Calendario Romano 2027 con el retrato de Giovanni Galizia vestido de sacerdote, colgado en un puesto de suvenires en Roma
El Calendario Romano 2027 sigue usando de portada a Giovanni Galizia, quien posó con sotana a los 17 años y nunca fue sacerdote.

Terremoto en Roma: ‘el cura guapo’ del calendario vaticano confiesa: “Nunca fui sacerdote”

VATICANO.— En una ciudad que vende su propia eternidad en imanes, rosarios y réplicas del Coliseo, hay un objeto que dice más sobre la relación entre Roma, el Vaticano y el mercado global de símbolos que muchos comunicados oficiales: el calendario de los “curas guapos”. Lleva más de dos décadas colgado a las puertas de los bazares de la capital italiana, y su portada, la de un joven sacerdote de sonrisa ladeada, se volvió parte del paisaje turístico tanto como las postales de la Santa Sede.

El detalle que desarma la escena es que ese sacerdote nunca existió. El muchacho de la foto se llama Giovanni Galizia, nació en Palermo y, según relató en entrevista con la agencia EFE, jamás vistió sotana fuera de aquella sesión. “No fui sacerdote ni modelo”, resumió, visiblemente divertido, desde Verona, la ciudad del norte de Italia donde reside actualmente.

Caja de datos

EL RETRATO ORIGINAL

Una sesión casual en Palermo creó el suvenir más visto de Roma.

Año de la foto2002
Edad del modelo17 años
LugarIglesia del Jesús, Palermo (Sicilia)
FotógrafoPiero Pazzi
FormatoRetrato en blanco y negro
Proyecto originalÁlbum de personajes emblemáticos de Italia: curas de Roma y gondoleros de Venecia
El sombrero que sostenía en la mano quedó fuera del encuadre final.

Fuente: EFE / Elaboración propia · El Tabasqueño

La anécdota parece menor, y en buena medida lo es. Pero también funciona como espejo de un fenómeno de mayor escala: la conversión de la imagen eclesiástica en producto cultural de consumo masivo, justo cuando la Iglesia católica atraviesa un cambio de liderazgo, una caída sostenida de vocaciones en Europa y una redefinición de su peso como actor diplomático en un mundo fragmentado.

El calendario, que mezcla devoción, ironía y un guiño estético que muchos leen como provocación, abunda en las inmediaciones del Vaticano sin que nadie de la Santa Sede haya buscado a su protagonista. “Por suerte no”, respondió Galizia cuando se le preguntó si alguna vez lo contactaron. Esa ausencia también dice algo: Roma convive con lo que no controla, sobre todo cuando le reporta visitantes.

Giovanni Galizia, modelo del calendario de curas guapos de Roma, sonríe con chamarra de piel frente a una playa de Palermo
Giovanni Galizia, siciliano y asistente de vuelo, conserva la sonrisa del calendario más de dos décadas después.

Una foto de 2002 en una iglesia de Palermo

La historia arranca en 2002. Galizia tenía 17 años cuando se cruzó con el fotógrafo Piero Pazzi, quien preparaba un álbum sobre los personajes más emblemáticos de Italia. La lista empezaba por dos figuras de postal: los curas de Roma y los gondoleros de Venecia. Al joven siciliano le tocó la primera opción, y con ella un destino que nunca buscó.

Pazzi lo vistió con sotana y alzacuellos, lo colocó en la iglesia del Jesús de Palermo y le pidió su mejor sonrisa. El resultado fue un retrato sencillo en blanco y negro: media sonrisa, mirada brillante, flequillo alborotado y un sombrero en la mano que terminó fuera del encuadre. La imagen resultó tan eficaz que el fotógrafo la eligió como portada de un calendario en el que cada mes aparece un supuesto sacerdote, clérigo o monaguillo joven y atractivo.

Ficha interactiva

GALIZIA HOY

Veinticuatro años después, el modelo involuntario vive lejos del espectáculo y la Iglesia.

Verona
ciudad donde reside
Asistente de vuelo
en una aerolínea española
24
años de su foto en circulación
0
contactos del Vaticano
Asegura que no se arrepiente: solo apareció una vez en televisión por la foto.

Fuente: EFE · El Tabasqueño

Desde entonces, el almanaque se vende con una constancia que pocos suvenires logran. Compite en los estantes con los imanes con forma de Coliseo y otras baratijas, y despierta la misma duda entre miles de turistas: si ese joven prelado con aire de Matt Damon fue real. Galizia lo niega sin rodeos y agrega que tampoco lo era el único otro modelo que llegó a conocer, un muchacho que recuerda como francés.

