Héctor I. Tapia
Este domingo 14 de diciembre, Tabasco recibirá a Fátima Bosch Miss Universe 2025 como si la corona hubiera caído sobre todo el estado.
La primera tabasqueña en ganar Miss Universe 2025 encabezará una caravana que saldrá del malecón Carlos A. Madrazo, recorrerá la avenida Gregorio Méndez y llegará a la Fuente del Chorro, para terminar en el parque Centenario 27 de Febrero, donde la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico estima la presencia de hasta 18 mil personas entre gradas y campo.
Habrá música, comedia, tamborileros y verbena popular, en una jornada que el propio gobierno describe como una fiesta familiar para celebrar a “nuestra reina de belleza tabasqueña”.
Mientras aquí se afina la logística de la bienvenida, en el resto del país sigue viva la conversación sobre otra cara del mismo relato: las polémicas que rodean al certamen, las investigaciones contra el dueño de la franquicia en México y las dudas sobre la legitimidad de la corona que hoy Tabasco piensa homenajear con honores de Estado.
FIESTA Y OPERATIVO
La fiesta está milimétricamente organizada. La secretaria Katia Ornelas Gil detalló que el acceso al Estadio Centenario 27 de Febrero se abrirá desde las dos de la tarde para que el público entre “con calma”, antes de que arranque la verbena a las cuatro, con la Orquesta Pepe Ixtepan y la Compañía.
También Tony Jenn, la pequeña La Keity, el Grupo Maney, la marimba del Gobierno del Estado, la comedia de La Choca Kasiana, la orquesta “Así es Tabasco”, el Ballet de Tabasco, la Academia Sofía, los Tamborileros Chocos, Royce Band MX y Claudia Cecilia.
El cierre musical estará a cargo de Chemaney de Tabasco, justo antes de la entrada estelar de Fátima. En paralelo, la explanada del INJUDET tendrá una pantalla gigante para quienes no alcancen lugar al interior. No es sólo una recepción: es un espectáculo masivo montado alrededor de una figura que, en estricto sentido, representa a un certamen privado de belleza, no a una política pública.
Para custodiar el recorrido y la concentración, el comisionado de la Policía Estatal, Jesús Amaya Guerrero, anunció un despliegue que roza los mil elementos: 427 de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, 81 de la Policía Estatal de Caminos, 400 de Fuerzas Armadas, Guardia Nacional y Marina, además de 40 integrantes de Protección Civil y el Sistema Estatal de Urgencias, más 45 elementos de seguridad privada.
En total, 993 elementos y 137 vehículos entre patrullas, unidades tácticas, ambulancias y equipos de ataque rápido. El mensaje implícito es claro: para recibir a la reina tabasqueña, el estado se pondrá en modo gran evento.
| Corporación | Elementos | Vehículos |
|---|---|---|
| Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana | 427 | 67 |
| Policía Estatal de Caminos | 81 | — |
| Defensa, Guardia Nacional y Marina | 400 | 49 |
| Protección Civil y Sistema Estatal de Urgencias | 40 | 21 |
| Seguridad privada | 45 | — |
| Total | 993 | 137 |
SOMBRAS DEL CERTAMEN
Mientras en Villahermosa se habla de música y verbena, fuera de Tabasco el nombre de Fátima Bosch se ha asociado a otro tipo de titulares.
La Unidad de Inteligencia Financiera congeló las cuentas del empresario Raúl Rocha Cantú, copropietario de la franquicia Miss Universe México, investigado por delincuencia organizada, presunto tráfico de armas y combustible, y vinculado en el pasado al caso del Casino Royale en Monterrey.
Sobre él pesa una orden de aprehensión y, al mismo tiempo, un acuerdo para colaborar como testigo con la Fiscalía General de la República. Nada de esto convierte automáticamente en ilegítima la victoria de Fátima, pero sí instala una duda razonable sobre el entorno empresarial y criminal en el que hoy se mueve una marca que sigue vendiéndose como aspiracional.

A esa trama se sumó el testimonio del ex juez Omar Harfouch, quien aseguró que Rocha intentó influir en su voto durante el certamen, bajo el argumento de que favorecer a la candidata mexicana beneficiaría supuestos negocios ligados a su padre.
Son señalamientos que el propio Rocha ha rechazado y que la familia de Fátima califica de infundados. Sin embargo, en términos de percepción pública, el daño está hecho: la idea de una corona “comprada” se instaló en las redes y en parte de la prensa, más allá de que, hasta ahora, no haya una resolución judicial que confirme un fraude.
En ese terreno gris, entre investigaciones formales y especulación mediática, es donde hoy camina la corona que este domingo 14 de diciembre se festeja en las calles de Tabasco.
VOCES EN DEFENSA
Del otro lado, la narrativa de defensa también se ha hecho escuchar. Vanessa Fernández Balboa, madre de Fátima Bosch, ha calificado de “absurdos” los ataques que recibe su hija desde el anonimato digital y reprocha que se utilicen redes y algunos medios para intentar desacreditar a una joven de 25 años.
Insiste en que, desde que llegó a Tailandia, Fátima aparecía en los primeros lugares de los pronósticos y que la combinación de belleza, disciplina e inteligencia la colocaba, por méritos propios, entre las favoritas.
Mónica Fernández, titular del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, ha sido tajante al afirmar que no tiene ninguna relación con Rocha Cantú, que su trabajo en el INDEP es independiente de cualquier polémica del certamen y que la legitimidad de su sobrina descansa en el desempeño que todo el mundo pudo ver.
También han salido voces del propio universo de los certámenes. Lupita Jones, primera Miss Universo mexicana, ha pedido separar a Fátima de los problemas estructurales de la marca global.
Sostiene que la tabasqueña se convirtió en una figura de resistencia desde el momento en que enfrentó públicamente al directivo que la increpó; y advierte que, si hubiera existido algún tipo de “arreglo”, ella también sería, en todo caso, víctima de un sistema que la rebasó.
La propia Fátima Bosch afirma que no renunciará a la corona, que la obtuvo bajo las mismas reglas que sus compañeras, que no tiene vínculos con Morena ni intereses políticos y que su papel es ser “voz de las mujeres del mundo”, no protagonista involuntaria de una batalla partidista. Entre acusaciones y defensas, su figura queda atrapada en un juego de poder que rebasa, por mucho, las pasarelas.

