PARAÍSO.— El ostión ya no es promesa. Es producto. En la Laguna de Mecoacán, frente a productores y con ejemplares en mano, el gobernador Javier May Rodríguez mostró lo que en otros años apenas se anunciaba: una cosecha cercana al millón de ostiones, lista para entrar al mercado local en cuestión de días.
No es menor. En un estado donde el consumo depende todavía de lo que llega de fuera, producir desde casa empieza a cambiar la lógica.
Los ejemplares, de hasta 10 centímetros en seis meses, son resultado directo del programa Pescando Vida, que articula a 400 pescadores en zonas costeras como Paraíso y Cárdenas. No es solo volumen: es calidad y velocidad de crecimiento, dos variables que históricamente han limitado la acuacultura local.
Las mojarras y ostiones de #PescandoVida, estarán en la mesa de las familias tabasqueñas esta Semana Santa. pic.twitter.com/X2sGSjXTIN
— JAVIER MAY (@TabascoJavier) March 22, 2026
De política social a cadena productiva
El mensaje del gobernador no fue solo de promoción. Fue de orientación económica: consumir local es sostener ingreso directo en comunidades que, durante años, quedaron fuera de cualquier esquema productivo estable.
El programa deja de ser únicamente un apoyo y empieza a comportarse como una cadena: producción, distribución y venta en puntos habilitados en Villahermosa y cabeceras municipales.
Ahí está el cambio de fondo. No es la cosecha, es la posibilidad de colocarla sin intermediarios que diluyan el ingreso del productor.


Mojarra: volumen que presiona el mercado
El dato más contundente viene por otro frente. El subsecretario Guillermo Priego León confirmó que se proyecta una cosecha superior a 3 mil toneladas de mojarra en los primeros meses del año, con más de 3 mil 100 toneladas en crecimiento. El salto es evidente si se compara con las 500 toneladas de 2025.
El momento no es casual. La producción se alinea con la temporada de Cuaresma y Semana Santa, cuando el consumo de pescado en Tabasco supera las 12 mil toneladas anuales. La apuesta es clara: sustituir producto externo por producción local.
El programa busca algo más ambicioso: que Tabasco produzca lo que consume. Pero la meta enfrenta una tensión evidente. La demanda sigue siendo mayor que la oferta, y la capacidad de comercialización será la verdadera prueba.
El crecimiento de la producción —ostión y tilapia— ya no es el problema. El reto es sostener precios, asegurar distribución y evitar que el mercado termine absorbiendo el esfuerzo sin beneficiar realmente al productor.
Por ahora, el primer millón de ostiones no es solo una cifra. Es el primer intento serio de que el consumo en Tabasco deje de depender de lo que viene de fuera.
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