ASÍ LO DIJO EL TABASQUEÑO / POR HÉCTOR I. TAPIA / 20/08/26
Alfonso Baca es una vaca para la política: tosco, distante, dado al desplante y apenas institucional frente al gobernador. La palabra que más se escucha sobre su gestión es «nefasta». Pero la vaca era gorda: en 2026 tenía a su disposición 738.8 millones de pesos; 61.6 millones mensuales, 2.02 millones diarios. Dinero suficiente para gobernar, construir lealtades y aceitar proyectos políticos. Ahora ese poder deja tres facturas. La primera, institucional: tres regidores preparan activar mañana al Cabildo y, ante la ausencia del alcalde, la segunda regidora asumiría temporalmente, como ordena la ley municipal. La segunda es penal. Baca asegura que la FGR investiga seis posibles delitos. Los niega, pero si existe una orden de aprehensión, su regreso dejaría de ser un acto político: sería un acto procesal, frente a un juez. La tercera factura es electoral y todavía debe probarse: versiones políticas señalan que desde Paraíso se financiaban precandidaturas naranjas. Eso explicaría el grito de algunos diputados y alcaldes: unos habrían recibido respaldo; otros todavía lo esperaban. Baca hizo del Ayuntamiento una vaca gorda. Ahora también tiemblan quienes esperaban ordeñarla.
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