En Tabasco, la extorsión dejó de pedir solamente dinero. Quiso entrar por la puerta de servicio, llegar hasta el refrigerador y decidir qué mercancía podía ponerse sobre el mostrador.
La mañana del 21 de abril, la violencia explicó el resto. Un hombre armado entró a una sucursal de Carnicerías El Jarocho, en El Espejo I, Villahermosa, y mató a Giovanni Moisés, de 24 años. Familiares dijeron después que el negocio ya había recibido amenazas, que un trabajador había sufrido un secuestro exprés y que incluso un vehículo de la empresa había sido incendiado.
Trece días más tarde, el 4 de mayo, las balas llegaron a Grijalva Supercarnicerías, en Jalpa de Méndez. Jessica Ávalos, cajera, y un trabajador encargado del corte de carne fueron asesinados. En menos de dos semanas, tres empleados del sector habían muerto dentro de los establecimientos donde trabajaban.
Aquello parecía una historia conocida: cobro de piso, llamadas, amenazas y asesinatos para obligar a pagar. No era exactamente eso.
DENTRO DEL NEGOCIO
La presión criminal pretendía alcanzar desde el proveedor hasta el precio del mostrador.
EL PUNTO: no se trataba únicamente de cobrarle a una carnicería. La investigación describe un intento por decidir qué vendía, quién abastecía y a qué precio.
FUENTE: Fiscalía General del Estado de Tabasco.
El negocio
Cuando la Fiscalía de Tabasco abrió parte de la investigación, apareció un dato que cambió la naturaleza del caso.
El grupo no buscaba únicamente cobrar una cuota. Según la Fiscalía, intentaba obligar a una empresa del sector cárnico a comercializar producto de procedencia ilícita. Reportes posteriores hablaron de carne robada o de contrabando. La presión incluía también la pretensión de imponer mercancía y fijar precios de venta.
El crimen no quería vivir afuera de la carnicería. Quería entrar en ella. Cobrar piso significa parasitar un negocio. Imponer producto significa controlar parte de su operación: proveedor, mercancía, precio y margen. Para conseguirlo, la estructura mezclaba tecnología y violencia.
La Fiscalía informó el 23 de junio que las comunicaciones extorsivas eran generadas desde un número telefónico extranjero adquirido mediante una aplicación web. El objetivo era preservar el anonimato y conducir las pesquisas hacia otro país. El mensaje viajaba por internet. La advertencia se ejecutaba en Tabasco.
DE LA AMENAZA
Cinco meses transformaron amenazas comerciales en una investigación criminal de alcance interestatal.
El primer muerto
Giovanni Moisés, encargado de una sucursal de El Jarocho, fue asesinado en El Espejo I. La empresa había recibido amenazas previas.
FUENTE: FGE Tabasco, Gabinete de Seguridad federal y registros periodísticos.
Los muertos
Durante semanas, el expediente se escribió sobre cuerpos. El asesinato de Giovanni Moisés ocurrió después de advertencias que, según sus familiares, ya habían mostrado que la amenaza era real. El ataque en Jalpa de Méndez llevó el mismo miedo a otra cadena del sector.
El 5 de mayo, el secretario de Gobierno, José Ramiro López Obrador, confirmó que el doble homicidio de Grijalva Supercarnicerías se investigaba como extorsión y descartó la versión inicial de un asalto.

La Canaco Villahermosa reveló algo todavía más inquietante: El Jarocho y Grijalva estaban afiliadas al organismo y los hechos de riesgo habían sido denunciados y comunicados previamente a las autoridades.
Las empresas llegaron a cerrar establecimientos de manera temporal. Detrás de una actividad cotidiana —comprar carne— aparecía una disputa invisible: quién abastecía, quién fijaba condiciones y qué ocurría cuando alguien se negaba.
La llamada
El primer quiebre importante llegó en junio. La Fiscalía informó que había solicitado nueve órdenes de aprehensión en la investigación por extorsión contra una empresa del sector cárnico. La célula utilizaba aquel número extranjero comprado mediante una aplicación. Uno de los presuntos operadores fue localizado fuera de Tabasco. Otros fueron detenidos en el estado.
En agosto, el fiscal Óscar Tonatiuh Vázquez Landeros amplió el mapa: atribuyó la operación a una estructura vinculada con el Cártel Jalisco Nueva Generación y habló de tres empresarios propietarios de 61 carnicerías afectadas. La Fiscalía ofreció un millón de pesos por información que condujera a cada uno de cuatro prófugos.
Entre sus nombres estaban Juvenal García González y Mario Iván Policarpo Valenzuela Díaz. En las fichas y reportes aparecían de otra manera: “El Coreano” y “El Fiera”.

La cacería
Durante seis meses, de acuerdo con el fiscal, policías de investigación y autoridades federales siguieron la estructura. Las comunicaciones digitales que habían servido para esconder a sus autores terminaron formando parte de la ruta para encontrarlos.
El rastro salió de Tabasco y llegó hasta Guadalajara. El 17 de septiembre, fuerzas federales detuvieron ahí a “El Fiera” y “El Coreano”. Ambos contaban con órdenes de aprehensión por extorsión agravada, homicidio y asociación delictuosa.

La operación reunió a la SSPC federal, Defensa, Guardia Nacional, Agencia de Investigación Criminal, Centro Nacional de Inteligencia y autoridades tabasqueñas. El Gabinete de Seguridad dio entonces otra dimensión del caso: atribuyó a la organización comunicaciones extorsivas contra 77 sucursales del sector cárnico.
Las cifras de 61 y 77 no corresponden al mismo corte. La primera fue dada por la Fiscalía en agosto al referirse a tres empresarios; la segunda apareció en septiembre en el reporte federal sobre el universo de sucursales alcanzadas por las comunicaciones investigadas. Con las dos capturas, el Gobierno federal informó que ocho presuntos integrantes de la organización habían sido detenidos.
- La mafia que quiso decidir qué carne se vendía en Tabasco

- ¿Te llegó una foto de una sola vez en WhatsApp? Así intentan extorsionarte

- Comercio exterior acerca a universitarios de Tabasco a los mercados globales

El mostrador
El 19 de septiembre, Vázquez Landeros confirmó que la historia no había terminado. “Seguimos trabajando”, respondió cuando le preguntaron si faltaban más personas por capturar. Hay una razón para no cerrar todavía el expediente.
La trama que comenzó como una sucesión de amenazas contra carnicerías terminó revelando algo más ambicioso que el cobro de piso tradicional: una organización que, según las investigaciones, buscaba intervenir la cadena comercial por medio de la violencia.
Primero llegaron los mensajes. Después ardió un vehículo. Hubo un secuestro exprés. Luego tres trabajadores fueron asesinados. Más tarde se conoció lo que había detrás: un número extranjero, plataformas digitales, producto presuntamente ilícito, imposición de mercancías, precios y una red que podía operar desde fuera del estado.
El último tramo llevó a los agentes hasta Guadalajara. Pero el dato más perturbador del expediente no está en Jalisco ni en los alias de los detenidos. Está en algo mucho más cotidiano. Durante meses, una organización criminal intentó decidir qué podía venderse detrás del mostrador de una carnicería de Tabasco.
¡Mantente informado en WhatsApp!
Recibe las noticias más importantes de Tabasco y México directamente en tu celular.



