En Tabasco, el horror tiene memoria. Y esta semana, esa memoria volvió a abrir los ojos. Lo noticioso no es solo que la Fiscalía General del Estado confirmara la detención de dos presuntos caníbales, identificados gracias a un video que circuló desde junio de 2025.
Lo verdaderamente relevante —lo que exige una lectura más fina— es que el Estado está regresando a escenas que creía superadas, escenas que recuerdan el periodo oscuro en que el CJNG usó el territorio como laboratorio de su violencia ritual.
El fiscal Óscar Tonathiu Vázquez Landeros lo dijo con cautela: hay dos detenidos, investigaciones abiertas y al menos cinco personas más que habrían participado en los hechos. Ningún detalle sobre el delito; la carpeta está viva.
Pero lo que sí dejó ver es que la Fiscalía está enfrentando un fenómeno que no es nuevo para Tabasco, aunque sí vuelve a sacudirlo con fuerza: la práctica del canibalismo criminal, un ritual de iniciación y dominación que grupos armados han perfeccionado para quebrar voluntades y separar a sus miembros del mundo civil.

LO QUE REAPARECE
La psicosis estalló en redes: otro video, otro acto de barbarie, otra escena que parecía salida de 2017. En aquel año —cuando Tabasco experimentó una mutación criminal acelerada— dos menores confesaron que el CJNG los había obligado a comer carne humana para sellar un “juramento” con el grupo.
Cinco personas fueron degolladas en el negocio Autos Aladinno; había evidencia de canibalismo ritual. Aquella violencia dejó huella. Siete años después, los responsables recibieron condenas de 105 años. Pero el mensaje ya estaba escrito en la historia criminal de Tabasco.
En 2021, un reportaje de la BBC expuso que migrantes secuestrados por el mismo cártel habían sido obligados a consumir restos humanos mientras sus familias reunían dinero.
En 2022 y 2023, las autoridades detectaron células vinculadas al CJNG que reproducían estas prácticas de iniciación en la franja de Centro–Cárdenas. La idea de que el territorio podía ser usado como campo de adiestramiento extremista no era ficción; era parte del expediente criminal local.
EL VIDEO QUE ENCENDIÓ TODO
La investigación actual encontró los videos dentro del celular de Héctor “T”, alias El Bam-Bam, detenido en Cárdenas en agosto de 2025. En esas grabaciones aparece Darwin “N”, capturado semanas antes.
Ambos, vinculados al narcomenudeo y presuntamente a un grupo que replicaba rituales de iniciación. La Fiscalía analiza si actuaban por cuenta propia o si forman parte de una estructura mayor.
Lo que hoy se investiga es la conexión entre esas imágenes y los cuerpos desmembrados hallados en Centro y Nacajuca en horas recientes.
La coincidencia temporal llevó a que la ciudadanía interpretara la violencia como evidencia de canibalismo activo, pero hasta ahora ninguna autoridad ha confirmado una relación directa. Aun así, el patrón inquieta: mutilación, exhibición, ritualización.
EL CONTEXTO QUE SE OLVIDA
Tabasco vivió entre 2017 y 2020 uno de sus momentos más frágiles frente al crimen organizado. Grupos aliados al CJNG y remanentes de Los Zetas disputaron rutas, usaron a jóvenes reclutas como carne de cañón y exploraron prácticas extremas para romper cualquier vínculo moral con la sociedad. La violencia ritual fue parte del repertorio.
Ese es el espejo que reaparece hoy.
La diferencia —y ahí está el elemento sutilmente positivo— es que hoy hay detenidos, hay investigaciones completas y hay un Estado que no está negando el fenómeno, sino enfrentándolo.
El fiscal habló de órdenes de aprehensión adicionales, de investigaciones paralelas, de un trabajo institucional que no existía en 2017, cuando las omisiones permitieron que el CJNG se incrustara en zonas urbanas sin resistencia sostenida.


EL MENSAJE DETRÁS DE LAS DETENCIONES
Los analistas de seguridad lo tienen claro: el canibalismo criminal no es un fin, sino un mecanismo de control y terror que fortalece al grupo que lo usa. Su reaparición en videos —auténticos o no— es un termómetro de tensión.
Para Tabasco, donde el gobierno estatal ha trabajado por recuperar control territorial desde 2024, el desafío es evitar que estos episodios alimenten la narrativa de que la entidad volvió al precipicio.
Por ahora, la Fiscalía asegura que este caso tiene nombre, ubicación y responsables identificados. No hay un patrón expansivo, no hay evidencia de una estructura amplia operando rituales. Hay, sí, un dato frío: grupos pequeños pueden copiar métodos del crimen organizado para ganar poder, obediencia o miedo.
Y esa es, quizá, la alerta más seria.
Pero también la razón por la cual estas detenciones importan: el mensaje es que el Estado llegó primero que el mito.


