CDMX.— En el mundo financiero nadie ignora que Pemex vive del crédito. Lo que sí sorprendió en su más reciente reporte a la SEC, en diciembre, es la magnitud y la normalización del modelo: la petrolera pateó hasta por ocho años –sí, hasta 2033– el pago de 29 mil 236 millones de pesos generados durante 2025.
La empresa no solo reconoce el rezago, sino que lo incorporó como método permanente de liquidez. Un mecanismo legalizado desde dentro.
Ese es el dato que marca el análisis: Pemex convirtió sus pasivos comerciales en un instrumento financiero, empujando el costo a proveedores –especialmente del sureste– para conservar flujo operativo y proteger su narrativa de solvencia ante calificadoras y mercados internacionales. En palabras simples: la empresa mantiene luz verde afuera mientras deja números rojos adentro.

La fotografía completa está en el Informe 6-K enviado a la SEC, donde Pemex detalla convenios modificatorios que permiten pagar adeudos de 2025 mediante abonos trimestrales durante ocho años. Ninguna empresa privada podría hacerlo sin consecuencias. La petrolera sí, porque su tamaño y el aval del Estado se lo permiten.
Además, al 30 de septiembre pasado, la deuda comercial ascendió a 517 mil 98 millones de pesos, por encima de los 505 mil 989 millones de finales de 2024. En un año, la empresa agregó 11 mil millones adicionales a su rezago con contratistas. Nadie puede decir que no está documentado: la propia empresa lo admite.
Y aun así, Pemex insiste en que la prioridad es sostener su deuda financiera externa, que ya rebasa los 100 mil millones de dólares, porque es la que vigilan los mercados. En su reporte enfatiza que cualquier degradación por debajo del grado de inversión tendría “consecuencias adversas significativas”.
Es decir, si hay que elegir entre pagar un bono en Nueva York o una factura en Paraíso, ya sabemos a cuál le toca esperar.
DEUDA OCULTA
Aquí es donde el análisis financiero cobra realismo. Una cosa es el documento enviado a la SEC; otra, el mecanismo que lo sostiene y que empresas en Tabasco conocen de memoria. Pemex opera con un ciclo interno de validaciones –técnica, jurídica, contable y tesorería– que no tiene plazos obligatorios. El sistema no rechaza pagos: los inmoviliza.
Las facturas en revisión se clasifican como “cuentas por liquidar certificadas”, “conciliaciones pendientes” o “flujos no liberados”. Técnicamente no son deuda vencida; administrativamente no son prioridad; financieramente funcionan como líneas de crédito involuntarias.
Es el tipo de arquitectura contable que solo puede sostener una empresa del tamaño de Pemex y que Hacienda tolera porque desmontarla impactaría al balance fiscal del gobierno federal.
Lo que ocurre es simple: el rezago no se ve en papel, pero se siente en la economía.
GOLPE AL SURESTE
En Villahermosa, Paraíso, Cunduacán y Comalcalco, el problema se traduce en algo concreto: empresas pequeñas y medianas que financian operaciones de Pemex con su propio capital. De acuerdo con Canacintra Tabasco, al menos 400 empresas locales mantienen facturas sin pago, acumulando más de 1,200 millones de pesos en rezago.
Para muchas, el costo no es solo financiero: hay talleres que operan intermitentemente, personal contratado por proyecto que debe ser suspendido y maquinaria que permanece parada a la espera de recursos.
El rezago se convirtió en una forma de sobrevivencia: si exigen pago, pierden contratos; si guardan silencio, siguen dentro del circuito productivo.
Mientras tanto, la empresa destina miles de millones de dólares a reestructurar su deuda externa y a estabilizar sus bonos. Es la paradoja del sur: Pemex honra a Wall Street; pospone a Tabasco.
IMPAGO NORMALIZADO
En su reporte, Pemex reconoce su capital de trabajo negativo y admite que el flujo operativo es insuficiente para financiar inversiones. Ese reconocimiento es clave: la petrolera depende de las transferencias federales y del crédito para sostener su operación. Lo que no dice en su lenguaje fiscal es que esos créditos incluyen el tiempo de sus proveedores.
El diferimiento no es ya un “fallo administrativo”; es política contable normalizada. El pago a ocho años confirma que la empresa encuentra en el tiempo –no en el dinero– su principal fuente de oxígeno financiero.
El país, por costumbre, lo permitió. Y en Tabasco, donde el petróleo es identidad económica y narrativa pública, el rezago se convirtió en un dato que todos conocen y pocos denuncian. Aun así, es la variable que más afecta la economía local: cada peso congelado en Pemex es un peso que un taller tabasqueño tuvo que pedir prestado.
El discurso oficial sostiene que Pemex está en recuperación. Los números dicen otra cosa: la empresa recupera imagen, no liquidez. La deuda visible se estabiliza; la invisible crece.
Y es justo ahí, en esa diferencia, donde está el verdadero riesgo financiero.
ECONOMÍA LOCAL | IMPACTO EN TABASCO
- 400 empresas con facturas detenidas
- 1,200 mdp en adeudos no liberados
- Ciclo de validación interno sin plazos obligatorios
- Proveedores operando con crédito bancario para sostener nómina
Fuente: Canacintra Tabasco; cámaras y proveedores del sector energético.
RIESGO FINANCIERO
La estabilidad de Pemex descansa en equilibrar dos mundos: el externo, donde necesita mantener calificación y acceso a mercados; y el interno, donde su operación cotidiana depende de retrasar pagos sin asumir consecuencias. Esta dualidad define su presente: solvencia hacia fuera, tensión hacia dentro.
Si la empresa continúa usando su deuda comercial como válvula de liquidez, el impacto seguirá acumulándose en la economía del sureste. No se trata solo de contabilidad: es un riesgo sistémico. Lo que Pemex difiere, Tabasco lo absorbe.


