Héctor I. Tapia
La presencia de Clara Brugada en Tabasco durante el Primer Informe de Gobierno de Javier May Rodríguez envió un mensaje que no pasó inadvertido para quienes siguen la arquitectura del poder en la Cuarta Transformación.
No fue un gesto protocolario ni una cortesía de agenda. Se trató de un movimiento político que confirma un reacomodo territorial en el bloque gobernante, donde Tabasco —cuna simbólica del movimiento— vuelve a presentarse como plataforma de cohesión, no de disputa.
La lectura fina: la Jefa de Gobierno de la capital se muestra no sólo como figura nacional, sino como actora activa en el sur, reforzando alianzas que trascienden la narrativa morenista tradicional del “centro que irradia hacia la periferia”.
Muchas felicidades, querido @TabascoJavier. Ha sido un orgullo acompañarte en tu primer informe. Tu trabajo demuestra que la transformación es una realidad que se construye todos los días desde el territorio, escuchando al pueblo y poniendo por delante a quienes históricamente… pic.twitter.com/PW6WTmwveD
— Clara Brugada Molina (@ClaraBrugadaM) November 10, 2025
CLARA BRUGADA Y LA RECONSTRUCCIÓN DEL MAPA INTERNO
Brugada llegó a Villahermosa con algo más que un mensaje de respaldo. Su asistencia ocurrió en un momento en el que la 4T ajusta liderazgos después de meses de fricción, silencios incómodos y reposicionamientos tras la transición presidencial.
Su presencia, por primera vez como Jefa de Gobierno, subrayó un reconocimiento hacia May: su gobierno logró reordenar el territorio, estabilizar la seguridad y recuperar la legitimidad comunitaria perdida en los últimos años. En términos políticos, Brugada validó un estilo: gobierno de tierra, gabinete en movimiento, programas sociales con operación directa y sin intermediarios.
La escena fue leída también hacia México: Brugada no improvisa apariciones. Su visita funciona como una señal de alianza operativa entre dos gobiernos que comparten prioridades similares: seguridad con proximidad, obra pública con sentido social y control territorial a partir de presencia institucional, no de negociación opaca. La capital y Tabasco exhiben metodologías convergentes que, de consolidarse, pueden convertirse en una escuela política de la 4T en los próximos años.
EL TABLERO FEDERAL: VIDAL LLERENAS Y LA LÍNEA DE PALACIO
En representación de la presidenta, asistió Vidal Llerenas, subsecretario de Industria y Comercio. Su discurso fue breve, pero estratégico: diversificar la economía tabasqueña más allá del petróleo, fortalecer la infraestructura eléctrica y atraer inversión. La señal federal fue institucional y medible: Tabasco es un territorio prioritario dentro del plan de desarrollo económico del sur-sureste.
No menos relevante fue la presencia de figuras federales de rango medio —no ministros, no periféricos— sino operadores administrativos: Rocío Mejía (Financiera para el Bienestar), Oscar Rosado (CONDUSEF) y Violeta Abreu (Servicio Postal). Ese tipo de delegaciones habla de construcción, no de exhibición: estructura antes que narrativa.






LA REGIÓN OBSERVA: CHIAPAS Y LA SEGURIDAD COMPARTIDA
El gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, fue directo: la coordinación con Tabasco en seguridad es “nunca antes vista”. La frase es política en sí misma. Reconoce que el sur vive tensiones transfronterizas, flujo de armas, migración y presencia de grupos criminales que mutan con rapidez.
Tabasco y Chiapas comparten 16 municipios colindantes; la cooperación no es aspiración, es necesidad. El mensaje implícito: la región se está alineando en una estrategia común.
Salomón Jara (Oaxaca), Ricardo Ahued (Veracruz), José Alberto Alonso Ovando (Quintana Roo) y Javier Tonalli Ortiz (Yucatán), redondearon la escena: gobernadores o enviados que participaron no para el retrato, sino para reconocer que Tabasco dejó de ser foco de descontrol y comenzó a ejercer su función de pivote sureño.
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LA SEÑAL MÁS RELEVANTE: ESTABILIDAD Y PROYECTO
Si algo buscaba mostrar Javier May, era estabilidad operativa. Seguridad con resultados, gasto público orientado a programas y obra territorial, y una narrativa política distinta a la del ruido faccioso. El informe fue sobrio. La forma fue parte del mensaje.
Brugada lo sintetizó: “Estoy escuchando obras, hechos, principios. Todo hecho realidad”. No fue halago. Fue validación.
El regreso del sur al tablero ocurre en un momento clave: la 4T necesita gobiernos que funcionen, no solo discursos que movilicen. Si Tabasco sostiene esta línea, puede volver a tejer algo que había perdido: capacidad de irradiar proyecto. No poder simbólico. Poder operativo.
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