CDMX.— La Fórmula 1 tiene una manera particular de repartir sus premios. A veces gana el que cruza primero la meta. Otras, el que comprende que no necesita hacerlo. Este domingo 1 de noviembre, en el Autódromo Hermanos Rodríguez, Max Verstappen levantó los brazos como vencedor del Gran Premio de México, pero Kimi Antonelli, tercero en la carrera, se llevó algo más grande: el campeonato mundial. El neerlandés ganó la tarde. El italiano, de apenas 20 años, se quedó con un lugar en la historia.
Hubo que esperar 73 años para volver a encontrar a un italiano en lo más alto de la Fórmula 1. El último había sido Alberto Ascari, campeón en 1952 y 1953, cuando los automóviles eran máquinas menos sofisticadas y los pilotos convivían con la muerte como si fuera otro adversario. Antonelli terminó aquella espera, rompió el récord de precocidad de Sebastian Vettel y convirtió a México en el escenario de una coronación que su país llevaba más de siete décadas aguardando.
No necesitó ganar. Le bastaba terminar entre los nueve primeros para asegurar matemáticamente el campeonato, independientemente de lo que hicieran sus perseguidores. Pero el joven de Mercedes no llegó a la capital mexicana para pasearse detrás de los demás. Peleó posiciones, aprovechó los errores ajenos y encontró el camino hacia un podio que terminó valiendo más que cualquier victoria aislada. En el automovilismo, como en la vida, también hay triunfos que no se deciden por velocidad, sino por inteligencia.
Dos ganadores. Una tarde histórica.
Verstappen conquistó la carrera. Antonelli, el campeonato mundial.
Max Verstappen
Kimi Antonelli
Su familia estaba allí. Sus padres y su hermana menor viajaron para acompañarlo en una jornada que difícilmente olvidarán. Cuando terminó la carrera, Antonelli todavía parecía incapaz de procesar lo sucedido. Dio las gracias, celebró con Mercedes y admitió que trataba de comprenderlo. Resultaba comprensible: a una edad en la que muchos jóvenes apenas comienzan a decidir su futuro, él acababa de alcanzar la cima de uno de los deportes más exigentes y costosos del planeta.
Dos ganadores
Verstappen, mientras tanto, recordó por qué México se convirtió en uno de sus territorios favoritos. Partió desde el quinto puesto, se abrió camino entre los Ferrari y aprovechó las circunstancias para conquistar su sexta victoria en el circuito capitalino. Ya había ganado allí en 2017, 2018, 2021, 2022 y 2023. El domingo añadió otra fecha a su colección. Nadie ha ganado tantas veces el Gran Premio de México como él.
La salida fue una declaración de intenciones. Lewis Hamilton y Charles Leclerc, compañeros en Ferrari, disputaron el liderato con una agresividad que terminó beneficiando al neerlandés. Leclerc recibió una penalización de cinco segundos por obtener ventaja fuera de la pista. Verstappen, que había elegido una estrategia distinta con los neumáticos, encontró la oportunidad para ponerse al frente. En la Fórmula 1, la velocidad sirve de poco si el rival sabe aprovechar tus equivocaciones.



Antonelli también tuvo sus momentos de protagonismo. Lideró parte de la carrera mientras los demás completaban sus detenciones en boxes. La estrategia lo devolvió después a la lucha por el podio, pero una avería ajena estuvo a punto de transformar el Gran Premio. Valtteri Bottas perdió el control de su Cadillac por una falla en la suspensión delantera izquierda y se estrelló contra las barreras. El accidente obligó a detener la competencia con bandera roja a partir de la vuelta 46.
La interrupción recordó algo que las transmisiones suelen dejar en segundo plano: dentro de esos automóviles que alcanzan velocidades extraordinarias viajan personas vulnerables. Bottas pudo salir por sus propios medios y fue sometido a revisiones médicas. Mientras los equipos reorganizaban sus estrategias, la pista aguardaba una nueva salida. Los autos volvieron a formarse y el campeonato de Antonelli tuvo que atravesar una última prueba de nervios.
Así se decidió la historia
Cinco momentos que cambiaron la carrera y terminaron por coronar a Kimi Antonelli.
