CDMX.— El hombre que desafió al partido que parecía dueño de México tendrá este viernes 30 de octubre una despedida de Estado en el Palacio de Bellas Artes. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fallecido el miércoles a los 92 años, recibirá un homenaje de cuerpo presente, programado para las 11:00 horas, en una ceremonia abierta a los ciudadanos. Su última aparición ante el país será, precisamente, en el escenario de una historia que ayudó a cambiar.
El reconocimiento obligó a modificar las exequias. La cremación, prevista originalmente para la tarde del jueves, fue pospuesta para permitir el homenaje nacional. Un día antes, en el Panteón Francés, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó una guardia de honor ante el féretro cubierto con la bandera mexicana, acompañada por los hijos del ingeniero y dirigentes de diversas corrientes políticas.
Hay una paradoja que recorre su biografía: Cárdenas nunca consiguió la Presidencia, pero contribuyó a terminar con el sistema que decidía quién podía ocuparla. Surgido de las entrañas del PRI, encabezó la ruptura que convirtió la inconformidad social en una fuerza electoral. Su legado no se mide solamente por las elecciones perdidas, sino por las posibilidades democráticas que aquella rebelión abrió.
Para Tabasco, esa historia tiene una dimensión propia. El movimiento cardenista de 1988 fue también el punto de partida de una nueva generación opositora encabezada en el estado por Andrés Manuel López Obrador. Décadas después, aquella corriente política terminaría llegando al poder nacional, aunque por una ruta distinta a la imaginada por el ingeniero.
De la despedida privada al homenaje nacional
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano · 1934–2026
Fallecimiento
Cuauhtémoc Cárdenas muere en la Ciudad de México a los 92 años. Su muerte provoca expresiones de reconocimiento de distintas corrientes políticas.
Guardia de honor
La presidenta Claudia Sheinbaum acompaña a la familia durante el funeral en el Panteón Francés. Asisten dirigentes de diferentes partidos.
Homenaje en Bellas Artes
Ceremonia de cuerpo presente programada para las 11:00 horas, abierta a la ciudadanía. La cremación originalmente prevista fue pospuesta.
No llegó a la Presidencia, pero contribuyó a abrir las puertas de la democracia electoral mexicana.
La última guardia
El jueves, políticos que habían caminado junto a Cárdenas y otros que militaron en fuerzas adversarias acudieron al Panteón Francés. Entre los asistentes estuvieron Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Ernestina Godoy, Clara Brugada, el exgobernador tabasqueño Arturo Núñez y el senador Adán Augusto López Hernández. El funeral privado terminó convertido en un reconocimiento que atravesó generaciones y partidos.
Sheinbaum recordó al ingeniero con una mezcla de emoción personal y memoria política. Relató que lo conoció cuando era estudiante de la UNAM, durante las movilizaciones universitarias de los años ochenta. También evocó las dudas iniciales que despertaba entre jóvenes de izquierda la procedencia priista de Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez.
“Aquella histórica jornada electoral, en la que debió haber sido reconocido como Presidente, marcó el inicio de la transformación democrática”, afirmó la mandataria sobre los comicios de 1988. Su declaración recuperó una controversia que nunca desapareció: el cuestionamiento a la victoria oficialmente atribuida a Carlos Salinas de Gortari.




La despedida reunió, además, distintas maneras de interpretar al personaje. Para algunos fue el fundador de la izquierda electoral moderna; para otros, un dirigente nacionalista de principios firmes. Su muerte permitió reconocer una coincidencia más amplia: sin aquella fractura del PRI, la transición política mexicana difícilmente habría seguido el mismo recorrido.
La rebelión interna
La ruptura empezó antes de las elecciones. En 1986, México padecía una profunda crisis económica, inflación, deterioro salarial y creciente desigualdad. Dentro del PRI, Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo encabezaron la Corriente Democrática, acompañados por figuras como Ifigenia Martínez, que exigían democratizar la selección presidencial y recuperar la orientación social del partido.
Aquella disputa parecía inicialmente un pleito entre priistas. No lo era. Lo que estaba en discusión era el poder presidencial para decidir candidaturas, disciplinar dirigentes y cerrar cualquier posibilidad de competencia interna. Cuando el régimen impuso la candidatura de Carlos Salinas de Gortari, el movimiento encabezado por Cárdenas dejó de buscar reformas dentro del PRI y comenzó a organizar la oposición.
La rebelión que cambió México
Seis momentos para comprender cómo una ruptura dentro del PRI abrió una nueva etapa política.
El régimen tiembla
La candidatura de Cárdenas moviliza a millones. La elección queda marcada por denuncias de fraude.
En 1988, el Frente Democrático Nacional reunió partidos, organizaciones y ciudadanos que hasta entonces habían marchado separados. La declinación presidencial de Heberto Castillo contribuyó a unificar a la izquierda. Las concentraciones multitudinarias mostraron algo que el régimen no había previsto: la inconformidad social había encontrado una candidatura capaz de disputar el poder.
