Pelotero de Olmecas de Tabasco cargado en hombros por sus compañeros festejando el triunfo en el Estadio Centenario 27 de Febrero.
La euforia estalló en el Estadio Centenario 27 de Febrero tras el out final; la novena tabasqueña celebró en grande la victoria conseguida en casa. Foto: olmecastabasco.mx

Olmecas de Tabasco y la lección de 1993 tras el drama de la entrada 13

Por El Ampáyer del Postscripto

Amigos míos, el béisbol es una religión amarga y maravillosa que no entiende de cortesías diplomáticas ni de discursos acomodados para quedar bien con la oficina del gobernador. La pelota no tiene costuras de seda ni pide perdón cuando pica de foul o se va del otro lado de la barda. La noche del jueves 27 de agosto de 2026, cuando el reloj ya cantaba los primeros minutos del viernes en Villahermosa, vi a miles de fanáticos gritar como si hubiesen descubierto el agua tibia en medio del desierto.

Y no los culpo, porque la pasión del fanático siempre es ciega y perdonadora, pero quienes peinamos canas y llevamos más de medio siglo anotando strikes y bolas en la libreta de anotaciones tenemos la obligación de ejercer la memoria con la lucidez de un cirujano. Tuvieron que pasar exactamente 33 años de fracasos acumulados, desfiles de directivos incompetentes y promesas huecas para que la franquicia afincada en la colina de Atasta volviera a meter la cabeza en una Serie de Campeonato de la Zona Sur de la Liga Mexicana de Béisbol.

Para entender la dimensión real de esta euforia colectiva hay que desempolvar los periódicos viejos y viajar a la calurosa noche del martes 31 de agosto de 1993. A las 22:21 horas de aquel día inolvidable, el cielo de Tabasco no se iluminó por obra del azar ni por la chequera ilimitada de un magnate improvisado, sino por el brazo de hierro del zurdo Cecilio Ruiz, un muchacho de la tierra que tiraba la pelota pegada a los codos y con el alma por delante.

Mosaico de fotografías históricas de los Olmecas de Tabasco campeones de la LMB en 1993, mostrando el roster completo en el Estadio Parque Centenario 27 de Febrero, el mánager Juan Navarrete en el intercambio de lineups y la afición festejando con el trofeo y la Cabeza Olmeca.

Aquel equipo legendario, conducido desde la cueva con mano de seda y látigo de cuero por Juan Navarrete, le ganó la Serie Final a los peligrosos Tecolotes de los Dos Laredos por 4 juegos a 1 a base de pura disciplina y juego pequeño. No era un conjunto de nombres rimbombantes para vender camisetas, sino un trabuco donde hombres como Emigdio López, Ricardo Osuna y el cañonero norteamericano Todd Brown sabían perfectamente cuál era su trabajo en el terreno bajo la presidencia de Diego Rosique Palavicini, un dirigente que jamás confundió el espectáculo con la demagogia.

Lo que vivimos en el séptimo y definitivo encuentro frente a los disputados Guerreros de Oaxaca en este lejano 2026 fue una comedia de nervios deshechos y errores conceptuales que casi termina en tragedia nacional. El serpentinero abridor Jeremy Rhoades enseñó una casta enorme en las primeras entradas al meter el brazo con frialdad matemática cuando la visita le llenó las almohadillas sin outs en el segundo capítulo.

La alineación tabasqueña pareció responder al libreto ideal cuando el parador en corto Jasson Atondo impulsó la primera carrera en los spikes de José Godoy durante el tercer episodio. El propio Godoy fletó la segunda rayita en la cuarta entrada mediante un limpio batazo al jardín derecho y Marco Hernández coronó lo que parecía una noche tranquila empujando a Atondo en la quinta para poner la pizarra tres a cero a favor de los locales.

EL TABASQUEÑO | ANÁLISIS HISTÓRICO

CAREO DE ÉPOCAS: OLMECAS 1993 VS. 2026

INTERACTIVO
TEMPORADA 1993
Mánager: Juan Navarrete
Presidente: Diego Rosique Palavicini
Estilo: Béisbol pequeño, toque y corrido táctico.
TEMPORADA 2026
Mánager: Luis Carlos Rivera
Presidente: Daniel Gómez Arellano
Estilo: Gestión moderna de bullpen y métricas.
Fuente: Datos históricos LMB / Elaboración propia El Tabasqueño

La peligrosa amnesia de la novena entrada

Sin embargo, en este juego de pelota la soberbia se paga con intereses moratorios y el mánager Luis Carlos Rivera estuvo a punto de aprender la lección de la peor manera posible. En el noveno episodio, cuando la fanaticada ya preparaba los fuegos artificiales y los mariachis afinaban en los pasillos del inmueble, el cerrador dominicano Jimmy Cordero saltó al diamante desorientado y sin el control mínimo de su zona de strike.

El diestro regala bases, se queda colgado con los lanzamientos rompedores y permite que la escuadra bélica le arme una rebelión dramática para empatar la pizarra a tres carreras por bando ante el estupefacto silencio de las tribunas. El Parque Centenario del 27 de Febrero pasó de ser una fiesta patronal a convertirse en un velatorio helado donde miles de almas masticaban la rabia de ver cómo se escapaba entre los dedos un boleto que ya daban por comprado.

Fueron necesarias cuatro entradas adicionales de agonía pura, donde ambos cuerpos de relevistas caminaron por la cuerda floja sin red de protección bajo el calor sofocante de la medianoche. Tuvo que venir la parte baja del episodio número 13 para que el destino le guiñara el ojo al cuadro de casa tras un desgaste físico espantoso para ambos planteles.

