CDMX.— El 26 de octubre, el día que cumplía 83 años, Humberto Musacchio entregó su columna La República de las Letras a Excélsior. Sin velas ni discursos, como quien checa tarjeta en la redacción un día cualquiera. Nueve días después, el miércoles 4 de noviembre de 2026, la noticia corrió por las redes: había muerto el periodista, enciclopedista y cronista sonorense. Así se van los viejos reporteros, con la nota entregada.
Su hija confirmó el deceso y la editora Consuelo Sáizar, exdirectora del Fondo de Cultura Económica, lo hizo público con un mensaje que circuló de redacción en redacción: “Ha muerto Humberto Musacchio. Y no encuentro palabras para describir mi dolor ante esta noticia. Abrazo a Marusia, a Aldo, a sus nietos, tan amados”. Hasta ahora no se han informado las causas de la muerte.
Hay muertes que cierran una biografía y otras que cierran un archivo. La de Humberto Musacchio pertenece a la segunda especie. Se va uno de los pocos que dedicaron la vida a contar la historia de quienes cuentan la historia, el hombre que durante más de medio siglo le llevó las cuentas a la cultura mexicana desde las páginas del periódico. Lo que deja, sin embargo, no se apaga con él: está en los libros, en los diccionarios y en las secciones culturales que ayudó a fundar.

Del 68 a la redacción
Nació el 26 de octubre de 1943 en Ciudad Obregón, Sonora. En la preparatoria militó en la Juventud Comunista y fue dirigente del movimiento estudiantil de 1966. Dos años después estaba en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968, cuando el Estado decidió responder a balazos. Esa noche le marcó el oficio antes de que empezara a ejercerlo.
En 1969 entró formalmente al periodismo. Pertenece a esa generación que, después de Tlatelolco, entendió que el periódico podía ser otra manera de no rendirse. En 1976, cuando el gobierno de Luis Echeverría operó el golpe contra el Excélsior de Julio Scherer, Musacchio formaba parte de la mesa directiva de la Unión de Periodistas Democráticos. Estaba, pues, en el lugar exacto donde se partió en dos la historia de la prensa mexicana.
De aquella fractura nacieron Proceso y Unomásuno, y en este último fue jefe de la sección cultural y jefe de redacción. También dirigió la sección de Cultura de El Universal. En 1984 fue subdirector fundador de La Jornada, el diario que surgió de la ruptura con Unomásuno. Tres redacciones que cambiaron la manera de informar en México tienen su huella.
Años después, Musacchio resumiría esa herencia sin rodeos: lo mejor del periodismo mexicano, decía, desciende de la gesta del viejo Excélsior y de los diarios y semanarios que salieron de aquella diáspora. No hablaba de oídas. Estuvo en la asamblea, en la mudanza y en las primeras ediciones de periódicos que se hicieron con más audacia que dinero. Por eso nunca escribió sobre la prensa como un objeto lejano, sino como un oficio que se defiende todos los días.
El hombre que le hacía inventario al país
Musacchio no se conformó con la nota del día. Pasó cuatro años encerrado con fichas y archivos para levantar el Diccionario Enciclopédico de México, publicado en 1989 en cuatro tomos, una obra de consulta que todavía vive en bibliotecas escolares y redacciones. Después hizo lo mismo con cuatro entidades del país, entre ellas Guanajuato. Cualquier lector tabasqueño que busque ahí a Carlos Pellicer o a los Gorostiza encontrará el rastro de su paciencia.
Escribió crónica urbana con oído de reportero: Ciudad quebrada (1985), sobre la capital después del sismo, reeditada por el FCE en 2020; Hojas del tiempo (1993) y Urbe fugitiva (2002). Volvió al movimiento estudiantil en 68: gesta, fiesta y protesta y retrató a su compañero de trinchera en Granados Chapa. Un periodista (2010). Para 2022 sumaba 19 obras.
Dirigió Comala, suplemento cultural de El Financiero, y las revistas Kiosco y Mira; escribió en Reforma y en Siempre!. Y llevó su columna a la radio: durante 18 años, cada sábado, La República de las Letras se escuchó en Radio Red. Con México: 200 años de periodismo cultural (2014) y su historia del periodismo cultural le dio al gremio algo que casi nadie se había tomado la molestia de hacer: su propia genealogía.
También defendió un género que muchos dueños de periódicos mandan a la última página. En 2014, al presentar su antología, sostuvo que el viejo pretexto de editores y directores para menospreciar el periodismo cultural era que no vendía, y que esa excusa ya no se sostenía porque ahora era un buen negocio. Detrás de la ironía había un diagnóstico: la cultura no es un lujo para tiempos de calma, sino una parte de la noticia que los lectores sí buscan cuando alguien se toma en serio contarla.

La crítica como forma de lealtad
Musacchio venía de la izquierda y nunca lo escondió, pero tampoco confundió militancia con aplauso. En 2023 lo acusaron de traidor por una columna crítica, y respondió con una frase que sirve de manual: “Como periodista, hago crítica, no loas al gobierno”. En tiempos de trincheras digitales, la definición vale más que muchos tratados de ética.
En octubre de 2022, la Feria Internacional del Libro de Monterrey le rindió homenaje. El periodista Javier Aranda dijo entonces que quien quiera saber qué pasó en la cultura mexicana entre finales del siglo XX y principios del XXI tendrá que leer a Musacchio. El homenajeado resumió su vida en una línea: “La literatura no es un juego, es una apuesta de vida”.
Las despedidas de esta semana confirman esa lectura. Guadalupe Alonso, directora de la Casa Universitaria del Libro de la UNAM, lo llamó “gran periodista y amigo entrañable”. El historiador Andrew Paxman escribió que, por sus conversaciones y sus libros, Musacchio le “ayudó a entender la historia de la prensa mexicana”. Es el mejor elogio posible para alguien que hizo de la memoria su materia de trabajo.
| Título | Año | Género |
|---|---|---|
| Ciudad quebrada | 1985 | Crónica |
| Diccionario Enciclopédico de México | 1989 | Enciclopedia (4 tomos) |
| Hojas del tiempo | 1993 | Crónica |
| Urbe fugitiva | 2002 | Crónica |
| Diccionario enciclopédico de Guanajuato | 2003 | Enciclopedia estatal |
| Granados Chapa. Un periodista | 2010 | Biografía |
| México: 200 años de periodismo cultural | 2014 | Antología |
| 68: gesta, fiesta y protesta | — | Historia |
Una lección para la prensa de provincia
Para los lectores de Tabasco la muerte de Musacchio no es un asunto lejano de la capital. Su obra demuestra que el periodismo cultural no es un adorno de fin de semana, sino el registro de cómo piensa y se reconoce una sociedad. En un estado donde la prensa regional sostiene buena parte de la memoria pública, esa idea pesa.
Su trayectoria deja además una ruta clara: reportear, documentar, archivar y volver a escribir. Lo hizo desde las secciones de Cultura, desde la subdirección de un diario recién nacido y desde una columna semanal que nunca soltó. En 2023 contaba que tenía casi terminada una historia del Zócalo desde el México prehispánico y otros tres o cuatro libros avanzados.
Esa es la imagen que conviene guardar. No la del prócer en bronce, sino la del reportero de 83 años con varios libros abiertos a la vez y la columna lista para el lunes. La República de las Letras se quedó sin su cronista de cabecera, pero el archivo que levantó seguirá abierto para quien quiera consultarlo. Para un oficio que vive de lo inmediato, pocas herencias valen tanto.



