Héctor I. Tapia
Javier May Rodríguez decidió confrontar públicamente una medición que lo coloca en la parte baja de la tabla. El gobernador descalificó los resultados de Consulta Mitofsky, cuestionó su precisión y aseguró que los estudios con los que cuenta su administración lo ubican arriba de 60% de aceptación.
El contraste, sin embargo, permite ir más allá del pleito entre un gobernador y una encuestadora. Las mediciones públicas disponibles efectivamente muestran a May, en su mayoría, por encima del 41.7% que le atribuye Mitofsky, aunque tampoco existe entre ellas un consenso que coloque su aprobación por encima de 60%.
El Tabasqueño revisó la última medición disponible de ocho firmas que han evaluado al mandatario durante 2026. Sin incorporar Mitofsky al cálculo, el promedio se ubica en 51.60%. Es una diferencia de 9.9 puntos respecto del resultado de Mitofsky, pero también queda 8.4 puntos debajo del 60% que el gobernador asegura superar en sus mediciones.
La fotografía, entonces, tiene matices. May tiene datos públicos para sostener que Mitofsky lo mide considerablemente más abajo que buena parte de las demás casas. Lo que no puede afirmarse con la información pública disponible es que exista un acuerdo demoscópico que lo coloque arriba de 60%.
Siete meses, una mejora lenta
Mitofsky mantiene a Javier May entre sus gobernadores con menor aprobación, pero su propia serie registra una recuperación desde abril.
Otra fotografía
La dispersión es amplia. SRC registra 40.8% en julio; CE Research, 43% en agosto; FactoMétrica, 47.9% en julio; Cripeso, 48.61% en agosto; Polls.mx, 48.9% en su última medición disponible; y Demoscopia Digital, 52.6% en julio.
En la parte alta aparecen dos mediciones. Rubikon Intel coloca a Javier May con 63.3% de aprobación en agosto y en el tercer lugar nacional, únicamente detrás de los gobernadores de Chiapas y Sonora. Su estudio fue realizado entre el 10 y el 15 de agosto mediante 7 mil 786 entrevistas a nivel nacional.
El resultado de Rubikon es especialmente relevante frente a lo dicho por May: es una medición pública e independiente que sí lo coloca arriba del umbral de 60% mencionado por el gobernador. En su ranking, Eduardo Ramírez registra 68.4%, Alfonso Durazo 64.3% y May 63.3%.
Rubrum ofrece otro resultado alto: una calificación de 6.09 en agosto, equivalente a 67.67% al convertir su escala a base cien. Aquí hay que poner una advertencia: Rubrum evalúa trabajo y desempeño gubernamental, por lo que no debe leerse como idéntica a una pregunta directa de aprobación.
El dato público que sí rebasa 60%
Rubikon coloca a Javier May en el tercer lugar nacional de aprobación, a un punto del segundo sitio.
El otro extremo
Mitofsky está en la otra punta. Su medición de julio coloca a May con 41.7%, prácticamente diez puntos debajo del promedio de las otras ocho mediciones consideradas. No está sola en la franja baja —SRC reporta 40.8% y CE Research 43%—, pero sí se distancia considerablemente de Demoscopia, Rubikon y Rubrum.
Y hay otro elemento que evita una lectura simplista de la propia Mitofsky: su serie reciente no muestra deterioro de May, sino una recuperación moderada.
La firma lo midió en 39.3% en enero; 40.3% en febrero; 39.8% en marzo; 39.3% en abril; 39.8% en mayo; 40.8% en junio y 41.7% en julio. Entre abril y julio, por tanto, May ganó 2.4 puntos dentro de la propia encuesta que ahora cuestiona.
Ese movimiento no cambia su posición baja respecto de otras firmas, pero sí importa: una cosa es discutir el nivel en que Mitofsky coloca al gobernador y otra afirmar que esa medición registra una caída. No la registra.
No todas las encuestas miden exactamente lo mismo
El promedio sirve como referencia para observar el conjunto, pero las casas encuestadoras utilizan preguntas, muestras, fechas y métodos diferentes.
Opinión directa
Buscan conocer si el ciudadano aprueba, acepta o respalda la gestión del gobernador.
