Composición fotográfica de Delcy Rodríguez y Donald Trump en contraste, simbolizando la tensión política y las versiones sobre contactos previos entre Caracas y Washington.
Montaje con imágenes de Delcy Rodríguez y Donald Trump, en medio de versiones sobre presuntas “pláticas secretas” antes de la operación militar que derivó en la captura de Nicolás Maduro y el control estadounidense del petróleo venezolano.

Venezuela se gobierna sola: Delcy Rodríguez niega filtraciones y defiende a Maduro

CARACAS.— En Caracas, donde el secuestro de Nicolás Maduro aún sacude la estructura del poder político, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, salió al paso de las versiones que circularon desde Washington: “el gobierno de Venezuela rige en el país, más nadie”.

La frase, tan directa como calculada, buscó cortar de raíz las insinuaciones de que existieron “pláticas secretas” entre su entorno y funcionarios estadounidenses antes del ataque del 3 de enero. Pero la negación no detuvo la tormenta política: más bien abrió una segunda disputa, ahora por el control de la narrativa.

Según filtraciones retomadas por el Wall Street Journal, la CIA habría explorado canales de comunicación con figuras del oficialismo venezolano, incluida la propia Rodríguez, para una eventual transición.

Caracas lo considera una operación psicológica destinada a erosionar la legitimidad del gobierno, justo en el momento en que Estados Unidos exhibe su poder militar y judicial reteniendo a Maduro en Nueva York. En Venezuela, esas versiones se interpretan como un intento de dividir al chavismo y probar sus lealtades internas.

DOBLE FUEGO DE INFORMACIÓN

Rodríguez no solo negó tajantemente cualquier contacto previo, sino que confrontó las amenazas del presidente Donald Trump, quien aseguró que ella será supervisada por el vicepresidente J.D. Vance, el secretario de Guerra Pete Hegseth, su asesor Stephen Miller y el secretario de Estado Marco Rubio.

Al ser consultado sobre quién tendría la máxima autoridad, Trump respondió: “yo”. La advertencia no terminó ahí: si Rodríguez “no hace lo que corresponde”, pagaría un “precio muy alto”.

La líder venezolana, visiblemente irritada por las versiones, contestó: “mi destino solo lo decide Dios”. También defendió la inocencia de Maduro y de su esposa Cilia Flores, cuya inmunidad —reiteró— fue “quebrantada en violación del derecho internacional”.

El mensaje buscó fortalecer la imagen de continuidad interna mientras el país digiere el golpe político más traumático desde la muerte de Hugo Chávez.

LA REACCIÓN INSTITUCIONAL

El fiscal general, Tarek William Saab, apoyó formalmente a Rodríguez y calificó la operación del 3 de enero como una “agresión armada ilegal” sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.

Exigió la liberación inmediata de Maduro y sostuvo que la Corte de Nueva York carece de jurisdicción para juzgar a un jefe de Estado en ejercicio, protegido por inmunidad internacional absoluta.

La presidenta del Tribunal Supremo, Caryslia Rodríguez, reafirmó que los poderes públicos operan “plenamente” bajo la autoridad de Rodríguez y que harán “todo lo necesario” para lograr el retorno del mandatario.

Las calles de Caracas también reaccionaron. Una multitudinaria marcha de mujeres exigió la liberación del presidente. Allí, Diosdado Cabello aseguró que Maduro volverá: “al comandante Chávez no podemos regresarlo, pero a Nicolás sí nos lo van a regresar”. Lo acompañó una narrativa de resistencia nacional que ha revivido sentimientos antiestadunidenses en amplios sectores del país.

ESCENAS DEL ATAQUE Y LA MEMORIA NACIONAL

El duelo nacional decretado por Rodríguez por los jóvenes fallecidos en la madrugada del 3 de enero amplificó el impacto emocional del ataque. La Guardia de Honor rindió homenaje a 19 soldados muertos en Fuerte Tiuna. El Ministerio de Defensa publicó un mensaje de despedida: “honor y gloria eterna a nuestros héroes”.

Mientras tanto, en redes sociales, un video animado creado con inteligencia artificial por el usuario “Rintintin12r” se volvió viral al recrear el secuestro de Maduro. Aunque no existen detalles oficiales del operativo, la pieza reveló cómo parte de la población está elaborando una narrativa épica sobre el asalto y la captura presidencial.

Con su frase “Venezuela se gobierna sola”, Rodríguez intentó cerrar una polémica que ya trascendió fronteras. Sin embargo, en Washington las filtraciones no han cesado.

Fuentes citadas por el Financial Times y el Wall Street Journal insisten en que hubo conversaciones exploratorias entre la CIA y sectores chavistas meses antes del ataque. Caracas lo rechaza de plano. Washington no lo confirma ni lo desmiente. Ambos gobiernos juegan en dos tableros: el militar y el del relato político.

En el fondo, la disputa no es solo por el destino de Maduro, sino por el control del poder simbólico: quién decide, quién gobierna y quién define la transición en la Venezuela más golpeada de su historia reciente.

UN PAÍS ENTRE SOSPECHAS Y PRESIONES

La llegada de Delcy Rodríguez a la presidencia interina intensificó la incertidumbre. En la Asamblea Nacional, fuerzas leales al chavismo cerraron filas en torno a su liderazgo. Pero las filtraciones del WSJ, sumadas a los elogios intermitentes de Trump y Marco Rubio hacia la nueva mandataria, alimentan teorías de fractura y negociaciones ocultas.

En México y Colombia, la preocupación es creciente. “Sacaron a un presidente de su cama; mañana podemos ser nosotros”, dijo un alto ejecutivo mexicano citado por Politico. Trump ha repetido que “los cárteles dominan México” y que su gobierno podría actuar militarmente, mientras su asesor Stephen Miller volvió a resucitar su vieja tesis de que “Groenlandia debe ser parte de Estados Unidos”.

En este clima, la narrativa estadounidense se impone por saturación: fuerzas especiales, control petrolero, amenazas regionales y un mensaje primario —Estados Unidos tiene la fuerza, la usará cuando lo considere necesario y ningún país del hemisferio está fuera de su alcance.

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