Julio Scherer Ibarra y Andrés Manuel López Obrador en composición editorial sobre ruptura política y tensiones internas en el primer círculo del poder.
El libro Ni venganza ni perdón revive la relación de tres décadas entre Julio Scherer Ibarra y Andrés Manuel López Obrador, pero también expone tensiones, diferencias internas y el quiebre en el núcleo más cercano del poder presidencial.

Análisis | El libro que desnuda las grietas del lopezobradorismo

Héctor I. Tapia

(PRIMERA ENTREGA / 1 DE 3)

En librerías circula ya Ni venganza ni perdón, el libro firmado por Julio Scherer Ibarra en coautoría con Jorge Fernández Menéndez. El dato periodístico es claro: quien fue consejero jurídico de la Presidencia durante la primera mitad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador publica su versión de los hechos cuando el sexenio de López Obrador ha terminado y la disputa por la narrativa del poder apenas comienza.

No es una investigación externa ni un ensayo académico. Es la voz de uno de los hombres que trabajó en el despacho contiguo al Presidente y que habla desde la cercanía. Esa cercanía aparece desde el tono mismo del libro: Scherer no habla de “el Presidente”, habla de “Andrés”. No es un detalle menor. Es una manera de marcar territorio político y emocional dentro del círculo íntimo del poder.

La reseña no puede ignorar que el libro arranca desde un lugar íntimo. Ahí está uno de los pasajes más reveladores, cuando describe la relación personal que tenían fuera del ámbito institucional:

El episodio no es una anécdota doméstica gratuita. Funciona como declaración de cercanía: Scherer quiere dejar claro que estuvo ahí cuando las decisiones no eran políticas sino personales. Desde ese lugar construye la autoridad de su relato como testimonio desde dentro del gobierno.

Pero esa misma cercanía plantea la primera duda crítica. El libro insiste en que no busca venganza ni perdón, sino memoria política. Sin embargo, al avanzar en sus páginas aparece un ajuste de cuentas soterrado, sobre todo cuando describe el funcionamiento interno del gobierno y el perfil del propio López Obrador.

Uno de los pasajes más duros se refiere a la forma en que el expresidente se relacionaba con el poder y con la narrativa pública:

La frase no es menor. Viniendo de quien fue el responsable jurídico de la Presidencia, implica una lectura política de fondo: el liderazgo se construyó más desde la narrativa moral que desde la estrategia legal.

Ese tipo de afirmaciones explican por qué el libro no puede leerse como una simple memoria personal. Es un testimonio desde el primer círculo presidencial que aparece cuando ya no existen responsabilidades institucionales, pero sí una batalla por definir cómo será recordado el sexenio.

La importancia del libro no está en su estilo ni en su anecdotario, sino en la posición del narrador. Es el primer relato sistemático desde el primer círculo del poder que intenta explicar cómo se tomaban decisiones y cómo comenzaron a romperse las lealtades internas.

Y ahí está la clave de lectura: más que una confesión, el libro funciona como una intervención política tardía. Una versión interesada, sí, pero indispensable para entender cómo se veía el poder desde dentro.

Julio Scherer Ibarra y Andrés Manuel López Obrador en imagen de archivo durante su etapa de cercanía política en Palacio Nacional.
Durante años, Julio Scherer Ibarra fue uno de los hombres más cercanos a Andrés Manuel López Obrador. El libro Ni venganza ni perdón reconstruye esa relación y documenta el quiebre político que marcó el final de su paso por el primer círculo del poder.

EL LIBRO QUE LLEGA TRAS LA RUPTURA

Ni venganza ni perdón no es una biografía de López Obrador ni una investigación periodística externa. Tampoco es una historia integral de Morena. Es, ante todo, la memoria de un protagonista que estuvo en el núcleo jurídico del poder y que, tras su salida de la Consejería Jurídica de la Presidencia, decide fijar su relato.

Esa condición cambia la lectura. El autor no reconstruye desde archivos ni desde distancia académica; reconstruye desde su experiencia directa y desde una relación personal de casi tres décadas con el expresidente. Eso le da valor testimonial, pero también delimita su alcance y su imparcialidad. Scherer describe esa dualidad de forma cruda: “En el servicio público, la línea entre ser un colaborador y ser un confidente es tan delgada que, cuando se rompe, el estruendo se escucha en todo Palacio Nacional”.

El libro se publica después de su ruptura con figuras clave del gabinete y tras una etapa de señalamientos públicos en su contra. En ese contexto, la narración adquiere un matiz inevitable: no sólo explica lo ocurrido durante el gobierno; también explica su papel dentro de ese gobierno.

