Hay descubrimientos que ocurren como si alguien encendiera una lámpara en una habitación donde siempre hubo luz, pero nunca se había visto.
Eso pasó hace unos años, cuando la académica Urmila Seshagiri se topó en una casa señorial inglesa con un manuscrito que cambiaría la forma de leer a Virginia Woolf.
No es exageración: se trata del primer latido literario de una autora que, décadas después, escribiría Orlando y Una habitación propia y abriría ventanas imposibles en la literatura del siglo XX.
CASA Y ARCHIVOS
Para un lector de Villahermosa, acostumbrado a los ríos que se vuelven espejos y a un sol que todo lo transforma, esta historia tiene algo familiar: fue un hallazgo hecho entre papeles viejos, humedad antigua y un azar que parece destinado.
Seshagiri buscaba datos sobre la familia Woolf cuando tocó la puerta de Longleat, una mansión isabelina en Wiltshire, donde reposaban archivos de Violeta Dickinson, amiga entrañable de Virginia.
Lo que encontró ahí no fue una simple biografía: era una obra olvidada, titulada “Galería de amistades”, escrita por una joven Woolf de 25 años con travesura, precisión y una imaginación que ya desbordaba las paredes.
El manuscrito parecía, en un principio, una copia de lo que ya existía en la Biblioteca Pública de Nueva York. Pero algo no cuadraba. Las correcciones eran más profundas, el trazo más decidido, y la huella de Woolf —esa mezcla de ironía, lucidez y voces que se cruzan como corrientes de un mismo río— resultaba más fuerte.
Tuvieron que pasar años, pandemias y silencios para confirmar que se trataba de un texto distinto, más trabajado, casi un borrador emocional donde Woolf afinaba su brújula literaria.

ORIGEN DEL JUEGO
Allí aparecen ya, como semillas, los temas que después marcarían su obra: la identidad como espejo movedizo, el peso de la vida doméstica, la amistad como territorio de descubrimiento y rebeldía.
Los tres relatos incluidos —entre ellos “El jardín mágico” y “Un cuento para ayudar a dormir”— muestran a una autora juguetona, irreverente, capaz de poner en jaque al patriarcado no desde la solemnidad, sino desde el humor y la imaginación.
Woolf, que más tarde abriría un incendio político con Una habitación propia, aparece aquí desbordada, inclasificable, casi surrealista. Un monstruo que irrumpe en Tokio, princesas que crecen como árboles prodigiosos, cerezos que suenan como campanas: todo esto escrito antes de que su voz encontrara esa respiración larga y ondulante de Las olas.
Para quienes leen a Woolf como si relevaran un mapa íntimo —y Tabasco tiene esa vocación de mapas íntimos, entre ríos, veredas y memoria— esta obra juvenil revela algo esencial: incluso antes de ser la escritora que hoy ocupa bibliotecas enteras, Woolf ya sabía mirar el mundo con ese filo que corta sin alzar la voz.

LOS 3 RELATOS DE JUVENTUD
Manuscritos que revelan la voz temprana y experimental de una joven Virginia Woolf.
- Año de escritura: 1907–1908
- Relatos incluidos:
- Galería de amistades
- El jardín mágico
- Un cuento para ayudar a dormir
- Edad de Woolf al escribirlos: 25 años
- Carácter del manuscrito: ficción biográfica editada por Woolf y Violeta Dickinson
- Relevancia: primeras formulaciones de temas desarrollados después en Orlando y Una habitación propia
LA LÁMPARA ORIGINAL
Era joven, sí; apenas publicaba sus primeros textos, empujada por sus amigas mayores, Violeta y Nelly, mujeres cultas que la introdujeron en salones, tertulias y revistas.
Pero en estas páginas Woolf ya ejercía un pequeño acto de rebeldía: crear mundos donde las mujeres decidían, imaginaban, viajaban, rompían moldes. Lo hacía sin proclamas, sin discursos, con pura ficción. Con literatura.
La edición publicada por Princeton University Press, acompañada del epílogo de Seshagiri y de fotografías que reconstruyen la época, no sólo revela un manuscrito; abre una ventana a la génesis de una mente que transformaría la literatura inglesa.
Para lectores jóvenes —y para lectores de todas las edades que encuentran refugio en los libros— es una invitación a entrar por primera vez a la casa Woolf por la puerta trasera, donde se escucha la risa, la confidencia, el juego, el impulso original de la escritura.
Woolf solía decir que la literatura es una lámpara que cada generación enciende de nuevo. Con este descubrimiento, la lámpara se enciende desde el principio, y la iluminan, como siempre, las mujeres que la ayudaron a ser lo que fue.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Haz clic aquí