CONCURSO EN CUESTIÓN
Más allá de los nombres propios, el caso de Fátima Bosch Miss Universe 2025 reabre una discusión que venía de tiempo atrás: la pertinencia de seguir sosteniendo concursos de belleza como medida de valía en sociedades que dicen apostar por la igualdad.
Miss Universe ha intentado lavarse la cara: eliminó el límite máximo de edad, abrió la puerta a mujeres casadas, viudas, divorciadas, con hijos o embarazadas, y sustituyó el viejo 90-60-90 por conceptos más suaves como “figura saludable” o “belleza armónica”.
Sin embargo, la esencia permanece: mujeres evaluadas en pasarela, cámaras recorriendo sus cuerpos, respuestas exprés a temas complejos envueltas en trajes típicos y vestidos de noche. Por más que se hable de empoderamiento, el foco sigue siendo el mismo: el físico como condición de entrada al escenario.
Aunque Miss Universe cambió reglas —ya no hay edad máxima y pueden competir mujeres casadas, divorciadas o con hijos— el centro del espectáculo sigue siendo el mismo: cuerpos evaluados en pasarela, cámaras recorriendo la figura de las concursantes y discursos veloces sobre causas sociales.
- El nombre importa: se mide a la “Miss”, no a la historia completa de la mujer.
- El formato pesa: la pasarela sigue mandando sobre el trabajo comunitario.
- El mensaje confunde: se habla de empoderamiento, pero se califica apariencia.
Si el objetivo fuera reconocer la valía integral, el certamen tendría que parecerse más a un reconocimiento de Mujer Universo: menos obsesión por el vestido y más atención a lo que cada participante ha hecho por otras personas, por su comunidad, por transformar realidades.
La paradoja es que el momento más auténtico de Fátima Bosch no fue con corona, sino cuando enfrentó públicamente a un directivo que la trató con desprecio. Ahí, lejos del brillo del escenario, mostró algo que no cabe en una banda: dignidad.
La crítica de fondo es sencilla, pero incómoda: si lo que se busca es reconocer la “valía integral” de una mujer, el escenario no debería ser un desfile de cuerpos, sino una plataforma para historias de liderazgo, de resiliencia, de incidencia social.
El nombre, dicen algunas voces, tendría que evolucionar de Miss Universe a algo más cercano a “Mujer Universo”: menos luces sobre el vestido, más atención a lo que cada una ha construido fuera de la pasarela.
En ese sentido, es paradójico que la escena más poderosa de Fátima no haya sido con corona, sino cuando enfrentó a un directivo que la trató con desprecio y decidió irse. Ahí, más que en cualquier traje de gala, mostró dignidad. El problema no es que exista una reina tabasqueña, sino que sigamos usando ese modelo como espejo para medir el valor de las mujeres.

ORGULLO Y LÍMITES
En Tabasco la coronación se vive como una euforia peculiar: hay quienes sienten que ganó la familia, el municipio, el estado entero. En medio de esa emoción, conviene hacer una pausa.
La corona de Fátima Bosch es, en lo esencial, un logro estrictamente personal, fruto de años de disciplina y de una estructura privada de concursos. Es legítimo que la gente quiera verla, aplaudirla, celebrar que una tabasqueña se impuso en un escenario global.
El punto de fricción está en otra parte: en cuánto se sobredimensiona ese triunfo y cuánto se espera de él. Un concurso de belleza no transforma vidas ajenas, no resuelve la falta de oportunidades, no sustituye las políticas que las mujeres necesitan en seguridad, salud o trabajo. Es una fiesta íntima que el estado ha decidido convertir en espectáculo colectivo.
Este domingo 14 de diciembre, Fátima Bosch Miss Universe 2025 recorre las calles de Villahermosa y es recibida como reina, escoltada por casi mil elementos de seguridad y rodeada por miles de personas.
Pasado mañana, cuando se apaguen las luces de la verbena, seguirán ahí las preguntas que el brillo no alcanza a tapar: ¿qué modelo de éxito estamos colocando al centro?, ¿cuánta energía pública dedicamos a una corona en comparación con la que destinamos a las mujeres que sostienen el estado sin reflectores?, ¿qué nos dice de nosotros que la mayor concentración del cierre de año sea para celebrar a una figura envuelta en los mismos cuestionamientos que atraviesan al certamen que la coronó?
La respuesta no está en cancelar la fiesta, sino en mirar con más lucidez lo que, detrás de ella, estamos dispuestos a normalizar.

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