Hay un punto que atraviesa toda la obra: la insistencia en que no se trata de venganza ni de perdón, sino de memoria. Sin embargo, el tono, la selección de episodios y la asignación de responsabilidades abren una pregunta que no puede eludirse en una reseña crítica sobre el gobierno de la 4T:

¿Estamos ante un ejercicio de memoria política o ante un alegato personal presentado como memoria?

La distinción no es menor. Si es memoria, se lee como contribución histórica al análisis del sexenio lopezobradorista. Si es alegato, se interpreta como defensa estratégica en medio de disputas internas. En cualquier caso, el libro no es neutral: es la versión de un actor central que busca dejar constancia de cómo vio —y cómo quiere que se vea— el funcionamiento del poder durante los primeros años del proyecto que encabezó López Obrador.

Y esa intención, más que las anécdotas, es lo que convierte al texto en una pieza política activa dentro del debate sobre la herencia y las fracturas del lopezobradorismo.

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PERFIL DEL AUTOR

Quién narra el libro y qué lugar ocupó dentro del primer círculo presidencial.

NombreJulio Scherer Ibarra
CargoConsejero Jurídico de la Presidencia (2018–2021)
FormaciónAbogado
Cercanía con AMLOMás de 25 años
Rol en sexenioOperador jurídico clave
Fuente: Ni venganza ni perdón (Julio Scherer Ibarra / Jorge Fernández Menéndez).

DE TABASCO AL CENTRO

La historia que narra Julio Scherer Ibarra no comienza en Palacio Nacional ni en la campaña de 2018. Comienza en los años noventa, cuando Andrés Manuel López Obrador aún era un dirigente regional que disputaba elecciones en Tabasco y construía su liderazgo a partir del agravio electoral. Esa cronología no es un detalle menor: el vínculo se forja antes del poder y se consolida en la oposición.

Sobre esta etapa fundacional en el sureste, Scherer relata con precisión: “Andrés Manuel en Tabasco era una fuerza de la naturaleza. Lo vi organizar a la gente bajo un sol abrasador, con una determinación que no aceptaba un ‘no’ por respuesta. Ahí, en el trópico, aprendió que el poder se arrebata en la calle antes que en las urnas; esa fue su escuela y su matriz ideológica”.

El libro reconstruye una relación que no fue exclusivamente profesional. Fue también familiar. La cercanía entre el entonces dirigente perredista y la familia de Julio Scherer García, director de Proceso, aparece como un elemento formativo en la narrativa. Las reuniones, las cenas, las conversaciones políticas y personales construyen algo más que una alianza coyuntural: una confianza prolongada en el tiempo.

Un episodio simbólico ocupa un lugar central en esa reconstrucción: las llamadas “cajas” del presunto fraude de 1994, resguardadas en las oficinas de la revista. Más allá de la anécdota, el pasaje revela la naturaleza del vínculo: la política como causa compartida y como solidaridad frente al poder establecido. En ese momento, la alianza se cimenta sobre la idea de injusticia y sobre la convicción de que el sistema debía cambiar.

Desde ahí, el ascenso es gradual. El liderazgo tabasqueño se convierte en figura nacional; la oposición regional se transforma en proyecto de alcance federal. El tránsito de Tabasco al centro del poder no es sólo geográfico; es simbólico. El agravio local se convierte en narrativa nacional.

Pero en esa trayectoria se insinúa una característica que el propio libro confirma sin proponérselo: la política entendida como lealtad personal antes que como institucionalidad impersonal. El proyecto crece alrededor de vínculos de confianza, de fidelidades probadas en la adversidad. El poder no se construye desde estructuras abstractas, sino desde relaciones cercanas.

El autor lo sintetiza así:

Para Andrés Manuel, la confianza no se gana con currículums, se forja en las trincheras del desierto o bajo el agua de las inundaciones tabasqueñas. Quien no estuvo ahí, difícilmente entenderá su lógica de mando”.

Ese dato es clave para entender lo que vendrá después. La alianza no se explica por coincidencias ideológicas aisladas, sino por una red de lealtades tejidas durante décadas. Y cuando el poder se organiza sobre la cercanía, la ruptura no es sólo política: es también personal.

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LOS TEMAS CENTRALES DEL LIBRO

Ejes que organizan el relato: cercanía, operación jurídica, reformas y conflictos internos.

Mapa Lectura rápida

Relación personal30 años de cercanía
Operación del poderConsejería Jurídica
ReformasGuardia Nacional, Corte
Conflictos internosFGR, Vocería
Diagnóstico políticoLealtad vs capacidad
Fuente: Ni venganza ni perdón. Nota: síntesis editorial para esta reseña.

