Hay victorias que no caben en una fotografía. Las del fútbol mexicano, menos. Pero el gobernador Javier May lo intentó de todas formas: subió a su cuenta de X una imagen del Estadio Centenario 27 de Febrero repleto hasta el último escalón verde, con miles de tabasqueños de pie, y escribió que ver a las familias y las juventudes unidas en ese recinto era “la verdadera riqueza de Tabasco”.
No era retórica vacía. Era la descripción exacta de lo que ocurría en Villahermosa la noche del miércoles 18 de junio mientras en Guadalajara México derrotaba 1-0 a Corea del Sur y se metía de lleno en la ronda de dieciseisavos como líder del Grupo A.
El Centenario es estadio de béisbol. Esa noche fue otra cosa: una olla exprés de verde, blanco y rojo donde cada movimiento del Tricolor en la pantalla gigante se convertía en grito colectivo. Tabasco no jugaba, pero latía al mismo ritmo que los 45 mil 522 aficionados que llenaron el estadio Guadalajara en la Perla Tapatía. Hay algo en los mundiales que borra las geografías. O las reescribe.
Antes de que sonara el silbatazo inicial, desde la Ciudad de México llegó otra señal. La presidenta Claudia Sheinbaum apareció en X caminando por los pasillos del Palacio Nacional junto a su esposo, portando una playera verde de la Selección con la palabra «Presidenta» y el número 1. Su mensaje fue de tres palabras: ¡Vamos, México! No era un comunicado de prensa. Era una apuesta pública antes del resultado, el tipo de gesto que los políticos reservan para cuando confían en lo que viene. La presidenta apostó. México respondió.
El gol que suspendió el tiempo en Guadalajara
Luis Romo no es el nombre que uno imagina escribiendo historia mundialista. El mediocampista de Chivas lleva temporadas siendo el músculo invisible del Tricolor, el que corre cuando nadie lo ve, el que recupera cuando todo se complica.
Pero al minuto 50, con el partido encajonado en el empate y los nervios ya instalados en las tribunas de ambos estadios, Romo capitalizó un error del portero surcoreano Kim Seung-gyu, quien chocó contra su propia defensa intentando controlar un rebote y terminó soltando el balón en el peor lugar posible: frente a un delantero mexicano con el arco abierto. El disparo llegó desde 12 metros a 44 kilómetros por hora. Fue suficiente. «El Son de la Negra» retumbó en Guadalajara y en Villahermosa al mismo tiempo.
El primer tiempo había sido para olvidar. México cedió la posesión, contempló cómo Corea del Sur paseaba el balón, y apenas generó una llegada real: un cabezazo de Julián Quiñones al minuto 35 que el guardameta surcoreano atrapó sin dificultad. El público en el Guadalajara abucheó al descanso. En el Centenario, los tabasqueños aguantaron el silencio con la fe de quien ya sabe que estos equipos siempre sufren antes de ganar. O antes de perder, que también ocurre.
Son Heung-Min, el capitán coreano y ex figura del Tottenham, estuvo a centímetros de adelantar a su equipo en una salida mal calculada del portero Raúl Rangel. Bombeó la pelota al vacío, flotó en el aire unos instantes eternos, y el árbitro uruguayo Gustavo Tejera tardó segundos en señalar el fuera de lugar. El capitán Edson Álvarez llegó sobre la línea y despejó con una chilena agónica que en el Centenario se vivió como si hubiera sido él quien la ejecutara en persona.
La política también celebra: de Palacio Nacional al Centenario
Al terminar el partido, Sheinbaum subió dos publicaciones más. En la primera, una fotografía de espaldas frente al televisor, con su esposo visible al fondo en el sillón: Muchas felicidades a nuestra Selección. Su triunfo llena de orgullo a todo México. En la segunda, un video donde se le ve celebrar de pie, girar y abrazar a su compañero de vida. El texto: Así vivimos el gol de nuestra Selección. ¡Viva México! Tres publicaciones, tres momentos de una misma noche. La presidenta no vio el partido sola: lo vivió, lo gritó y lo documentó como cualquier familia mexicana que tiene a alguien con quien compartir la tensión.
Así vivimos el gol de nuestra Selección. ¡Viva México! 🇲🇽 pic.twitter.com/0Ox3FWSYwh
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) June 19, 2026
Eso también es un dato político. Los mundiales son el único evento capaz de hacer que un jefe de Estado use playera de la Selección en horario de trabajo y que nadie se lo cuestione. En ese terreno, Sheinbaum jugó bien la noche del miércoles: apostó antes del partido, celebró después, y en ningún momento el gesto se sintió fabricado. Autenticidad o su mejor simulación: en política, la diferencia entre ambas es irrelevante.
Javier May, desde Tabasco, eligió el Centenario como escenario. No el despacho, no la sala de prensa. El estadio lleno, la gente de pie, la foto que resume lo que un gobernador quiere proyectar cuando el contexto lo permite: que su estado existe, que vibra, que no necesita estar en Guadalajara para sentirse parte de algo nacional.




Aguirre cierra y México aguanta los últimos minutos
El «Vasco» Javier Aguirre apostó por el orden sobre el espectáculo durante todo el partido. Al avanzar el marcador, retiró a Roberto Alvarado y a Luis Romo para reforzar la línea defensiva con Jorge Sánchez y Obed Vargas. El debutante Vargas casi convierte su primera aparición mundialista en gol: recibió un pase de Orbelín Pineda con el arco en frente, pero el guardameta surcoreano respondió con la mejor atajada de su noche.
Corea esperó hasta el minuto 75 para volverse agresiva. Y al final, en los últimos compases, el defensor coreano Guesung conectó un cabezazo que Rangel tapó en primera instancia pero que volvió a venir en un segundo remate. Más de un mexicano, en el Centenario y en cualquier sala de Villahermosa, sintió el corazón detenerse. La pelota no entró. El marcador resistió.
México lideró el Grupo A y, si el calendario no cambia, jugará tanto los dieciseisavos como los octavos de final en el Estadio Ciudad de México. De vuelta al Azteca. De regreso al templo. Corea del Sur, que aún puede alcanzar al Tricolor en puntos si derrota a Sudáfrica, no podrá arrebatarle el liderato por diferencia de goles: la clasificación de México está sellada.
El miércoles siguiente llega Chequia. Aguirre ya adelantó su pronóstico en el partido anterior y le atinó. Ahora, con el boleto en la bolsa y la localía garantizada en la capital, la pregunta no es si México pasa, sino en qué condición quiere llegar. Con qué cara se presenta ante su propio estadio.
En Villahermosa, el Centenario comenzó a vaciarse pasada la medianoche. Verde por todas las salidas. La gente salió hablando del gol de Romo, del miedo del final, de la chilena de Álvarez. Y varios, sin saberlo, salieron hablando también de política: de un gobernador que abrió su estadio, de una presidenta que celebró en familia, de un país que durante noventa minutos dejó de discutir para gritar en la misma dirección.
Eso también es fútbol.




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