Verstappen encuentra su oportunidad
La batalla entre los Ferrari y la salida de Russell permiten a Verstappen ganar posiciones desde el quinto lugar.
El último ataque
En la segunda arrancada, Hamilton atacó a Verstappen por el exterior de la primera curva. Hubo un ligero contacto, una maniobra al límite y un intento que devolvió por unos segundos el recuerdo de sus grandes enfrentamientos de 2021. Esta vez, el piloto de Red Bull conservó la posición. Hamilton quedó segundo y Leclerc comenzó a perder terreno. La carrera había vuelto a ponerse en marcha, pero el orden del campeonato estaba a punto de cambiar definitivamente.
Antonelli aprovechó el momento. Superó a Leclerc en la primera curva y se instaló tercero, detrás de dos campeones mundiales. No era poca compañía para un muchacho que estaba por convertirse en el nuevo dueño de la Fórmula 1. Delante tenía a Verstappen y Hamilton, dos pilotos que representan buena parte de la historia reciente del campeonato. Detrás quedaba un Ferrari que había perdido una oportunidad. El relevo generacional cabía en unos cuantos metros de asfalto.
Todavía faltaba otro sobresalto. El accidente de Arvid Lindblad, tras un contacto con Oscar Piastri, provocó la aparición del automóvil de seguridad. Cuando la competencia volvió a liberarse, Verstappen resistió la presión de Hamilton y cruzó la meta con apenas 799 milésimas de segundo de ventaja. Antonelli llegó cuatro segundos después. Tres pilotos, tres generaciones deportivas y dos celebraciones distintas compartieron un podio que el público mexicano difícilmente olvidará.
El resultado confirmó también las diferencias entre ganar una carrera y construir un campeonato. Verstappen fue el mejor del domingo, pero Antonelli había hecho el trabajo durante toda la temporada. Su ventaja ya resultaba imposible de descontar. El italiano alcanzó 380 puntos y aseguró la corona con cuatro Grandes Premios todavía pendientes. No fue un regalo de México ni una casualidad provocada por una bandera roja. Fue la recompensa de una campaña en la que convirtió su juventud en una ventaja, no en una excusa.
El campeón que adelantó al tiempo
Los pilotos más jóvenes en ganar su primer campeonato mundial.
Italia despierta
La comparación con Vettel resulta inevitable. El alemán tenía 23 años y 134 días cuando ganó el campeonato de 2010 con Red Bull. Antonelli lo consiguió con 20 años y 68 días. La marca no garantiza que vaya a superar los títulos de Michael Schumacher o Lewis Hamilton, pero le asegura una página propia en los libros del automovilismo. Los récords de edad tienen una particularidad: nadie puede arrebatárselos sin obligar a la siguiente generación a llegar todavía más temprano.
También hay una historia nacional detrás del festejo. Italia fabrica automóviles legendarios, presume de Ferrari como una institución cultural y reúne multitudes alrededor del automovilismo. Sin embargo, llevaba desde Ascari sin celebrar un campeón de pilotos. La paradoja terminó en México, y no gracias a Ferrari, sino a Mercedes. El país que convirtió a los coches de carreras en parte de su identidad encontró a su nuevo campeón vestido con los colores de una escudería alemana.
Para Sergio Pérez, la tarde tuvo otro significado. El mexicano regresó al Gran Premio de casa con Cadillac después de un año de ausencia y disputó su carrera número 300 en la Fórmula 1. Terminó en el puesto 17, lejos de los protagonistas, pero volvió a presentarse ante la afición que durante años convirtió sus adelantamientos en asuntos de orgullo nacional. No hubo podio ni remontada memorable. Hubo, en cambio, una nueva página de resistencia en una trayectoria que conoce tanto el reconocimiento como los momentos difíciles.
Cuando terminó todo, Verstappen tenía su sexto triunfo mexicano; Hamilton había recuperado protagonismo con Ferrari; Pérez completaba trescientas carreras y Antonelli celebraba junto a su familia. Cuatro historias distintas quedaron reunidas en un mismo domingo. México vio ganar al veterano que domina su circuito y coronó al muchacho que acaba de cambiar la edad de la historia. La Fórmula 1 seguirá corriendo, pero aquella tarde ya tiene un lugar reservado en su memoria.