COHERENCIA O RIGIDEZ

Entre líneas, el libro dibuja un perfil nítido de López Obrador. No se trata de un retrato académico ni psicológico en sentido estricto; es la mirada de alguien que convivió con él durante tres décadas. Sin necesidad de citas extensas, emergen rasgos constantes.

Aparece un liderazgo moralista, convencido de que la política es antes que nada una cruzada ética. La austeridad personal no es sólo una práctica, sino un símbolo. La política se concibe como misión. El discurso, según el propio relato, no cambia sustancialmente a lo largo de los años; se mantiene con variaciones de tono, pero con la misma estructura argumental. La narrativa fundacional —corrupción, injusticia, pueblo, transformación— se repite y se amplifica.

También se perfila una preferencia clara: la lealtad como criterio de selección. El libro sugiere que la cohesión del equipo se antepone a la especialización técnica. La economía, más que como engranaje global complejo, aparece entendida desde categorías morales: honestidad, justicia social, austeridad. La técnica queda subordinada a la convicción. Scherer apunta con agudeza:

A menudo, la eficiencia técnica era vista con sospecha, como si el conocimiento especializado fuera una máscara del conservadurismo. El Presidente prefería un gabinete de convicciones de acero que uno de mentes brillantes pero tibias”.

El origen regional —Tabasco como matriz ideológica— no es presentado como simple biografía, sino como clave interpretativa. El líder nacional conserva la lógica del dirigente que recorrió pueblos y construyó capital político desde la proximidad. La mirada global parece secundaria frente a la intuición territorial.

La pregunta crítica no es si ese perfil es admirable o cuestionable en términos personales. La pregunta es estructural: ¿esa coherencia fue una fortaleza o se convirtió en rigidez? ¿La integridad moral compensó la falta de enfoque técnico en ciertas decisiones? ¿La fidelidad al discurso fundacional fortaleció el proyecto o limitó su capacidad de adaptación?

El libro no formula esas preguntas de manera frontal, pero las deja abiertas. Y ahí reside una de sus aportaciones más delicadas: sin proponérselo abiertamente, su retrato del Presidente permite interpretar que el mismo rasgo que impulsó el ascenso —convicción inquebrantable— pudo convertirse, en el ejercicio del poder, en un límite.

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EPISODIOS RELEVANTES NARRADOS

Los casos que el autor usa como “pruebas” de cómo se movía el poder.

Cancelación TexcocoDecisión política
Caso CienfuegosTensión institucional
PandemiaManejo político
Selección de candidatosPragmatismo electoral
Ruptura internaConflicto estructural
Fuente: Ni venganza ni perdón. Nota: listado temático para lectura rápida.

EL ENGRANAJE INICIAL

En el tramo central del libro aparece la parte más institucional del relato: cómo se construyó el poder en los primeros años del gobierno. Desde la Consejería Jurídica de la Presidencia, Scherer se coloca como operador clave en la arquitectura legal del sexenio de López Obrador. Reformas constitucionales, diseño normativo de la Guardia Nacional, interlocución con la Suprema Corte de Justicia de la Nación, negociación con el Congreso y diálogo con sectores empresariales.

El libro sugiere que, al menos en la primera mitad del gobierno, existía un esfuerzo por mantener puentes abiertos dentro del proyecto de la Cuarta Transformación (4T). Se describe un entorno donde las decisiones pasaban por filtros técnicos y donde aún había margen para la negociación institucional. La idea que se desprende es la de un gobierno que intentaba equilibrar convicción política con viabilidad jurídica en los primeros años del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, esa reconstrucción también debe leerse con cautela. El autor se ubica en el centro de ese proceso y, de manera implícita, se presenta como pieza estabilizadora dentro de la estructura del poder presidencial. La narrativa insinúa que mientras él estuvo, hubo interlocución; después, el tono cambió. Scherer reflexiona:

Mi labor era la de un tejedor de consensos en un telar de hilos tensos. Cuando la moderación se empezó a ver como debilidad, supe que mi tiempo en la Consejería estaba contado”.

Ahí surge una duda legítima. ¿Se trata de una descripción objetiva de una etapa más dialogante del gobierno o de una forma de subrayar su propio papel como moderador dentro de la Presidencia de la República? Cuando un protagonista narra el periodo en el que tuvo influencia directa, el riesgo es evidente: la línea entre memoria política y reivindicación se vuelve delgada.

El libro deja la impresión de que la institucionalidad inicial no fue solo un rasgo del proyecto, sino una etapa asociada a determinadas personas dentro del círculo cercano al Presidente. Esa lectura, aunque no lo diga de forma explícita, sugiere que el equilibrio dependía más de actores que de estructuras. Y si eso es cierto, entonces el diseño del poder tenía fragilidad desde el inicio.

