BRASILIA.— Lo que se juega en Florida no es solo el destino judicial de un senador derrotado. La llegada de Flávio Bolsonaro a Miami, con visados expedidos a toda prisa por el Departamento de Estado, revela algo más profundo sobre el hemisferio: Estados Unidos se ha convertido en el refugio de la derecha latinoamericana que pierde en las urnas y no acepta el veredicto. La Casa Blanca de Donald Trump ya no disimula que su política hacia la región se rige por afinidades ideológicas antes que por la relación entre Estados.
Los números del 25 de octubre no dejan mucho margen a la interpretación. Lula ganó la segunda vuelta con 51.8% de los votos válidos frente a 48.2% de Flávio Bolsonaro; con el 100% de las urnas contabilizadas, obtuvo 64.3 millones de votos contra 59.8 millones de su adversario. Además, fue el primer aspirante en ganar un balotaje después de quedar segundo en la ronda inicial desde el regreso de las elecciones directas en 1989. Aun así, esa misma noche, el hijo mayor del expresidente anunció que pediría la anulación y sentenció que era “imposible reconocer el resultado”.
Lo que siguió fue una carrera contra el reloj judicial. La orden de entregar los pasaportes la dictó el domingo el juez del Supremo Alexandre de Moraes; el plazo de 24 horas se notificó el lunes, junto con la prohibición de salir del país, y el martes la Policía Federal anuló sus pasaportes ordinario y diplomático. El lunes, en un video, Flávio había asegurado: “Nunca pensé en salir del país”. Horas después, aliados suyos dijeron a Folha de S.Paulo que había partido desde Puerto Iguazú, en Argentina, en un plan organizado por uno de sus abogados, aunque el Ministerio de Seguridad argentino negó que hubiera ingresado a su territorio.
La pieza final la colocó Washington. Un portavoz del Departamento de Estado, que encabeza Marco Rubio, confirmó a las agencias internacionales que se expedirían visados a Flávio y a su familia para permitirles entrar al país. El senador habría llegado a Miami el martes 27 de octubre, donde lo recibió su hermano. Trump, que dijo haber escuchado que el brasileño estaba en Argentina, zanjó la cuestión con una frase que resume su doctrina regional: aprobaría los visados porque los Bolsonaro “son buena gente”. Ese mismo martes calificó de “fraudulentos” los comicios brasileños sin aportar pruebas, aunque al preguntársele si actuaría respondió que él no gobierna Brasil.
Fuente: Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil
El manual del padre, cuatro años después
El paralelismo con 2022 es casi literal. Entonces, Jair Bolsonaro abandonó Brasil en el avión presidencial dos días antes de concluir su mandato, para no entregar la banda a Lula. Instalado en Florida, observó a distancia el asalto a las sedes de los tres poderes en Brasilia del 8 de enero de 2023. Regresó tres meses después, y hoy cumple arresto domiciliario bajo una condena de 27 años por intento de golpe de Estado.
Pero las diferencias pesan tanto como las semejanzas. Jair salió siendo todavía presidente, con pasaporte diplomático y sin una orden judicial que se lo impidiera. Flávio, en cambio, lo hizo con los documentos anulados, una prohibición expresa de abandonar el país y un expediente abierto. El Supremo ordenó investigarlo por presunta financiación extranjera de su campaña y manipulación de algoritmos en redes; ya enfrentaba dos causas por corrupción, lavado y evasión: una por usar una empresa de apuestas para lavar descuentos fraudulentos a pensiones de adultos mayores, otra por recibir millones de un banquero acusado de fraude. Flávio niega todo y acusa a Moraes de ser aliado de Lula.

El clan suma así dos herederos políticos en territorio estadounidense. Eduardo Bolsonaro, que reside en Texas y había alentado a su hermano a irse si perdía, fue condenado en ausencia en junio a cuatro años de prisión por cabildear ilegalmente ante el gobierno de Trump, y pesa sobre él una orden de arresto. Lo que se configura no es una visita familiar: es un bolsonarismo en el exterior, con base de operaciones en Florida y Texas y línea directa con la administración republicana.
El relato ya está en marcha. El diputado del PL Mauricio Marcon comparó la salida de Flávio con la de la opositora venezolana María Corina Machado y presentó al senador como un líder que buscará asilo en un “país libre”. La comparación no es inocente: busca convertir un proceso judicial en persecución política. La diferencia es que Brasil acaba de celebrar elecciones auditadas, con alternancia posible y con un candidato opositor que ganó la primera vuelta. Ese dato, por sí solo, debilita la tesis del régimen cerrado.
