TEGUCIGALPA.— La noche electoral de Honduras dejó un mensaje comprensible incluso antes de que la autoridad electoral hablara: la izquierda perdió poder en un país exhausto por la polarización, golpeado por el narcotráfico y empujado desde fuera por actores que no deberían influir, pero que influyen.
Con apenas 34 por ciento de actas escrutadas, el derechista Nasry “Tito” Asfura se colocó primero con 40.6 por ciento, seguido muy de cerca por el centrista y mediático Salvador Nasralla (38.7 por ciento). Muy atrás, en un distante tercer lugar, quedó la candidata oficialista, Rixi Moncada, con 19.6 por ciento, una caída que marca el desgaste del proyecto de Libertad y Refundación (Libre).
La jornada había transcurrido con participación alta y sin incidentes graves, pero lo que vino después sí tensó al país: el Consejo Nacional Electoral (CNE) demoró casi dos horas la difusión de su primer boletín.
En un país con memoria reciente de crisis postelectorales —golpes, protestas masivas, acusaciones de fraude— el tiempo vacío siempre es un campo minado. Los simpatizantes de Asfura celebraron antes de que hubiera resultados; los de Nasralla también. En la sede del oficialismo, en cambio, predominó el desconcierto. No es para menos: Libre, que triunfó con Xiomara Castro hace cuatro años, enfrenta hoy un retroceso que exhibe tanto su desgaste interno como la fractura del campo progresista en la región.
Lo más explosivo, sin embargo, no salió del CNE, sino de Washington. A días de la votación, Donald Trump decidió intervenir en la elección hondureña de manera abierta, explícita y políticamente disruptiva. Respaldó a Asfura y advirtió que recortaría la ayuda estadounidense si no ganaba “Tito”.
Para Trump, el derechista es “el único amigo de la libertad”, mientras que Nasralla y Moncada —según dijo— llevarían a Honduras “por el camino de Venezuela”. Nadie recuerda una declaración tan injerencista hacia un país centroamericano en plena jornada electoral. Pero ocurrió. Y no fue la única.
SEGURIDAD Y NARCOTRÁFICO: UN FANTASMA QUE REGRESA
El mensaje más polémico de Trump llegó cuando defendió el posible indulto al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos a 45 años por narcotráfico y armas. Afirmó que el caso tenía motivaciones “políticas” y que el pueblo hondureño creía que le tendieron “una trampa”.
Desde el Air Force One aseguró que analizó los hechos y coincidía con esa versión. La lectura fue rechazada de inmediato por el presidente colombiano Gustavo Petro, quien calificó de “desmoralizante” indultar a un narcotraficante cuando su país destruye “nueve laboratorios por día”.
La escena dejó a Honduras en un terreno incómodo: mientras votaba para elegir a su próximo presidente, Estados Unidos reabría una herida sobre su pasado inmediato de captura institucional por las redes criminales.
La candidata oficialista Rixi Moncada, exministra y figura clave del proyecto de Libre, llamó a esperar el conteo total antes de fijar postura, agradeció el voto masivo y pidió mantenerse “en pie de lucha”.
Pero los números la dejaron en una posición políticamente insalvable: un tercer lugar que no solo implica derrota, sino retroceso ideológico para una izquierda que no logró consolidar gobierno ni narrativa, pese a su victoria histórica en 2021.
El Gobierno estadounidense, por su parte, optó por un tono aséptico: dijo seguir “de cerca” la participación e instó a permitir que la misión de la OEA realizara su labor. Una frase diplomática que, en el clima de injerencias cruzadas, suena insuficiente. La presión ya estaba hecha.


COMPETENCIA FEROZ Y UN PAÍS EN BISAGRA
Asfura, exalcalde de Tegucigalpa, de 67 años, se mostró como pragmático y gestor de infraestructura urbana. Nasralla, comentarista deportivo de 72 años, volvió a presentarse como outsider aunque ha sido candidato varias veces e incluso aliado de Xiomara Castro.
Su bandera: la lucha contra la corrupción, un mensaje que encuentra resonancia en un país donde la política tradicional se percibe como agotada. La diferencia entre ambos es de apenas 23 mil votos, y aunque la autoridad electoral tiene hasta 30 días para declarar resultados oficiales, el margen deja abierta la puerta a una contienda larga, llena de presiones y negociaciones.
Honduras también eligió diputados, alcaldes y vicealcaldes, con más de 4 mil observadores nacionales e internacionales en el terreno. La estructura institucional funciona, pero es frágil. La historia reciente demuestra que en Honduras la política no siempre termina en las urnas, sino en la calle, en los tribunales o en los comunicados de Washington.
En la sede del Partido Nacional, la celebración comenzó antes incluso de la confirmación oficial. En la de Libre, la resistencia discursiva. En la de Nasralla, la expectativa. Lo que suceda en las próximas semanas no solo definirá al próximo presidente, sino el rumbo geopolítico del país más estratégico del istmo: un territorio donde convergen migración, crimen organizado y disputas entre potencias.
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TABLERO REGIONAL
Si algo dejó claro esta elección es que Centroamérica se ha convertido en un nuevo campo de disputa simbólica y política. Con Guatemala en transición, El Salvador bajo un modelo autoritario popular y Nicaragua sumida en control absoluto, Honduras aparece como espacio donde las alianzas y presiones externas adquieren un peso inusual.
Que Trump haya decidido influir tan directamente dice más de Estados Unidos que de Honduras: revela la intención de moldear gobiernos amigos en un contexto hemisférico donde la derecha dura gana terreno. Para la región, lo que está en juego no es solo un cambio de signo político, sino la capacidad de los países de sostener su soberanía democrática frente a presiones que ya no se esconden.
CLAVES GEOPOLÍTICAS | INFLUENCIAS EXTERNAS
- Trump respaldó públicamente a Asfura y amenazó con recortar ayuda.
- Defendió un eventual indulto al expresidente Hernández.
- EE.UU. pidió respetar misión de la OEA pero evitó condenar la injerencia.
- Petro criticó duramente el mensaje de Trump por “desmoralizante”. Fuente: Declaraciones oficiales y medios internacionales.



