LOS ÁNGELES.— En Hollywood hay modas que duran lo que un suspiro y otras que se convierten en fiebre colectiva. Este año, la fiebre tiene forma de pelota diminuta y golpe seco: el tenis de mesa. Y el responsable de convertir un deporte subestimado en el tema favorito de la industria es Timothée Chalamet, quien llega a la cartelera mexicana el 15 de enero con Marty Supreme, cinta que ya lo puso en la conversación seria por el Oscar a Mejor Actor.
Porque si algo sabe hacer Hollywood es transformar lo improbable en mito.
Y pocas historias eran tan improbables como la de Marty Reisman, el showman del pimpón que apostaba su dinero, su honor y a veces hasta su salud mental en cada partido.
Reisman jugaba con el descaro de quien se cree invencible y la fragilidad de quien sabe que un mal saque puede costarle la carrera. Era un personaje salido de una novela de Damon Runyon… pero de verdad.
Marty Supreme toma ese universo de humo, apuestas, reflectores y salones neoyorquinos donde el pimpón era una mezcla de deporte, espectáculo y ruleta rusa. Pero lo que vuelve especial a esta película es que Josh Safdie —el director que filmó el caos ansioso de Uncut Gems— decidió contarla como si el tenis de mesa fuese un deporte extremo, casi al nivel del automovilismo o el box.
Aquí, la pelota es dinamita. Los movimientos son coreografías. Y Chalamet es un atleta en trance.
UN ACTOR QUE SE NIEGA A REPETIRSE
En tiempos donde muchos actores jóvenes se pierden en franquicias, Chalamet eligió el camino contrario: apostar su prestigio a personajes raros, intensos, incómodos. Desde hace años carga la etiqueta de “niño prodigio”, pero en esta película se sacude la imagen melancólica de Call Me By Your Name y se convierte en una máquina eléctrica, hecha de sudor, reflejos y riesgos.
Lo más llamativo no es que haya entrenado durante años para dominar el tenis de mesa, sino la convicción con la que se mueve en la pantalla. No está actuando un deporte: lo está respirando. Y en Hollywood eso pesa, porque la Academia tiene debilidad por las interpretaciones físicas, las que transforman el cuerpo y la energía del actor.
Por eso los críticos ya hicieron su apuesta: si esta película funciona en taquilla, el Oscar puede volverse una realidad.

Marty Supreme
Año: 2024–2025
País: Estados Unidos
Director: Josh Safdie
Guion: Josh Safdie y Ronald Bronstein
Protagonista: Timothée Chalamet como Marty Mauser
Reparto secundario: Odessa A’Zion; Kevin O’Leary; Tyler, the Creator; Abel Ferrara; Fran Drescher; Gwyneth Paltrow (participación especial)
Duración: 2h 15 min (estimado por insiders de A24)
Género: Drama biográfico / Comedia negra / Deporte / Thriller emocional
Música: Selección ochentera (New Order, Peter Gabriel, Alphaville, Tears For Fears)
Inspirada en: La vida del jugador y showman de tenis de mesa Marty Reisman
Temas clave: Nueva York underground (años 50–60)
Estreno en México: 15 de enero de 2026
SAFDIE, EL ARQUITECTO DEL VÉRTIGO
Josh Safdie no dirige películas; las lanza como misiles. Sus historias siempre llevan prisa, sudan ansiedad y vibran a un ritmo que ningún personaje alcanza a controlar. Marty Supreme no es la excepción. Filmada en 35 milímetros, con lentes anamórficos antiguos que le dan textura retro, la cinta se mueve entre épocas y atmósferas sin pedir permiso.
Safdie mezcla referencias como DJ desquiciado: del Lower East Side a ecos del Holocausto, de salones clandestinos a giras con los Harlem Globetrotters, del drama íntimo a un humor que aparece donde menos lo esperas.
Y para rematar, mete una banda sonora ochentera —New Order, Peter Gabriel, Alphaville, Tears For Fears— que convierte cada partido en un videoclip nostálgico y vibrante.

UN PERSONAJE QUE NACE PARA EL CAOS
Chalamet interpreta a Marty Mauser, un joven que aspira a ser leyenda del pimpón mientras pelea contra una adicción a las apuestas que lo devora por dentro. La contradicción es fascinante: un genio incapaz de controlarse. Un hombre que sólo sabe sentirse vivo cuando apuesta lo que no tiene. Un talento brillante atrapado en un deporte que muchos no toman en serio.
La película retoma elementos reales de la vida de Reisman —su breve trabajo vendiendo zapatos, sus duelos en clubes clandestinos, su necesidad de validación— pero nunca se limita a copiarlos. Más bien los convierte en combustible emocional.
Odessa A’Zion, compañera de reparto, lo resume muy bien: “Con Josh siempre hay libertad, pero él sabe exactamente hacia dónde empujar al actor.” Y Tyler, the Creator, añade: “Safdie elige a su elenco como si armara un reloj: cada pieza importa”.
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CHALAMET, CAMINO AL OSCAR
La combinación Safdie–Chalamet–Reisman podría ser uno de esos accidentes felices que Hollywood convierte en ciclo histórico. No todos los años aparece un personaje así: excéntrico, intenso, adictivo, perfecto para una actuación que juega entre la arrogancia y la vulnerabilidad.
Si Marty Supreme funciona como todo parece indicar, Chalamet podría dejar de ser “la promesa eterna de su generación” para convertirse —por fin— en ganador del Oscar.
Y todo gracias a una película donde el héroe no es un boxeador, ni un rey, ni un científico… sino un jugador de pimpón que apostaba hasta el alma.
La pelota, literalmente, está en la mesa.
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