La decisión del Ayuntamiento de Centro de recuperar los alrededores del mercado José María Pino Suárez no solo despejó calles y banquetas: abrió un nuevo capítulo en la disputa por el espacio público, una de las zonas donde históricamente se miden fuerza política, capacidad de negociación y legitimidad social.
La administración que encabeza Yolanda Osuna Huerta decidió mover una pieza sensible —el ambulantaje— y lo hizo en un contexto crítico: fin de temporada decembrina, saturación vial y tensiones acumuladas con líderes tradicionales del comercio informal.
El enfoque central —y ahí está la lectura política— fue evitar el choque. No hubo uso de fuerza ni imágenes de crisis. Hubo gestión, mesas de diálogo, reubicación y un mensaje: ordenar sin romper la gobernabilidad. Ese equilibrio define la narrativa desde donde se debe leer la estrategia.


MOVILIDAD Y RESPIRO URBANO
El reordenamiento no fue un movimiento improvisado. Desde semanas anteriores, locatarios del Pino Suárez habían advertido que el incremento del ambulantaje ahorcaba ventas, anulaba accesos y convertía las calles Bastar Zozaya y Pino Suárez en embudos permanentes.
“Afectó nuestras ventas y alejó a los comensales”, reconoció Tomás Ovando, de la unión de tablajeros. Esa presión desde adentro terminó siendo clave para legitimarlo.
Por eso la medida tuvo respaldo inmediato de los propios comerciantes formales. Los testimonios son contundentes: banquetas liberadas, tránsito fluido y una recuperación del entorno que no se veía en años.
A decir de Gutenberg Arévalo, líder de uniones del mercado, la acción devolvió confianza a personas con discapacidad y peatones que simplemente no podían transitar.
La decisión fue quirúrgica: primero diálogo, luego retiro voluntario, después ocupación institucional del espacio recuperado con poda, bacheo y pintura. El mensaje operativo: el Ayuntamiento llegó, ordenó y se quedó.










CASA BLANCA: LA OTRA PIEZA
Reubicar a los ambulantes habría sido una apuesta débil sin una alternativa real. Aquí aparece el Mercado Tianguis Villahermosa, en Casa Blanca, donde el municipio habilitó 200 locales con agua, luz, drenaje, baños y vigilancia. La administración buscó darle sentido a la mudanza: no se trataba de desalojar, sino de trasladar.
Y, en otro giro político relevante, los propios locatarios de Casa Blanca pidieron la llegada de los ambulantes. Su argumento fue simple: sin flujo de gente, tampoco había ventas. La llegada de más comerciantes podría revitalizar un espacio que llevaba años subutilizado.
No todo fue terso. Algunos vendedores cuestionaron el estado del mercado —polvo, telarañas, espacios deshabitados— y denunciaron incumplimientos anteriores. Es la parte natural del conflicto: la resistencia que aparece cuando la autoridad recupera espacios que parecían “perdidos”.
Pero incluso en la inconformidad, hubo un dato que el Ayuntamiento supo capitalizar: ningún grupo acusó persecución política, ni responsabilizó directamente a la presidenta municipal. Fue una crítica a operadores de bajo nivel, no al liderazgo. Y eso también habla de manejo político.
ESTRATEGIA INTEGRAL
Lo que se ordenó no fue solo la venta ambulante, sino el corazón de la movilidad urbana de Villahermosa. Se liberaron las calles José María Pino Suárez, Hermanos Bastar Zozaya, Adolfo Ruiz Cortines y Francisco I. Madero. Se limpiaron rutas donde se concentra la mayor parte de la actividad comercial y turística del primer cuadro.
El procedimiento siguió tres líneas claras:
- Recuperación del espacio público.
- Reubicación con servicios y condiciones verificables.
- Diálogo abierto y mesas permanentes.
La administración subraya que no busca expulsar a nadie del comercio, sino ordenarlo sin quebrar el sustento de las familias. Esto, en términos políticos, es clave: ordenar sin perder respaldo social.
EL MOMENTO POLÍTICO
En pleno 2026, con una ciudad en transformación y obras de movilidad en marcha, el Ayuntamiento envía un mensaje: no habrá zonas intocables. La reubicación del primer cuadro no es menor. Es una prueba de fuerza institucional que pocas administraciones se han atrevido a asumir sin crisis.
La apuesta ahora es que el movimiento no se desgaste. La siguiente prueba será el cumplimiento de servicios, rutas y funcionamiento real del mercado de Casa Blanca. Si ese espacio se consolida, el Ayuntamiento habrá logrado resolver uno de los conflictos más complejos del Centro: ordenar el ambulantaje sin romper la ciudad.
Y eso, políticamente, no es poca cosa.