Fuente: Supremo Tribunal Federal / Departamento de Estado de EU / Folha de S.Paulo
Una controversia real, un fraude sin pruebas
El argumento del fraude se apoya en una decisión que sí merece debate. El ministro del Supremo Cristiano Zanin, que fue abogado personal de Lula y designado por él, extendió dos horas la votación en todo el país tras denuncias de la campaña petista por fallas en el transporte público; nunca antes se había prorrogado el horario a escala nacional. La campaña de Flávio, sin embargo, también había pedido ampliar el horario, aunque solo en 17 municipios de São Paulo, Paraná y Santa Catarina afectados por lluvias.
Ahí está el nudo. Una decisión procesal discutible no equivale a votos alterados, y hasta ahora no se ha presentado evidencia de manipulación del escrutinio. La operación política consiste en usar una controversia legítima como palanca para deslegitimar el resultado completo. Es el mismo mecanismo que Jair aplicó con las urnas electrónicas durante años: sembrar duda sobre el sistema para que cualquier derrota pueda leerse como robo.
La pregunta de fondo es si funcionará. Con 48.2% de los votos, el bolsonarismo sigue siendo la principal fuerza opositora del país. Pero su candidato está fuera, su padre en arresto domiciliario y su hermano prófugo. El vacío de liderazgo abre la puerta a figuras como el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, que podría heredar el electorado sin cargar con los procesos de la familia.
Para Lula, la fuga llegó el día de su cumpleaños. El 27 de octubre, mientras simpatizantes lo felicitaban por sus 81 años frente al Palacio de Alvorada, el presidente calificó de “vergonzosa” la salida de su rival y aseguró tener “información precisa” sobre ella, sin detallarla.
Recordó que perdió ante Fernando Collor y ante Fernando Henrique Cardoso y se quedó en Brasil, y que cuando fue acusado rechazó invitaciones para refugiarse en una embajada: “El que nada debe, nada teme”. Ese argumento desarma la comparación con María Corina Machado y anticipa el tono del cuarto mandato, en el que el contraste entre el líder que enfrentó a sus jueces y el heredero que se fue antes de cumplir una orden será discurso de gobierno.
| Jair · 2022 | Flávio · 2026 | |
|---|---|---|
| Derrota | 2ª vuelta ante Lula | 2ª vuelta ante Lula |
| Postura | Duda sobre urnas electrónicas | Pide anular la elección |
| Salida | Avión presidencial, 30 dic | Vía Puerto Iguazú, 27 oct |
| Destino | Florida | Florida |
| Documentos | Pasaporte diplomático vigente | Pasaportes anulados |
| Situación judicial | Hoy condenado a 27 años | 3 investigaciones abiertas |
Fuente: Elaboración propia con información de STF, AP y Reuters
Washington, de árbitro a parte
La acogida a Flávio no ocurre en el vacío. Las relaciones entre Brasilia y Washington se deterioraron durante meses por choques sobre aranceles, libertad de expresión y el Poder Judicial brasileño, y Trump lleva año y medio sin enviar embajador a Brasil. El 4 de agosto, Estados Unidos revocó el visado de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti, y a fines de julio Brasil había bloqueado las visas de dos altos funcionarios del Departamento de Estado, por temor a que pretendieran poner en duda la integridad de su sistema electoral.
Argentina es el otro vértice del triángulo. Javier Milei, uno de los aliados más cercanos de Trump en la región, llamó “ladrón” a Lula durante el lanzamiento de la campaña de Flávio en São Paulo, y ese mismo 4 de agosto el gobierno brasileño degradó los vínculos con Buenos Aires. Que Puerto Iguazú aparezca en el relato de la fuga, aun con el desmentido oficial, coloca a Argentina en la geografía de la salida y tensa todavía más una relación clave para el Mercosur.
El significado global es claro. El visado ha dejado de ser un trámite consular para convertirse en un instrumento de política exterior: se niega a una embajadora y se concede en horas a un opositor con orden judicial vigente. El mensaje para la región es que existe una red de protección para los aliados que enfrentan tribunales en sus países, algo que erosiona el principio de cooperación judicial entre democracias.
Lo que viene
Lula arrancará su cuarto mandato con la potencia hemisférica actuando como parte, no como árbitro. Esa fricción empuja a Brasil a reforzar su apuesta por los BRICS y por su relación comercial con China, justo lo contrario de lo que Flávio prometía a Trump cuando presentaba a su país como la alternativa occidental a Pekín. Un eventual pedido de extradición pondría a prueba si Washington privilegia los tratados o la lealtad política.
Para América Latina, México incluido, el caso deja una lección incómoda: la frontera entre asilo político e impunidad se está trazando según quién gobierna en Washington. Flávio Bolsonaro no inventó el guion; lo heredó. Lo nuevo es que esta vez la Casa Blanca no solo lo tolera: lo firma.



