Ilustración de la columna De Primera Mano

Tabasco: La piel rojinaranja de Morena

DE PRIMERA MANO / POR RODULFO REYES

La elección de gobernador de 2024 dejó una clave que muchos prefirieron pasar por alto: Morena no compitió solo contra la oposición, sino contra una fracción de sí mismo. Javier May Rodríguez consiguió la mayor votación del movimiento desde 2012, cuando Andrés Manuel López Obrador le arrebató Plaza de Armas al PRI hegemónico; aun así, cedió seis ayuntamientos, más de un tercio del mapa municipal.

No fue una anomalía electoral ni un desliz táctico. Fue una operación política deliberada. Las tres alcaldías ganadas por Movimiento Ciudadano y las tres del Partido del Trabajo no emergieron de cuadros propios, sino de trasfugas del vinotinto, en un ensayo que apunta a institucionalizarse rumbo a las intermedias de 2027.

Esas comunas quedaron en manos de la corriente neomorenista, hoy la antagonista real del grupo fundador donde milita el jefe del Ejecutivo estatal. La disputa no es doctrinaria, sino territorial, presupuestal y sucesoria. Morena avanza hacia un esquema que opera más como federación de facciones que como partido cohesionado.

MC gobierna Emiliano Zapata, Paraíso y Tacotalpa; el PT manda en Jalapa, Nacajuca y Tenosique. En los hechos, no son administraciones naranjas ni petistas, sino gobiernos morenistas con otra camiseta, útiles para competir sin romper formalmente con la marca dominante. La oposición clásica quedó desplazada; el conflicto real se replegó al interior del movimiento.

El riesgo se amplifica porque, en cinco de los 11 municipios hoy en manos del partido gobernante, la corriente vinculada al senador Adán Augusto López Hernández evalúa impulsar candidaturas por MC o PT. De prosperar esa estrategia, los fundadores enfrentarían una oposición parida en casa, con control territorial, conocimiento de las estructuras y capacidad de disputa real.

Morena conserva la gubernatura y la mayoría del poder institucional, pero ha dejado de ser un bloque compacto.

En Tabasco, la competencia ya no se da entre proyectos distintos, sino entre corrientes del mismo movimiento que utilizan siglas ajenas para dirimir disputas internas.

El oficialismo sigue ganando elecciones, pero lo hace fragmentado, administrando sus propias tensiones.

Hacia 2027, el verdadero desafío para Morena no será la oposición tradicional, sino cómo procesa sus desencuentros sin perder el control del territorio.

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