EL TABASQUEÑO | TABLA COMPARATIVA

LÍDERES INDIVIDUALES EN PLAYOFFS

Categoría Héroe 1993 Héroe 2026 Impacto
As de Rotación Cecilio Ruiz (LHP) Luis Cessa (RHP) Dominio Total
Bate Ofensivo Todd Brown (.343 AVG) Jasson Atondo (.325 AVG) Consistencia
Factor Clave Emigdio López (Relevo) Alan Espinoza (Walk-off) Clutch
Estrategia Juan Navarrete Luis Carlos Rivera Liderazgo
Fuente: Sección Deportes | El Tabasqueño

Bateador de Olmecas de Tabasco conecta un sólido batazo durante el juego en el Centenario.
Con sólido contacto al batazo, la ofensiva de la tribu hizo crujir la madera para marcar el rumbo de la pizarra.

El jardinero Agustín Ruiz abrió la tanda conectando un imparable salvador al bosque derecho que devolvió la respiración a las tribunas antes de que viniera el momento consagratorio. Con dos outs en el marcador y la tensión cortándose con un cuchillo, el receptor Alan Espinoza descifró una recta descarriada del relevista Enderson Franco para depositar la pelota del otro lado de la vereda izquierda con un cañonazo formidable de dos carreras que selló la pizarra final 5-3 y desató una locura desbordada que tapó, al menos por unas horas, las serias fallas defensivas del equipo.

Conviene recordar que esta franquicia fundada originalmente en 1975 como los Cardenales de Tabasco —y que transitó sin pena ni gloria bajo los motes de Plataneros y Ganaderos antes de bautizarse definitivamente como Olmecas en 1990— arrastra sobre sus espaldas 52 años de existencia en el circuito veraniego. Decirle hoy a la afición que todo es miel sobre hojuelas únicamente porque se dejó en el camino a Oaxaca en trece agotadores innings sería una falta de respeto al oficio periodístico.

El plantel actual, respaldado en las oficinas por la gestión ejecutiva de Daniel Gómez Arellano, cuenta con nombres de indiscutible jerarquía internacional como el ex-ligamayorista Luis Cessa en la rotación y el propio Atondo en las paradas cortas, pero la Serie de Campeonato que arranca este fin de semana ante los Pericos de Puebla pertenece a otra dimensión competitiva donde los regalos se pagan con la eliminación.

EL TABASQUEÑO | BÉISBOL SERIE DE CAMPEONATO

Ruta a la Serie del Rey: Olmecas vs. Pericos

JUEGOS 1 Y 2
29 y 30 de Agosto
Parque Centenario (Villahermosa)
JUEGOS 3, 4 Y 5*
1, 2 y 3 de Septiembre
Estadio Hermanos Serdán (Puebla)
*Juegos 5, 6 y 7 en caso de ser necesarios. | Fuente: Liga Mexicana de Béisbol

El pesaje definitivo ante los Pericos de Puebla

En la gloriosa campaña de 1993, antes de levantar el trofeo absoluto, aquel escuadrón inolvidable tuvo que despachar en la Final de la Zona Sur a los temibles Diablos Rojos del México en cinco vibrantes desafíos. Para lograr semejante proeza no bastó con el entusiasmo de la tribuna ni con los discursos motivacionales de vestidor; se necesitó una rotación abridora de acero inoxidable integrada por Salvador Colorado, Ricardo Osuna y Enrique Herrera, quienes caminaban profundo en los partidos para evitar el desgaste innecesario de los brazos de relevo.

Si el estratega Luis Carlos Rivera pretende inscribir su nombre con letras de oro junto al del inmortal Juan Navarrete, tendrá que corregir de inmediato la tendencia de sus lanzadores a meterse en conteos profundos y regalarnos pasaportes que terminan convirtiéndose en carreras del adversario.

El béisbol es una ciencia exacta envuelta en misterio que no vive de la nostalgia ni le concede favores a los equipos que se conforman con victorias a medias. Los cientos de aficionados que abarrotaron desde temprano las taquillas del coloso atasteco para adquirir sus entradas de cara a los juegos uno y dos no están pagando un boleto para ver caer a sus ídolos con la frente en alto o cosechar derrotas morales.

EL TABASQUEÑO | MOMENTO DE LA SERIE FINAL – 13 INNINGS
Guerreros
Oaxaca
4
WALK-OFF
Juego 7 de Zona
Olmecas
Tabasco
5
La Jugada Decisiva:
Sencillo remolcador de Alan Espinoza en la parte baja del décimo tercer episodio dejó sobre el terreno a Oaxaca y desató la euforia en Villahermosa.

ugador de Olmecas de Tabasco celebra tras cruzar el plato y anotar carrera.
Cada llegada a la registradora se festejó con fuerza en el dugout chocos, afianzando la ventaja en el marcador.

La afición tabasqueña ha sido paciente durante más de tres décadas y exige un equipo que ejecute los fundamentos básicos con la elegancia y la contundencia que exige la historia de esta plaza.

Los Pericos de Puebla vienen de dejar en el camino a las nóminas más acaudaladas de la liga y no van a llegar a Villahermosa a actuar como invitados de piedra en la fiesta ajena. Los Olmecas ya demostraron que poseen el coraje suficiente para salir con vida del fondo de la fosa en un séptimo juego de extrainnings, pero a partir de este sábado deberán probar sobre el terreno si realmente tienen la categoría y la frialdad de un club grande capaz de alcanzar la gloria sin necesidad de bordear el infierno.

“Como decía la vieja guardia: en la vida y en el béisbol, los errores no cuentan si la pelota sale del campo.”

— El Ampáyer del Postscripto

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