Lo singular es que la foto atravesó cuatro pontificados. Se tomó en los últimos años de Juan Pablo II, siguió vendiéndose durante Benedicto XVI, sobrevivió a los doce años de Francisco, el primer papa latinoamericano, fallecido el 21 de abril de 2025, y hoy convive con el pontificado de León XIV, electo el 8 de mayo de 2025. Cambiaron los papas, las prioridades doctrinales y el tono de la diplomacia vaticana; la portada del calendario, no.

Sin un euro y sin arrepentimiento

Galizia sostiene que no ganó dinero con aquella sesión y que incluso renunció por escrito a cualquier compensación por derechos de imagen. Lo cuenta sin reproche hacia el autor de la foto, a quien describe como un encanto. Cuando se le pregunta si se arrepiente, la respuesta es tajante: en absoluto.

El dato tiene una lectura más amplia que la personal. Durante 24 años, una imagen nacida de un acuerdo informal entre un fotógrafo y un adolescente ha generado ventas continuas en uno de los mercados turísticos más densos del planeta. Es una economía de símbolos en la que el valor no lo captura quien posa, sino quien controla la circulación de la imagen. Galizia lo sabe y lo ironiza: al mostrar su rostro actual en la videollamada, pidió que no se use como se ha usado aquella foto durante casi un cuarto de siglo.

Su vida, insiste, nada tiene que ver con el espectáculo ni con la moda. Trabaja como asistente de vuelo para una aerolínea española, un oficio que, por coincidencia, lo hace recorrer el mundo igual que los calendarios que viajan con su rostro en las maletas de los visitantes. La fama involuntaria apenas le valió una aparición en un programa de televisión, y ni siquiera usa la historia como carta de presentación en las cenas con amigos.

Para él, posar fue solo un juego gracioso. Admite que le halaga que se hable del tema, pero asegura que no tiene peso en su vida diaria. Esa distancia contrasta con la dimensión que la imagen adquirió fuera de su control: un muchacho siciliano convertido, sin proponérselo, en el cura más reconocible de Roma.

Línea de tiempo interactiva

CONTEXTO VATICANO

El calendario atravesó cuatro pontificados sin que el Vaticano buscara a su protagonista.

Toca cada papa para ver qué pasaba con la foto.

1978–2005
Era el papa cuando Piero Pazzi tomó la foto en Palermo, en 2002.
La portada se ha mantenido sin cambios durante los cuatro papados.

Fuente: Santa Sede / EFE / Elaboración propia · El Tabasqueño

El fetiche, la sotana y la imagen de la Iglesia

Hay, sin embargo, un punto que lo incomoda: que alguien lea algo sensual en aquel retrato adolescente. Galizia entiende el contraste entre un rostro juvenil y la vestimenta litúrgica, y reconoce que eso alimenta cierto imaginario morboso frente a la figura tradicional del monseñor anciano. Pero lo rechaza para sí: “yo no veo absolutamente nada de sensual en esa foto”, defendió.

Ese contraste es precisamente el motor comercial del producto. El calendario juega con la distancia entre la realidad del clero europeo, cada vez más envejecido y escaso, y una fantasía turística de juventud y belleza. En Italia, como en buena parte de Europa occidental, los seminarios reciben menos aspirantes que hace décadas, y numerosas parroquias se sostienen con sacerdotes llegados de África, Asia y América Latina.

Para el Vaticano, que es a la vez un Estado soberano, una autoridad religiosa global y un actor diplomático con presencia en buena parte de los foros multilaterales, la imagen pública del clero no es un asunto menor. Tras los escándalos de abusos que marcaron las últimas décadas, la Santa Sede ha cuidado su narrativa institucional con mayor rigor. Aun así, el calendario sigue circulando sin objeción conocida; intervenir sobre un suvenir de bazar probablemente le costaría más en atención mediática de lo que ganaría en control simbólico.

La paradoja final es que el sacerdote más visto por millones de turistas no pertenece a la Iglesia. Con León XIV, el primer papa nacido en Estados Unidos y con nacionalidad peruana, la Santa Sede busca proyectar autoridad moral en guerras, migraciones y crisis humanitarias, con una mirada que también interpela a países como México, uno de los mayores bastiones católicos del mundo. En las calles que rodean San Pedro, mientras tanto, la Roma eterna se sigue vendiendo con el rostro de un sobrecargo de Verona que nunca fue cura.

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