Composición con autoridades estatales durante la entrega de constancias del programa Crédito Porcino a la Palabra y, a la derecha, cerdos en corral como parte de los paquetes productivos entregados a mujeres rurales en Centro, Tabasco.
El gobierno de Tabasco entregó constancias a beneficiarias del Crédito Porcino a la Palabra mientras, en corrales, los animales —capital productivo del programa— inician el ciclo de reproducción que busca detonar ingresos familiares y producción local de proteína.

May apuesta por Centro: arranca crédito porcino con rostro femenino

En la política pública hay programas que nacen como discurso y otros que arrancan como operación. El Crédito Porcino a la Palabra que este martes puso en marcha el gobernador Javier May Rodríguez en el municipio de Centro pertenece al segundo grupo: no comenzó en oficina, sino en corral.

Desde el Centro de Capacitación y Reproducción de Especies Menores (CECAREM), en Río Viejo, el Ejecutivo estatal entregó constancias a 110 mujeres de 11 comunidades y distribuyó los primeros 100 paquetes productivos de 11 porcinos —diez hembras y un semental— con una lógica sencilla: producir, reproducir y devolver una cría para saldar el crédito.

El mensaje político es claro: microeconomía rural antes que subsidio asistencial.

CRÉDITO PRODUCTIVO

A diferencia de esquemas tradicionales de apoyo directo, el modelo combina crédito en especie, capacitación técnica y comunidad de aprendizaje, una fórmula que intenta cerrar la pinza entre financiamiento y seguimiento sanitario, reproductivo y comercial.

El gobierno estima que, en un solo ciclo, la meta es alcanzar cuatro mil cerdos de calidad genética, con impacto inmediato en consumo local y venta de excedentes.

“Es una oportunidad tangible, justa e incluyente para las mujeres del campo”, sostuvo May, acompañado por la alcaldesa Yolanda Osuna y la titular de SEDAP, Luisa Cámara Cabrales. La decisión de focalizar en mujeres no es casual: el traspatio sigue siendo la unidad productiva más estable en comunidades rurales, y son ellas quienes administran el ingreso cotidiano.

El dato operativo importa más que la retórica: cada beneficiaria devuelve solo una cría, lo que permite rotar el inventario sin endeudamiento financiero. Es, en los hechos, un sistema de “banco biológico” que multiplica activos sin cargar intereses.

EFECTO TERRITORIAL

Hay también lectura de contexto. En un estado que busca suficiencia alimentaria y menor dependencia externa, fortalecer la producción pecuaria doméstica reduce costos de compra y mejora márgenes familiares. No es un programa espectacular, pero sí estructural: pequeños ingresos constantes valen más que transferencias esporádicas.

La administración estatal anticipó además un esquema similar con borregos, dirigido a zonas con menor extensión de tierra. La apuesta apunta a diversificar proteína animal y ampliar la base productiva.

En tiempos donde el debate público suele centrarse en megaproyectos, este tipo de intervenciones de escala doméstica rara vez ocupan titulares. Sin embargo, son las que mueven la economía real de las comunidades. Si el acompañamiento técnico se sostiene y el ciclo reproductivo se cumple, el impacto será medible en meses, no en años.

May insiste en gobernar “en territorio”. En Río Viejo, esa narrativa tomó forma concreta: animales, corrales y mujeres organizadas. Menos ceremonia, más producción.

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