Grupo de cuatro personas posa sonriente frente al logotipo del evento chocolatero.
Organizadores y patrocinadores del Festival del Chocolate 2025 posan tras la conferencia.

El cacao vuelve a hablar: Tabasco abre su fábrica de identidad

El Festival del Chocolate 2025 llega con un propósito que trasciende la feria y el escaparate turístico: recuperar el hilo de una historia que pertenece tanto al origen del cacao como al de Tabasco mismo.

En un país donde los festivales suelen agotarse en el espectáculo, este encuentro se instala en la tierra y en la memoria. Celebra la textura de un oficio, el aroma de una herencia y la fuerza simbólica de un producto que alguna vez fue moneda, tributo y arte. Aquí el chocolate deja de ser golosina y vuelve a ser cultura.

En el Parque Tabasco Dora María, los pabellones crecen como si el aire húmedo los empujara. La secretaria de Turismo y Desarrollo Económico, Katia Ornelas Gil, camina entre montajes y toldos.

“Ya está todo garantizado”, dice. Y no exagera: del 13 al 17 de noviembre se esperan más de 250 mil visitantes, 420 expositores y una derrama económica de 213 millones de pesos.

Pero más allá de los números, la apuesta es simbólica: convertir al festival en la vitrina más importante del cacao de origen en América Latina. Un evento donde el campo, la industria, el arte y la academia dialogan con el turismo.

  • Ana Parizot Wolter, habla frente a micrófono durante rueda de prensa.
  • Katia Ornelas, de blusa roja toma el micrófono en conferencia junto a otros asistentes.

UN GIRO INTERNACIONAL

Este año, España y Tlaxcala serán los invitados de honor. Un gesto que mezcla raíces y modernidad. En los salones se escuchará el acento ibérico del repostero Paco Torreblanca, quien compartirá su ponencia “El viaje del cacao hacia la alta chocolatería”; también la voz de Vicente Gutiérrez Cacep, con “El cacao tabasqueño: historia, legado y oportunidad”.

Habrá talleres de fermentación y secado, catas sensoriales, exposiciones de cocineras tradicionales, charlas sobre biodiversidad y fauna de los cacaotales. En el fondo, todo conduce a una misma idea: revalorizar el cacao como patrimonio vivo, no como reliquia.

El festival se cruza con una política nacional que busca industrializar el cacao mexicano sin diluir su identidad. La presidenta Claudia Sheinbaum ha incluido el chocolate tabasqueño entre los productos de las Tiendas del Bienestar, lo que marca un puente entre el campo y el consumo.

El lema de esta edición, “La Fábrica del Chocolate”, encierra una metáfora mayor: el país fabrica algo más que dulces; fabrica arraigo, industria y orgullo. Cada barra, cada taza, es una pieza de un relato nacional que Tabasco vuelve a escribir con acento propio.

SEMILLERO DE TALENTO

De ese impulso surge la quinta edición de “Promesas del Chocolate Wolter”, el concurso que reúne a estudiantes de Aguascalientes, Cancún, Toluca, Comalcalco y Villahermosa. Son jóvenes que no solo compiten: aprenden, fermentan ideas, experimentan con técnica y pasión.

En tres días, del 13 al 15 de noviembre, sus creaciones serán evaluadas por jueces de España, Polonia, Monterrey y la Ciudad de México. Alejandro Campos, director de Chocolates Wolter, lo resume con sencillez: “Buscamos sembrar vocaciones, que el cacao mexicano llegue a las cocinas del mundo”.

Y lo logran. El certamen se ha consolidado como el concurso de chocolatería más importante de México a nivel amateur.

RAÍCES Y FUTURO

Para Katia Ornelas, el concurso encarna la filosofía del festival: innovación con raíz. “El cacao es historia, pero también herramienta de futuro”, dice. Y los números le dan la razón.

Tabasco produce más de 27 mil toneladas anuales de cacao, más del 60% del total nacional. Detrás de esa cifra hay miles de familias, cooperativas, productores y jóvenes que hoy ven en el cacao una salida digna y creativa. El evento no es solo una celebración: es una plataforma de formación y arraigo que conecta generaciones.

El festival también redefine la relación entre cultura y economía. En una época en que la globalización tiende a homogeneizar los sabores, Tabasco se atreve a hacer lo contrario: diferenciarse desde el origen.

En cada degustación y cada exposición se narra una historia de resistencia. Por eso la presencia de chefs como Gaby Ruiz y Lupita Vidal, o del maestro chocolatero José Ramón Castillo, tiene un valor simbólico.

Son los nuevos rostros de una cocina mexicana que no teme mirar al pasado para proyectarse hacia el futuro. En Tabasco, el cacao ya no es un insumo: es una narrativa.


POR QUÉ TABASCO MARCA DIFERENCIA

– Tabasco produce más del 60% del cacao nacional
– Conecta identidad, economía y educación en un mismo espacio
– Fomenta turismo cultural con enfoque agroindustrial
– Vincula políticas federales con desarrollo regional sostenible


UNA FÁBRICA DE ORGULLO

El Festival del Chocolate 2025 no solo es una cita con el gusto. Es una fábrica de identidad. Allí donde el aroma del cacao se mezcla con la madera mojada del Parque Dora María, el público descubre que la historia no se lee: se degusta.

El festival se ha convertido en un puente entre la nostalgia y la innovación, entre los campesinos y los chefs, entre los niños que dibujan mazorcas y los expertos que diseñan barras con precisión milimétrica. En esa comunión late una certeza: el cacao no solo se cultiva, se hereda, se transforma y se defiende.

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