Javier May Rodríguez llegó a la Ciudad Deportiva con el mismo gesto de quien se prepara para abrir una final de Serie Mundial: enfocado, abrigado por el frío inusual de 18 grados y con la mirada clavada en el terreno.
En Tabasco, donde el sol suele dictar el ritmo, ver al gobernador enfundado en un abrigo ya era noticia; verlo recorrer dos grandes proyectos deportivos en una sola mañana revelaba algo más profundo: el deporte dejó de ser un accesorio y se convirtió en una política de Estado.
A su izquierda, el nuevo Palacio de los Deportes emergía como un gigante que despierta después de décadas. A su derecha, en el complejo Olimpia XXI, la mejor pista de patinaje de México tomaba forma con estándares que solo se ven en competencias mundiales. Dos obras, dos apuestas y una misma narrativa: Tabasco empieza a jugar en otra liga.
May avanzó rápido —como quien quiere entrar en calor y, al mismo tiempo, en acción—, lanzó preguntas directas, pidió explicaciones y exigió soluciones. Mientras señalaba el techo viejo de la histórica cancha techada, su voz retumbaba como un manager en plena charla de vestidor: había que demoler, reconstruir y darle nuevo sentido a un espacio que alguna vez vibró con glorias deportivas.
VISIÓN DEPORTIVA
La escena era reveladora: gradas silenciosas, polvo sobre el piso que antes vio victorias, pilares metálicos improvisados para mantener en pie lo que ya pedía auxilio. Pero May no vio ruinas; vio posibilidades.
En un gesto casi instintivo, propuso un proyecto de estructura ligera para salvar el graderío. La alcaldesa Yolanda Osuna apuntó el valor histórico del lugar. Las cabezas se inclinaron. Había plan.
A unos kilómetros, el ambiente era distinto: máquinas, rodillos y cuadrillas moldeaban el patinódromo que —según los especialistas— será el mejor de México, avalado por la Federación Mexicana de Patinaje. Tres pistas, materiales certificados, estándares de competencia internacional y la promesa de convertir a Tabasco en sede habitual de torneos nacionales e internacionales.
“Va a ser la mejor del país, por mucho”, dijo el entrenador Jorge Sanlucar, voz respetada en el circuito. No lo dijo como halago, sino como diagnóstico. La superficie sintética Vesmaco, la misma usada en escenarios de mundiales, será el sello de calidad del complejo.










INFRAESTRUCTURA QUE CAMBIA JUEGOS
La apuesta de May no es aislada. Con becas para 300 atletas de alto rendimiento —que subirán a 500 este año—, la administración está construyendo un ecosistema deportivo. No se trata solo de canchas nuevas, sino de convertir el deporte en factor de movilidad social, identidad y competencia.
Y aquí aparece el hilo conductor de la mañana: el gobernador no supervisó obras; supervisó un modelo, uno donde el deporte deja de ser tribuna política y se vuelve motor de desarrollo humano. Lo hace al estilo de un manager que quiere dejar un legado, no un palmarés.
Los números lo respaldan:
– 24.7 millones para el Palacio de los Deportes
– 23.1 millones para el patinódromo
– Más de 9 mil usuarios beneficiados entre ambas obras
– Y un mensaje clave: Tabasco quiere competir. En serio.
TABASCO EN OTRA LIGA
Al recorrer la pista de velocidad —200 metros de diseño técnico—, May escuchaba atentamente las explicaciones de la SOTOP: drenaje, iluminación LED, recubrimientos certificados, adecuaciones exigidas por la Federación. No era un paseo. Era una revisión táctica.
La visión es clara: modernizar la infraestructura, rescatar espacios emblemáticos y posicionar al estado como referente deportivo en el sureste. Hoy, mientras otras entidades apuestan por estadios o espectáculos, Tabasco invierte en cantera, en estructuras que transforman a los jóvenes y los acercan al alto rendimiento.
A veces, en el deporte, los proyectos valen más que los discursos. Y en esta mañana fría, entre concreto fresco, polvo antiguo y pistas en proceso, lo que se jugó fue algo más grande que una supervisión: el futuro deportivo de Tabasco empezó a tomar velocidad.


