Vestido de época, utensilios y objetos cinematográficos exhibidos en La Piel de las Películas.
Vestuario, mobiliario y utilería utilizados en producciones mexicanas salieron de las bodegas para integrar la galería La Piel de las Películas, en los Estudios Churubusco.

Churubusco abre el guardarropa y la memoria del cine mexicano

CDMX.— Un cañón que ya libró su guerra frente a las cámaras apunta ahora hacia el pasillo. Cerca descansan pistolas, 12 fusiles y una tropa inmóvil de uniformes azules. No son reliquias reunidas por azar: son herramientas de ficción rescatadas del deterioro.

Con La Piel de las Películas, los Estudios Churubusco convierten una bodega en galería y ensayan algo más ambicioso: preservar la memoria material del cine mexicano sin condenarla a permanecer detrás de una vitrina.

El espacio reúne cerca de mil prendas, alrededor de 250 objetos de arte y un centenar de muebles. Cada botón, mancha, costura y superficie pintada conserva el trabajo de quienes construyen una época, aunque sus nombres apenas sobrevivan en los créditos.

La Piel de las Películas

Memoria material

Prendas, objetos y muebles revelan el trabajo oculto detrás de cámara.

1,000 Prendas
250 Objetos de arte
100 Muebles
342 m² Área actual
Películas representadas
  • El viaje de Teo
  • Hidalgo
  • Morelos
  • Obediencia perfecta
  • Macho
  • Amor de madre

Lo que queda fuera de cuadro

Instalada en la bodega A, entre los foros 1 y 2, la galería ocupa 342 metros cuadrados. El recorrido cambia de escena sin necesidad de montaje: de armas y uniformes pasa a rosarios, sotanas, cirios y reclinatorios; después aparecen vestidos, rebozos, sombreros, baúles, vajillas, radios, globos terráqueos y vasijas de barro.

El acervo incluye piezas de El viaje de Teo (2007), Hidalgo: La historia jamás contada (2010), Morelos (2012), Obediencia perfecta (2014), Macho (2016) y la reciente Amor de madre. Entre los objetos reconocibles están el vestido rojo usado por Ana de la Reguera en Hidalgo, prendas llevadas por Demián Bichir, Dagoberto Gama y Juan Carlos Colombo, así como el estuche de violín de El viaje de Teo.

Visitantes recorren la galería de vestuario y utilería cinematográfica en los Estudios Churubusco.
Cerca de mil prendas, 250 objetos de arte y un centenar de muebles integran el acervo abierto al público en la bodega A de los Estudios Churubusco.

La cercanía modifica la forma de mirar. Una falda que aparece segundos en pantalla revela aquí su estructura y su peso. Algunas pinturas que parecen impresiones fueron elaboradas a pincel. La ropa campesina recibió tierra y manchas para fabricar años de uso antes de entrar al set. La ficción revela así el trabajo manual que sostiene su apariencia espontánea.

Rescatar antes de perder

La productora Lourdes García, directora de la galería, trabajó cerca de dos años para abrir el espacio. Parte del material permanecía arrumbado y comenzaba a deteriorarse. La museógrafa Patricia García Vázquez dedicó casi cinco meses a abrir cajas, revisar mobiliario, descolgar prendas y determinar qué podía salvarse. De ese inventario surgieron ocho núcleos temáticos, sin una cronología rígida ni una separación estricta por película.

Esa decisión tiene sentido porque los propios objetos nunca pertenecieron por completo a una sola historia. Los uniformes de soldados realistas regresaron en otras producciones; la ropa campesina cambió de personaje y el mobiliario pasó de una casa ficticia a otra. La galería no presenta al cine como una colección de títulos aislados, sino como un oficio que recicla, adapta y transforma.

El proyecto también exhibe una carencia histórica. Mientras películas, carteles y guiones suelen reconocerse como patrimonio, vestuario, escenografía y utilería pueden dispersarse o desaparecer al terminar los rodajes. Lo exhibido no nació como pieza de museo: sobrevivió al abandono antes de convertirse en desperdicio.

Un acervo en movimiento

La Piel de las Películas busca evitar que la preservación se convierta en inmovilidad. Parte del inventario podrá tocarse, probarse, rentarse o comprarse. Productores profesionales tendrán acceso a vestuario y utilería, mientras los estudiantes podrán solicitar paquetes o préstamos con costos diferenciados. Así, un objeto conserva su historia y al mismo tiempo reduce el costo de levantar una nueva producción.

La propuesta conecta memoria y economía. Reutilizar un uniforme disminuye compras y desperdicio; facilitar materiales a cineastas jóvenes baja una barrera concreta para filmar. El patrimonio vuelve al trabajo. El reto será evitar que la circulación dañe o disperse las piezas de mayor valor histórico.

Un acervo en movimiento

Otra vida

El acervo puede exhibirse, reutilizarse y apoyar nuevas producciones cinematográficas mexicanas.

Pulsa cada opción para conocer su recorrido

1 Mirar de cerca

El público puede descubrir costuras, pinturas, manchas y tratamientos que la cámara convierte en parte natural de una escena.

2 Tocar y probar

Parte del inventario rompe la distancia tradicional del museo: algunas prendas y objetos podrán tocarse o probarse.

3 Volver a filmar

Vestuario, mobiliario y utilería podrán rentarse o incorporarse a nuevos proyectos, en lugar de permanecer almacenados.

4 Apoyar estudiantes

Los jóvenes cineastas podrán solicitar préstamos o paquetes con costos diferenciados para sus primeras producciones.

5 Construir un museo

Los recursos obtenidos mediante rentas y ventas ayudarán a financiar el proyecto de un museo del cine dentro de los Estudios Churubusco.

La galería también recibirá objetos de directores, productores y diseñadores. Los ingresos de rentas y ventas ayudarán a financiar un plan mayor: crear un museo del cine en los Estudios Churubusco.

El museo posible

El director de los estudios, Cristián Calónico, plantea extender el proyecto a los tres niveles de la zona de bodegas, con una superficie aproximada de mil metros cuadrados, mientras se busca una sede más adecuada. Una futura convocatoria pretende reunir fotografías y materiales preservados por la comunidad cinematográfica; también se contempla incorporar cámaras y equipos de iluminación. Aún no existe fecha para concretarlo.

Ese museo empieza con una idea sencilla: una película no termina cuando se apaga el proyector. Continúa en los materiales y oficios que explican cómo fue construida. Hacerlos visibles reconoce a quienes trabajan fuera de cuadro.

La galería abre de lunes a viernes, de 10:00 a 15:00 horas, en los Estudios Churubusco, Atletas 2, colonia Country Club, Ciudad de México. La entrada es gratuita y forma parte de los recorridos guiados. El cañón quizá no vuelva a disparar, pero las piezas que lo rodean ya tienen otra misión: impedir que el cine mexicano olvide cómo hizo sus propias imágenes.

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