Julio Scherer Ibarra y Alejandro Gertz Manero en un evento público durante su etapa como funcionarios federales.
Julio Scherer Ibarra y Alejandro Gertz Manero coincidieron en el primer tramo del sexenio, pero el libro Ni venganza ni perdón revive las tensiones que marcaron su relación y que terminaron por fracturar el primer círculo del poder.

EL QUIEBRE INTERNO

La parte más delicada del libro llega cuando el autor aborda su salida del gobierno. Ahí el tono cambia. Ya no es solo reconstrucción histórica; es relato de ruptura dentro del primer círculo del lopezobradorismo.

Los conflictos con la Fiscalía General de la República (FGR), los señalamientos hacia la Vocería de la Presidencia, las diferencias internas que terminaron en su salida de la Consejería Jurídica, ocupan un lugar central. No son comentarios laterales. Son parte del núcleo argumental del libro Ni venganza ni perdón. Scherer es tajante al respecto:

Las intrigas de palacio no se gestan en la luz, sino en los susurros de quienes temen que la verdad les quite su parcela de poder. Al final, las sombras pudieron más que la claridad que intentamos imponer”.

El libro sostiene que hubo distorsiones, malentendidos, tensiones crecientes dentro del gobierno de la 4T. También deja ver que la dinámica interna se volvió más cerrada y menos permeable a la discusión. Lo que antes parecía interlocución institucional se transforma en desconfianza política.

Aquí la pregunta es inevitable. ¿La ruptura fue el resultado de un conflicto personal entre funcionarios de alto nivel o fue la consecuencia natural de un modelo de poder basado en lealtades muy estrechas? Si el proyecto se construyó desde la cercanía, la salida de uno de los cercanos no puede entenderse solo como desacuerdo administrativo dentro del sexenio de López Obrador.

Más allá de quién tuvo razón, la fractura revela algo más profundo: el primer círculo presidencial no era tan compacto como se presentó durante años en la narrativa pública del gobierno de la Cuarta Transformación. Existían tensiones, diferencias de criterio y disputas de influencia. El libro lo confirma, aunque lo haga desde una perspectiva interesada.

Tabla analítica

EL RELATO Y SU IMPLICACIÓN POLÍTICA

Qué dice el libro y qué significa, visto desde fuera del círculo del autor.

Lectura editorial

Lo que el libro afirma Implicación política
Preferencia por lealtadGabinetes cohesionados pero limitados
Discurso invariableCoherencia o inflexibilidad
Interlocución inicialPrimera mitad moderada
Endurecimiento posteriorRadicalización o aislamiento
Ataques tras salidaDisputa interna por narrativa
Nota: tabla elaborada a partir de Ni venganza ni perdón y análisis editorial.

LEALTAD Y LÍMITES

Al final, el libro deja un mensaje que va más allá de los episodios concretos. Habla de polarización, de decisiones tomadas bajo presión, de un idealismo que tuvo que negociar con la realidad del poder en México. Señala que la lealtad fue un criterio determinante en la integración del gobierno y que eso tuvo consecuencias para la estructura del proyecto político de la 4T.

Sin declararlo abiertamente, el texto plantea un diagnóstico: un liderazgo fuerte, con convicciones claras, puede movilizar a millones, pero también puede cerrar espacios internos si privilegia la fidelidad por encima de la discusión técnica.

No se trata de cuestionar la integridad personal del Presidente, sino de analizar si ese modelo permitió construir instituciones duraderas o si dependió demasiado de la voluntad de un solo hombre dentro del sistema presidencial mexicano. Como concluye el exfuncionario en una de sus líneas más potentes:

Gobernar México requiere más que voluntad; requiere una arquitectura que soporte las pasiones humanas, porque los hombres pasan, pero las instituciones deben quedar”.

En ese sentido, el libro funciona como radiografía parcial del proyecto que ayudó a consolidar. Busca reivindicar la trayectoria del autor dentro del sexenio de Andrés Manuel López Obrador y explicar su papel dentro del gobierno. Pero al hacerlo, deja abiertas preguntas más grandes sobre el modelo de poder que contribuyó a diseñar.

¿Fue un gobierno sostenido por estructuras sólidas o por relaciones personales fuertes? ¿La cohesión fue producto de convicción compartida o de disciplina interna? ¿La polarización fue herramienta necesaria o síntoma de desgaste político?

La primera entrega termina ahí. No con un juicio definitivo, sino con una inquietud razonable: el libro quiere cerrar un capítulo personal, pero al mismo tiempo abre el debate sobre cómo se ejerció realmente el poder en uno de los sexenios más polarizados de la historia reciente de México.

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