Héctor I. Tapia
En Tabasco, algunos aspirantes podrían descubrir que encabezar una encuesta, tener estructura política o haber construido durante meses una candidatura no será suficiente para llegar a la boleta. En 2027, los partidos deberán convertir sus preferencias internas en una combinación que cumpla simultáneamente con paridad de género, segmentos y competitividad electoral.
La dificultad será política tanto como jurídica. Cada nombre tendrá que encajar dentro de una distribución estatal y una decisión tomada en un municipio podrá obligar a revisar lo que parecía resuelto en otro. La selección de candidaturas dejará de ser una suma de decisiones aisladas para convertirse en una sola ecuación.
Un tablero que debe cerrar completo
Si los partidos postulan individualmente en los 17 municipios, la base será de nueve mujeres y ocho hombres. Pero esa cuenta apenas será el primer filtro, porque las demarcaciones están divididas además en dos segmentos comunes que todas las fuerzas deberán respetar antes de registrar sus planillas.
El segmento A agrupa nueve municipios y exige cinco mujeres y cuatro hombres. El segmento B contiene ocho y se distribuye cuatro y cuatro. Eso significa que un partido no podrá colocar libremente sus nueve candidaturas femeninas donde políticamente le resulte más conveniente: la combinación también deberá cerrar dentro de cada segmento.
No son 17 candidaturas separadas: es una sola combinación
Cada partido deberá hacer que todas sus postulaciones cierren al mismo tiempo.
Primera cuenta
Después vienen los segmentos
5 mujeres / 4 hombres
4 mujeres / 4 hombres
Luego, la competitividad
Y todo debe coincidir
Después aparece una segunda revisión que cambia según la fuerza política. Los municipios se ordenan conforme a la votación obtenida por cada partido y se integran en bloques de competitividad baja, media y alta. Ahí comienza el verdadero rompecabezas, porque una misma demarcación puede ocupar posiciones diferentes para Morena, MC, PRI, PAN, PVEM, PT o PRD.
Paraíso permite entenderlo. Mientras para algunas fuerzas aparece dentro del bloque bajo, para Morena está en el medio y para Movimiento Ciudadano en el alto. No existe, por tanto, una regla que diga que ese municipio “corresponde” a un hombre o a una mujer: cada partido debe resolver su propia combinación según los resultados electorales que obtuvo.

El bloque alto introduce una presión adicional. Está formado por cinco municipios y su distribución base contempla tres mujeres y dos hombres. Si una fuerza política tiene tres aspirantes masculinos considerados competitivos dentro de esas cinco demarcaciones, no podrá convertir automáticamente a los tres en candidatos sin revisar cómo queda el conjunto.
Cuando ganar encuesta ya no basta
Morena ofrece un ejemplo de cómo puede aparecer esa tensión. Su bloque alto está formado por Balancán, Jonuta, Cárdenas, Macuspana y Huimanguillo. Si tres hombres encabezaran las preferencias internas en tres de esos municipios, la dirigencia tendría que revisar la combinación porque la distribución base sólo contempla dos posiciones masculinas.
El mismo municipio cambia de peso según el partido
Selecciona una fuerza política y observa sus cinco municipios de mayor competitividad.
Ahí aparece uno de los efectos políticos más importantes de las reglas. Ganar una encuesta puede ordenar las preferencias en un municipio, pero no garantiza que ese resultado pueda coexistir con las demás candidaturas del partido. La encuesta responde quién está mejor posicionado; la paridad obliga a preguntar si todos esos ganadores caben juntos.
Un aspirante puede tener respaldo territorial, estructura, acuerdos internos y ventaja demoscópica, pero si su postulación rompe la distribución dentro de un bloque o segmento, la dirigencia tendrá que mover alguna pieza. El problema dejará de ser únicamente quién tiene mayores posibilidades electorales y pasará a ser quién puede entrar sin desarmar el resto del tablero.
La revisión es todavía más fina en el bloque bajo. Aunque su distribución base es de tres mujeres y tres hombres, los seis municipios se dividen nuevamente para evitar que las candidatas sean concentradas precisamente donde cada partido obtiene sus resultados más débiles.
En las posiciones uno, dos y tres puede ubicarse como máximo una mujer; en las posiciones cuatro, cinco y seis deben aparecer al menos dos. La lógica es sencilla: impedir que la paridad electoral se cumpla matemáticamente mientras las mujeres son enviadas de manera predominante a territorios donde esa fuerza política enfrenta menores condiciones de competencia.
