Operativo de policías estatales resguardando los alrededores del Mercado Pino Suárez para impedir la reinstalación de vendedores ambulantes en la banqueta.
Elementos de la Policía Estatal desplegados en los accesos del Mercado Pino Suárez para evitar que los vendedores ambulantes vuelvan a instalarse en la vía pública.

Centro endurece orden: multas y cárcel a ambulantes que invadan Pino Suárez

En la lectura fina del poder municipal, lo verdaderamente noticioso no es solo la advertencia de sanciones contra el comercio ambulante alrededor del Mercado Pino Suárez, sino el movimiento político que acompaña este reordenamiento.

Se trata de una autoridad que busca recuperar el espacio público, contener tensiones con grupos tradicionales de vendedores y, al mismo tiempo, sostener que sí existe una alternativa digna —el Mercado Tianguis Casa Blanca— aun bajo cuestionamientos.

Lo relevante aquí no es la lona, sino la estrategia completa: regulación, reubicación y movilidad urbana. Un paquete de decisiones que revela una intención más amplia de ordenar el territorio comercial sin romper del todo el diálogo con quienes se resisten al cambio.

MENSAJE FIRME

Cuatro lonas colocadas en los accesos al Pino Suárez marcan el mensaje institucional con claridad: arresto administrativo hasta por 36 horas y una multa superior a 15 mil pesos para quienes insistan en instalarse en la zona prohibida.

Las advertencias citan el artículo 33 del Reglamento de Actividades de Comerciantes Ambulantes y el artículo 74 del Reglamento de Mercados del municipio de Centro, recordando que cualquier infractor será puesto a disposición del juez calificador.

La señal es inequívoca: el Ayuntamiento decidió que la recuperación del espacio público no será negociable. Las sanciones publicadas —amonestación, multa equivalente a 50 salarios mínimos, arrestos de 24 a 36 horas, según los distintos reglamentos— configuran uno de los operativos regulatorios más firmes de la administración actual.

Pero el conflicto no termina en la normatividad. La tensión real se ha movido al debate sobre las condiciones del Mercado Tianguis Casa Blanca, lugar al que fueron enviados los ambulantes retirados del Pino Suárez.

Puestos de plátano instalados dentro del Tianguis de Casa Blanca, con locales amplios y techados donde algunos vendedores ambulantes ya comenzaron a ocupar sus nuevos espacios.
Vendedores reubicados comienzan a instalar sus productos en el Tianguis de Casa Blanca, donde el Ayuntamiento afirma que cuentan con espacios dignos y protegidos de la intemperie.

QUE REGRESEN A SUS ESPACIOS

Mientras una parte de los comerciantes reclama falta de servicios, la autoridad municipal contraataca con testimonios, fotografías y un discurso: “sí tiene lo que necesitan, y ofrece espacios dignos, protegidos de la intemperie”.

En las redes oficiales del Ayuntamiento, el señor Rogelio Hernández da uno de los mensajes más contundentes. Asegura que en Casa Blanca “no le pega el sol ni la lluvia” y que antes enfermaba por trabajar bajo la intemperie.

La locataria Maribel Wade, por su parte, pide a sus compañeros regresar a sus espacios formales: “Tenemos todos los servicios que a veces necesitamos… en la calle no lo tenemos”.

Estas voces buscan equilibrar la narrativa después de que, el viernes, un grupo de ambulantes denunciara falta de agua potable y energía eléctrica en el nuevo tianguis.

El Ayuntamiento apuesta por una comunicación directa con testimonios ciudadanos para desacreditar la versión crítica y evitar que el tema crezca como un frente político.

MOVILIDAD Y FLUJO

El reordenamiento, sin embargo, no depende solo de reglamentos ni de la voluntad de comerciantes. Un tercer actor entra en escena: la Secretaría de Movilidad. Su titular, Rafael Elías Sánchez Cabrales, confirmó que se trabaja con transportistas en la ampliación de rutas hacia el mercado de Casa Blanca. La lógica es simple pero estratégica: ningún centro de abasto funciona sin flujo, y ningún flujo existe sin transporte.

Hasta ahora —detalló— 12 agrupaciones ya hacen parada en ese tianguis, pero el objetivo es que las unidades que tradicionalmente circulan por el Pino Suárez también conecten con Casa Blanca. Si eso se logra, la reubicación no solo será una medida administrativa: será una política pública con impacto urbano.

En el fondo, el movimiento del Ayuntamiento apunta a algo más amplio: poner orden sin cerrar el diálogo, reorganizar sin fracturar y evitar que la resistencia ambulante se convierta en una bandera política.

Por eso se combinan sanciones firmes con un mensaje institucional que insiste en la dignidad de los nuevos espacios y la mejora de la movilidad. Un equilibrio fino, ejecutado en un terreno donde cualquier palabra, lona o decisión puede alterar la temperatura social.

La narrativa municipal apuesta por una idea central: orden y opciones. Y el desenlace dependerá de si los comerciantes hacen suya la reubicación o si el conflicto se convierte en un nuevo capítulo de presión en la capital tabasqueña.

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