Adán Augusto dejó la coordinación del Senado sin resistencia ni épica. El relevo ya estaba decidido: perdió interlocución con aliados, arrastró desgaste patrimonial y político y rompió puentes con su propio bloque. De Tabasco a Gobernación y ahora al Senado, repite el patrón: abandona cargos, se aísla y queda fuera de las decisiones centrales.


