El presidente venezolano Nicolás Maduro es escoltado por agentes de la DEA tras su traslado a instalaciones federales en Nueva York, luego del operativo militar ordenado por Estados Unidos.

Trump secuestra a Maduro, bombardea Venezuela y anuncia que gobernará el país

NUEVA YORK.— En 47 segundos, Estados Unidos dejó de intervenir y pasó a administrar. La madrugada del sábado, por orden directa del presidente Donald Trump, fuerzas militares estadounidenses atacaron Venezuela, bombardearon instalaciones estratégicas y secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.

La operación dejó al menos 40 muertos, entre civiles y militares, según información citada por The New York Times, y abrió una fase inédita: Estados Unidos no solo intervino, sino que anunció que administrará Venezuela.

Caracas despertó entre explosiones. No fue el único blanco. El puerto de La Guaira, la base aérea de La Carlota, Fuerte Tiuna, el aeropuerto de Higuerote y la localidad de El Volcán —nodo clave de comunicaciones— también fueron atacados.

Misiles en la madrugada, helicópteros negros surcando el cielo y fuego sobre instalaciones militares devolvieron a América Latina a una escena que parecía archivada con la Guerra Fría.

Trump siguió el operativo en tiempo real desde su residencia de Mar-a-Lago, como si se tratara de una transmisión de alta definición, y horas después lo celebró en conferencia de prensa.

El presidente estadounidense no se limitó a justificar la incursión como una acción antinarcóticos. Fue más lejos. “Vamos a gobernar el país hasta que se concrete una transición segura, apropiada y sensata”, dijo sin titubeos.

Con esa frase, Trump formalizó la ocupación política de un Estado soberano y reactivó sin ambigüedades la Doctrina Monroe, el viejo principio imperial que concibe a América Latina como zona de tutela de Washington.

EL OPERATIVO QUE ROMPIÓ TODAS LAS FORMAS

El secuestro de Maduro fue una operación quirúrgica de extracción. Duró 47 segundos. Inteligencia previa de la CIA, ataques “cinéticos” coordinados, helicópteros de apoyo y una fuerza especial encargada de sacar al presidente venezolano del país.

Trump relató que la pareja fue trasladada primero al acorazado Iwo Jima en el Caribe y luego a Nueva York; versiones paralelas señalan una escala en la base de Guantánamo, enclave que Estados Unidos ocupa en Cuba desde 1903.

Maduro fue llevado al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn y exhibido públicamente como trofeo político. Cilia Flores apareció esposada. Trump incluso difundió en redes sociales una imagen humillante del mandatario capturado. El mensaje no fue jurídico: fue simbólico y disciplinador.

El secretario de Estado Marco Rubio sostuvo que se trató de una “operación judicial” del Departamento de Justicia apoyada por el Pentágono. El general Dan Caine detalló la magnitud: más de 150 aeronaves, orden presidencial emitida a las 22:46 (hora de Washington), captura a las 02:01 y traslado final antes de las 03:30. Trump, fascinado, sentenció: “Un asalto como este no se veía desde la Segunda Guerra Mundial”.

Trump siguió el operativo en tiempo real desde Mar-a-Lago y horas después lo celebró. No habló de democracia ni de elecciones: habló de control, de administración y de riqueza.

El operativo no buscó ganar una guerra, sino enviar una señal. No habló de democracia ni de elecciones: habló de control, de administración y de riqueza.

FRASE CLAVE
Declaración presidencial
EE.UU.–Venezuela
Vamos a gobernar Venezuela hasta que se concrete una transición apropiada.
TRUMP Tras el operativo militar y la captura de Maduro.
Doctrina Monroe

PETRÓLEO, NO TRANSICIÓN

La coartada del “narcoterrorismo” se diluyó rápidamente. Trump fue explícito sobre el verdadero botín: el petróleo venezolano. Anunció que las grandes empresas petroleras estadounidenses se encargarán de “arreglar la infraestructura” y “empezar a ganar dinero para ese país”.

Afirmó que la industria fue construida por Estados Unidos y que el socialismo la “robó”, en lo que calificó como “el mayor despojo de propiedad estadounidense de la historia”.

La transición política, quedó claro, no es el objetivo central. Venezuela no es cualquier territorio: concentra 303 mil millones de barriles de crudo, las mayores reservas probadas del planeta, más de seis veces las de Estados Unidos.

Trump desestimó incluso a la oposición venezolana más alineada con Washington. Sobre María Corina Machado, dijo sin rodeos que no cuenta con apoyo ni respeto dentro del país. El nuevo esquema no depende de líderes locales: depende de la administración directa del recurso estratégico.

Así, la intervención dejó de ser encubierta o indirecta. Estados Unidos pasó del tutelaje al control explícito, inaugurando un imperialismo de nuevo siglo que ya no se disfraza de diplomacia ni de promoción democrática.

REACCIONES, CONDENAS Y AISLAMIENTO

La operación provocó un rechazo mayoritario en la región y en el sistema internacional. Lula da Silva y Gustavo Petro condenaron la violación de la soberanía venezolana; Colombia cerró su frontera. China y Rusia cuestionaron abiertamente el ataque. La cadena CNN reveló que el Congreso estadounidense fue informado cuando la operación ya estaba en curso, sin autorización previa.

Solo unos pocos mandatarios celebraron la acción, entre ellos Emmanuel Macron y Javier Milei. En Naciones Unidas, el secretario general António Guterres advirtió que la violación del derecho internacional sienta “un precedente extremadamente peligroso” en un mundo atravesado por la escalada armamentista.

Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel calificó la incursión como “terrorismo de Estado contra Nuestra América”.

“JAMÁS VOLVEREMOS A SER COLONIA”

Horas después del ataque, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió de manera interina. Rodeada por el Consejo de Defensa Nacional, reconoció la autoridad del presidente secuestrado y lanzó una frase que condensó el momento histórico: “Jamás volveremos a ser colonia”. No cerró la puerta al diálogo, pero dejó claro que la agresión no equivale a rendición.

Trump, sin embargo, habló de ella como una administradora funcional. Dijo que Rubio “trabaja con ella” y que “no tiene otra opción”. Advirtió además que funcionarios civiles o militares que no cooperen podrían correr la misma suerte que Maduro.

El fiscal general venezolano Tarek William Saab confirmó la existencia de víctimas civiles. Trump añadió un elemento explosivo: aseguró que murieron cubanos que protegían al mandatario venezolano, ampliando el alcance regional del conflicto.

DOCTRINA MONROE, SIGLO XXI

No hubo sutilezas. Trump proclamó que la intervención marca la resurrección de la Doctrina Monroe y que el dominio estadounidense del hemisferio occidental “no volverá a ser cuestionado”. Amenazó con nuevos ataques y evitó descartar el despliegue de tropas terrestres. “No nos asusta tener botas en el terreno si es necesario”, dijo.

Los muertos quedaron en tierra. La población civil despertó sobresaltada. No ardían pozos petroleros: ardía la idea misma de soberanía latinoamericana. El secuestro del presidente venezolano y el anuncio de una administración extranjera no guardaron ni siquiera la apariencia de legalidad.

La pregunta ya no es cómo terminará el juicio de Maduro en Estados Unidos. Ese final parece escrito. La pregunta central es otra: hasta dónde está dispuesta a llegar América Latina ante un regreso abierto del imperialismo, ahora sin eufemismos, sin intermediarios y sin máscaras.

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