Así deberán cuadrar los partidos sus candidaturas en 2027
El costo político será interno
Nada de esto significa que el IEPCT vaya a seleccionar candidatos ni a determinar anticipadamente qué municipio corresponde a un hombre o a una mujer. Los partidos conservan esa facultad. La autoridad electoral fija la ecuación y revisa su cumplimiento; las dirigencias deciden qué nombres utilizan para resolverla.
Esa diferencia será crucial cuando comiencen las inconformidades. Si un aspirante queda fuera, no bastará con afirmar que “la paridad lo bajó”. La pregunta será por qué la dirigencia decidió preservar determinadas candidaturas y modificar precisamente ésa, cuando podía haber distintas maneras de reorganizar el tablero dentro de las reglas.

El conflicto puede crecer si durante meses los partidos permiten que determinados aspirantes sean presentados como candidatos inevitables, encabecen recorridos, acumulen adhesiones y aparezcan reiteradamente como favoritos en encuestas. Cuanto mayor sea la expectativa construida alrededor de un nombre, mayor será el costo político de comunicar después que la combinación estatal obliga a revisar su postulación.
Ganar una encuesta ya no resuelve toda la candidatura
1. Gana la encuesta
El aspirante aparece como el mejor posicionado en su municipio.
2. Entra al tablero
Debe encajar en género, segmento y bloque de competitividad.
3. ¿Cabe o no cabe?
Si rompe la combinación, el partido tendrá que mover esa u otra candidatura.
Podrán aparecer negociaciones, declinaciones, compensaciones, inconformidades e incluso impugnaciones. La paridad de 2027 no necesariamente creará esos conflictos, pero sí puede hacer visibles contradicciones que las dirigencias hayan pospuesto mientras cada aspirante construía su proyecto como si su municipio pudiera resolverse de manera independiente.
A esa ecuación se suman además las acciones afirmativas. Los partidos deberán cubrir fórmulas juveniles y espacios para pueblos indígenas y afromexicanos, personas con discapacidad y población LGBT+, incorporando nuevas variables a una selección que ya tendrá que conciliar género, territorio y competitividad.
La cantera también entra en juego
Una misma persona podrá contribuir al cumplimiento de más de una obligación. Una mujer joven, por ejemplo, puede satisfacer simultáneamente criterios de paridad y participación juvenil si reúne los requisitos correspondientes. Eso proporciona mayor margen a los partidos que hayan desarrollado cuadros diversos con anticipación.
Las organizaciones que hayan abierto espacios reales a mujeres, jóvenes y grupos históricamente subrepresentados llegarán con más posibilidades de construir combinaciones competitivas. Las que hayan concentrado sus expectativas en un número reducido de figuras masculinas podrían encontrarse con un problema que no proviene únicamente de la autoridad electoral, sino de la estrechez de su propia oferta política.
En ese sentido, las reglas también medirán la capacidad de formación interna de los partidos. La paridad no elimina la competencia ni sustituye el peso político de los aspirantes; exhibe qué tan amplia o qué tan limitada es la cantera con la que cada organización pretende disputar los municipios.
La consecuencia puede observarse como una cadena. Una decisión en Cárdenas puede condicionar otra en Macuspana; ese acomodo puede repercutir en Huimanguillo y terminar obligando a revisar una postulación distinta dentro del segmento correspondiente. No porque exista una relación jurídica directa entre esos municipios, sino porque todos forman parte de una misma combinación.
Por eso, cada candidatura ocupa un espacio que deja disponible —o cierra— otro. Las dirigencias tendrán que dejar de pensar sus postulaciones como diecisiete elecciones municipales separadas y comenzar a construirlas como un solo tablero donde cada movimiento modifica las opciones restantes.
Durante los próximos meses habrá encuestas, recorridos, adhesiones y aspirantes que comenzarán a ser presentados como inevitables. Pero ninguna candidatura estará verdaderamente resuelta mientras los nombres del partido no puedan colocarse juntos sobre la misma tabla y la combinación completa satisfaga las reglas.
En 2027 habrá quienes ganen una encuesta y descubran después que el verdadero obstáculo no estaba en la encuesta. Estaba en la combinación.



