Hay carreras que se ganan con los pulmones y hay otras que se ganan con el sombrero. La de este domingo fue de las segundas. A las seis de la mañana, cuando Villahermosa todavía se desperezaba, el Parque La Choca ya olía a paliacate y sonaba a banda. Era la VaqueRun Tabasco 2026, y su podio no tenía escalones: tenía una causa.
Los corredores llegaron a cuentagotas desde las 6:00 horas y alrededor de las 6:30 se juntaron en un solo bullicio. Lucía del Carmen Trujillo Velázquez, presidenta del Voluntariado de la Secretaría de Bienestar, dio el banderazo. A su lado estuvieron la secretaria de Cultura, Aída Elba Castillo Santiago, y la Flor Tabasco 2025, María Fernanda Palma Miramontes. Salieron dos contingentes, como dos afluentes que se echan a andar hacia el mismo río.
Ese río tiene nombre y dirección: el Centro VIDHA “Rullán Ferrer”, el Centro de Desarrollo de Habilidades para la Vida en la Etapa Infantil. Es parte de la red estatal de asistencia social del DIF Tabasco, y allí niñas y niños reciben atención especializada. Cada inscripción, cada paso, cada kilómetro se convertirá en materiales para fortalecer sus actividades y servicios.
El recorrido fue de cinco kilómetros, y cada quien lo hizo a su manera: corriendo, trotando o caminando con calma de domingo. Las bandas Destrucción Masiva y RT de Isaías Villanueva pusieron el pulso. Adultos, niñas y niños compartieron la ruta sin prisa por romper marcas. En esta carrera el cronómetro era un adorno.
Entre acordes de rodeo y una verdad que no cabe en el sombrero
Antes de arrancar, el calentamiento fue una fiesta. Con los acordes de Caballo Dorado, las clásicas “No rompas más mi pobre corazón” y “Payaso de Rodeo” pusieron a bailar a los asistentes. Hubo risas, vueltas y pasos que más de uno rescató de la memoria en un segundo. Los vaqueros llegaron con el repertorio bien aprendido.
Lo que se vio en La Choca fue una mañana fresca de domingo, con familias enteras, sombreros torcidos y una ciudad que, por una vez, no corría para llegar a ningún lado. Corría para dar. Si un maratón se mide en segundos, esta carrera se midió en sonrisas, en abrazos y en gente que se quedó a bailar después de cruzar la meta.




Trujillo Velázquez agradeció a instituciones, empresas, dependencias, voluntarias, voluntarios y participantes. Su mensaje fue directo: “Hoy nos reúne algo muy especial, algo mucho más grande que una carrera; nos reúne la solidaridad, la alegría de convivir y sobre todo el deseo de ayudar a quienes más lo necesitan”. Dijo sentirse emocionada y agradecida por la generosidad de tantas personas.
Y aquí viene la parte que ningún banderazo resuelve. Hasta el cierre de esta nota no se informó cuánto se recaudó ni cuántas personas participaron, más allá de “cientos”. La alegría sobra, pero faltan números. Cuando la gente madruga, paga y corre por una causa infantil, la cifra no es un adorno: es la prueba de que el esfuerzo llegó a donde se prometió.
Después de la meta empieza lo importante
La VaqueRun no es una carrera de élite y por eso funciona. No necesitó atletas de medalla ni marcas de récord. Le bastó con gente común que decidió madrugar un domingo para que a unos niños no les falte material de trabajo. La asistencia social infantil se sostiene con mañanas así, pero también con instituciones que rinden cuentas.
La pelota, ahora, está del lado de la organización. Informar cuánto se juntó, qué materiales se comprarán y cuándo llegarán al Centro VIDHA “Rullán Ferrer” convertiría una mañana de fiesta en una causa con seguimiento. Un corredor que dio su cuota y vio el resultado vuelve el próximo año con tres amigos más.
Hoy en La Choca los sombreros dejaron de ser disfraz y se volvieron bandera. Queda por verse que cada peso recaudado complete su propio recorrido, desde la inscripción hasta las manos de quienes atienden a la niñez del Centro VIDHA. Esa será la meta que de verdad importa.