El 6 de julio de 1988, la llamada caída del sistema de cómputo quedó asociada a una elección marcada por denuncias de fraude. Salinas fue declarado vencedor, pero Cárdenas desconoció el resultado. La discusión sobre quién ganó realmente aquella elección permanece abierta; lo indiscutible es que la legitimidad del viejo régimen sufrió uno de sus golpes políticos más profundos.


El historiador Lorenzo Meyer sintetizó el alcance de aquella rebelión: “Con Cárdenas en la cabeza, el movimiento logra resquebrajar la muralla que rodea al sistema autoritario priista”. La novedad no fue solamente que una oposición desafiara al poder, sino que permaneciera organizada después de la elección.
Las urnas abiertas
En mayo de 1989 nació el Partido de la Revolución Democrática, con Cárdenas como principal referente. El objetivo era convertir la movilización ciudadana en una organización capaz de disputar gobiernos, impulsar reformas electorales y representar demandas sociales. La decisión permitió construir una izquierda competitiva, aunque los primeros años estuvieron marcados por represión, violencia contra militantes y conflictos internos.
Tres derrotas, una victoria y una transición
Cárdenas no llegó a la Presidencia. Explora qué ocurrió en sus principales elecciones y qué cambió después.
Gobierno capitalino
VICTORIA ELECTORALGanó la primera elección directa para jefe de Gobierno del Distrito Federal.
La izquierda consiguió gobernar la capital.
El ingeniero volvió a buscar la Presidencia en 1994 y fue derrotado. Tres años después consiguió su victoria electoral más importante: ganó la primera elección directa para jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal. El triunfo de 1997 coincidió con la pérdida de la mayoría absoluta del PRI en la Cámara de Diputados. La hegemonía comenzaba a ceder espacios concretos.
En 2000, Cárdenas compitió por tercera ocasión por la Presidencia, ahora frente al priista Francisco Labastida y al panista Vicente Fox. Ganó Fox. La alternancia confirmó que el poder presidencial ya podía cambiar de partido, aunque también evidenció que la transición democrática no resolvía automáticamente la desigualdad, la corrupción ni las prácticas políticas heredadas.
La conexión tabasqueña
En Tabasco, la candidatura de Cárdenas coincidió con el surgimiento de una oposición que encontró en López Obrador a su principal dirigente. El tabasqueño disputó la gubernatura en 1988 y posteriormente contribuyó a construir la estructura territorial del PRD. Aquella experiencia inició una trayectoria de movilizaciones, conflictos poselectorales y organización ciudadana que terminaría adquiriendo alcance nacional.
La relación entre ambos tuvo coincidencias y distancias. Compartieron la defensa del voto, el nacionalismo social y la oposición al régimen priista, pero no siempre coincidieron en los métodos ni en las decisiones políticas. Cárdenas abandonó el PRD en 2014 y mantuvo una posición independiente frente a Morena, incluso después del triunfo presidencial de López Obrador en 2018.
Tras conocer su fallecimiento, el expresidente tabasqueño escribió: “Fue un transformador; nos deja sus enseñanzas y los ideales que nunca mueren”. El reconocimiento tiene peso histórico porque proviene de quien convirtió una parte de aquella herencia opositora en un nuevo movimiento que conquistó la Presidencia.
Petróleo y nación
Cárdenas también heredó una convicción que lo vinculó con las preocupaciones de Tabasco: la defensa de los recursos energéticos. Hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, presidente responsable de la expropiación petrolera de 1938, sostuvo durante décadas que el petróleo debía servir al desarrollo nacional y no solamente a los intereses empresariales.
Cuestionó la apertura del sector energético al capital privado y defendió la soberanía sobre los hidrocarburos. Una de sus últimas apariciones públicas ocurrió el 18 de marzo de 2026, durante la conmemoración de la expropiación petrolera en Veracruz, donde recibió una responsabilidad consultiva relacionada con Petróleos Mexicanos.
Su trayectoria tampoco estuvo libre de contradicciones. El PRD que ayudó a fundar terminó debilitado por las disputas internas y perdió su registro nacional. La izquierda que alcanzó el poder tomó otros caminos, mientras algunas prácticas que Cárdenas combatió permanecieron en la vida política mexicana. El avance electoral fue enorme, pero no significó la desaparición del viejo modo de ejercer el poder.
El homenaje en Bellas Artes reconoce a un dirigente que convirtió una ruptura partidista en un movimiento ciudadano. Cárdenas no llegó a Los Pinos como presidente, pero ayudó a que Los Pinos dejara de tener dueño político permanente. Su muerte cierra una biografía; la exigencia democrática que impulsó permanece como una responsabilidad para quienes hoy gobiernan.



