Selfie de Gianni Infantino, Donald Trump, Claudia Sheinbaum y Mark Carney previo a la final del Mundial
Gianni Infantino toma una selfie junto a Donald Trump, Claudia Sheinbaum y Mark Carney, en la previa a la final del Mundial en Nueva Jersey.

Sheinbaum viaja a la final del Mundial invitada por Trump

PLAYA DEL CARMEN.— Claudia Sheinbaum Pardo viajará este domingo a Nueva Jersey. No lo había planeado así. Lo decidió en horas, después de recibir una llamada que pocos mandatarios en su posición estarían dispuestos a declinar: una invitación directa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para presenciar la final del Mundial entre Argentina y España.

La Mandataria lo confirmó este viernes en Playa del Carmen, al margen de una entrega de escrituras del programa Viviendas Bienestar. Sin ceremonia, con la frase justa: recibió la invitación, decidió ir. La razón que dio fue política antes que futbolera. Se trata, dijo, de un gesto directo del jefe de Estado estadounidense, y ese tipo de gestos, en la diplomacia norteamericana, rara vez se ignoran sin costo.

No viajará sola en el plano simbólico. También asistirá el primer ministro de Canadá, Mark Carney, lo que convierte el palco de la final en una fotografía incómoda: los tres socios del T-MEC reunidos alrededor de Trump, apenas semanas después de que el propio Presidente estadounidense dejara caer, en la Trump Tower de Nueva York, que Washington debería volver a organizar un Mundial en solitario, sin México ni Canadá.

Sheinbaum grabará mañana un video con más detalles de su viaje. Adelantó que saldrá por la tarde en vuelo comercial, como ha hecho en giras internacionales previas, y que prevé regresar el lunes por la mañana. No aclaró si mantendrá su conferencia matutina ese día.

El costo en la agenda interna

La decisión obliga a un reacomodo. Sheinbaum canceló las actividades que tenía programadas para este sábado y domingo en Quintana Roo, entre ellas una conferencia sobre el sargazo en las costas del Caribe mexicano que había anunciado con antelación. Durante el acto de este viernes adelantó que, en quince días, se presentará un plan para atender ese problema, y movió la conferencia de prensa que tenía prevista para el domingo hacia este sábado.

Es un patrón que ya había mostrado matices antes. Cuando el Mundial se inauguró en territorio mexicano, Sheinbaum optó por rifar su boleto y tampoco asistió al Fan Fest del Zócalo, un gesto leído entonces como distancia deliberada frente al espectáculo. Esta vez la lectura es distinta: no es una final cualquiera, es una final a la que la invita, en persona, el presidente de Estados Unidos.

Resumen

La Agenda Rota

VIERNES

Sheinbaum confirma el viaje en Playa del Carmen.

SÁBADO

Adelanta la conferencia sobre sargazo, prevista originalmente para el domingo.

DOMINGO

Final del Mundial en Nueva Jersey, junto a Trump y Carney.

LUNES

Regreso a México por la mañana; sin confirmar la mañanera.

Elaboración propia con declaraciones de la Presidencia de México

Infantino, el elogio sin matices

Mientras Sheinbaum ordenaba su itinerario en el sureste mexicano, en Nueva York el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, construía uno de los discursos más elogiosos que un dirigente del futbol le haya dedicado a un jefe de Estado. En un acto en la Trump Tower, junto al propio Mandatario, Infantino atribuyó a Trump y a su administración el éxito del torneo, calificándolo como el mayor acontecimiento humano, social y cultural que la humanidad haya presenciado.

No fue un exceso aislado. Horas antes, en la sede de Naciones Unidas, Infantino había insistido en que el Mundial cumplió su misión de unir a personas de todos los rincones del planeta, en un mundo que —admitió— vive dividido y agresivo. El contraste entre ese mensaje de unidad y el elogio personalizado a Trump en su propia torre neoyorquina no pasó inadvertido.

Trump, por su parte, no dejó dudas sobre su lectura del torneo: Estados Unidos debería volver a ser sede de un Mundial, mejor si es en solitario, sin México ni Canadá. Fue, según sus palabras, muy generoso al dejarlos entrar en esta edición. La frase cae como un dato político tanto como futbolístico: reordena, de cara a 2030, el mapa de negociación entre los tres países que acaban de compartir la organización más grande en la historia del torneo.

La final que no fue solo futbol

El torneo se cierra sin incidentes de seguridad mayores, algo que preocupaba meses atrás por los altos precios de las entradas y las restricciones migratorias. Pero la tranquilidad en las gradas convivió con tensión geopolítica constante. La selección de Irán disputó la fase de grupos bajo lo que denunció como restricciones de viaje onerosas, en medio de un conflicto bélico abierto entre su país y Estados Unidos, y quedó eliminada por márgenes mínimos.

Infantino también enfrentó un cuestionamiento directo a su gestión cuando levantó la suspensión por tarjeta roja del estadounidense Folarin Balogun, tras lo que se interpretó como presión explícita del Presidente Trump. Y el Gobierno británico pidió a la FIFA investigar a la selección argentina después de que sus jugadores posaran con una pancarta que reclamaba soberanía sobre las Islas Malvinas, tras vencer a Inglaterra en semifinales.

Ese es el trasfondo real que Sheinbaum pisa este domingo. No llega a un simple partido de futbol. Llega a un escenario donde el deporte funcionó, otra vez, como extensión de la política exterior norteamericana, y donde su presencia —junto a Carney— será leída en clave de alineamiento antes que de entretenimiento. La final entre Argentina y España, dos potencias históricas del futbol mundial, corre el riesgo de quedar en segundo plano frente a la fotografía del palco.

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