Sembrando Vida fueron criticados por su ejecución deficiente, por generar dependencia o incluso por incentivar la tala para justificar la siembra.
Tabasco ha querido corregir esas fallas de origen con un modelo propio: estructura territorial clara, acompañamiento técnico real, formación comunitaria y planeación ambiental.
El resultado es un modelo social, más que un paliativo ecológico. La meta de plantar árboles es inseparable de la meta de reconstruir sentido colectivo. Se crea empleo, pero también identidad rural. Se siembra el suelo, pero también la esperanza.
POLÍTICA DESDE ABAJO
En un país donde la política suele hacerse desde las capitales y en clave de coyuntura, lo que ocurre en Tabasco es una excepción que podría marcar tendencia: construir gobernabilidad desde el territorio, a través del trabajo, la tierra y el ingreso directo.
El gobernador May, sin el carisma explosivo de su antecesor, ha optado por un estilo distinto: menos plaza y más vivero; menos retórica y más obra; menos redes sociales y más comunidades organizadas.
Y en ese gesto se juega también una narrativa: la Cuarta Transformación no como promesa nacional, sino como experimento local tangible.
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