Una vara distinta
Incorporan calificación del trabajo gubernamental o distintos componentes de gestión.
“Otros datos”
May fue más lejos que expresar desacuerdo. “Nosotros siempre hemos dicho, traemos otros datos diferentes a los que trae Mitofsky”, sostuvo, antes de cuestionar quiénes están “apuntalando” a la casa encuestadora y afirmar que “ya tiene rato que no le atina”.
El gobernador aseguró después que sus números lo sitúan “arriba del 60% de aceptación” y vinculó esa evaluación con programas de vivienda, Sembrando Vida, Pescando Vida, Inclusión Digital, salud, cataratas e infraestructura.
Aquí aparece el límite de la comparación: las mediciones internas mencionadas por May no fueron presentadas con ficha técnica, tamaño de muestra, cuestionario o levantamiento, de acuerdo con la información proporcionada sobre sus declaraciones. Por ello, ese dato superior a 60% no puede contrastarse metodológicamente con Mitofsky ni con las demás firmas.
Sí puede compararse políticamente con las encuestas públicas. Y allí el resultado es mixto. Rubikon coincide con el rango señalado por May: 63.3%. Rubrum lo supera en su evaluación de desempeño. Demoscopia lo deja en 52.6%. Otras cuatro mediciones se mueven entre 43% y 49%. El promedio termina poniendo orden entre los extremos.
Ni 42 ni 60
Tomando la última medición disponible de Demoscopia Digital, SRC, Cripeso, FactoMétrica, CE Research, Rubrum, Rubikon y Polls.mx, el promedio sin Mitofsky es de 51.60%.
No es una encuesta. Tampoco pretende sustituirlas. Es un promedio descriptivo que permite observar dónde queda el gobernador cuando se colocan juntas mediciones con metodologías y fechas distintas. Por eso debe manejarse con cuidado.
Pero ofrece una referencia útil: la fotografía conjunta está más cerca de 52% que del 41.7% de Mitofsky o del nivel superior a 60% señalado por May.
La distancia con Mitofsky es, además, demasiado amplia para ignorarla. Casi diez puntos separan su resultado del promedio de las otras mediciones. Eso explica políticamente la molestia del gobernador. No resuelve, sin embargo, cuál encuesta tiene razón.
Distintas varas
Las encuestas no son un marcador oficial.
Cambian las muestras, las fechas de levantamiento, la redacción de las preguntas, los métodos de recolección y hasta aquello que se pregunta. Algunas miden aprobación directa; otras califican desempeño. Sumarlas sirve para identificar una tendencia, pero no convierte sus metodologías en equivalentes.
El propio estudio de Rubikon muestra la dimensión de esas diferencias. Su encuesta nacional de agosto utiliza un panel profesional en línea combinado con captación mediante redes sociales y filtros geográficos, de edad, escolaridad y participación política.
Por eso el dato más sólido no está en escoger la cifra más conveniente. Está en mirar el conjunto. Y el conjunto muestra que Mitofsky no representa por sí sola la fotografía demoscópica de Javier May. Hay mediciones casi iguales a la suya, otras diez puntos arriba y dos que rebasan 60%.
También muestra algo que incomoda cualquier lectura propagandística: el promedio de las otras encuestas tampoco alcanza el nivel que el gobernador atribuye a sus estudios internos.
La medida
La discusión que abrió May deja así dos planos. En el político, el gobernador decidió enfrentar una encuesta que lo mantiene entre los mandatarios peor evaluados y puso en duda públicamente su credibilidad.
En el estadístico, los números disponibles permiten una conclusión menos estridente: Mitofsky mide a May considerablemente por debajo del promedio de las otras firmas, pero el promedio tampoco confirma que su aprobación general esté instalada arriba de 60%.
Entre ambos extremos aparece una franja alrededor del 52%. Ahí está, por ahora, la fotografía más prudente. May puede discutir con Mitofsky. Mitofsky puede defender su método. Las demás encuestas introducen algo más útil en la conversación: contraste.
Y cuando se colocan todas sobre la mesa, el gobernador aparece mejor evaluado de lo que dice Mitofsky, pero todavía sin el consenso demoscópico necesario para convertir el 60% en una cifra general.
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